Eusebio Blasco

Literato español. Nacido en Zaragoza en 1844 y m. en Madrid en 1903. Su gran afición al teatro le hizo abandonar la carrera de arquitecto para dedicarse a escribir una obra en tres actos, Vidas ajenas (1862), que fue estrenada con gran éxito en su ciudad natal.

Muy joven se trasladó a Madrid, logrando abrirse paso rápida­mente gracias a su peregrino ingenio, fran­co carácter y asombrosa laboriosidad. Fi­guró en las redacciones de La Discusión y del Gil Blas, pero por tomar parte en los sucesos de 1866 hubo de emigrar al extran­jero.

Volvió a España al triunfar la revo­lución de septiembre de 1868, pasando a desempeñar la secretaría particular del Mi­nisterio de la Gobernación. Más tarde mar­chó a París, donde permaneció varios años como redactor de Le Fígaro. De regreso a la patria colaboró en distintos periódicos y revistas, ejerciendo a la vez algunos des­tinos políticos.

Fue Blasco inspirado poeta y amenísimo escritor y dio al teatro infi­nidad de obras originales y traducidas. La creación en España del teatro denominado «bufo», corresponde en derecho a Blasco, siendo su obra El joven Telémaco la pri­mera zarzuela bufa representada en nues­tro país. Entre sus escritos destacan El bai­le de la condesa, El pañuelo blanco, El an­zuelo, La mujer de Ulises, Cabeza de chor­lito, Ni tanto ni tan poco, Levantar muertos (en colaboración con Ramos Carrión), Los dulces de la boda, Buena, bonita y barata, Moros en la costa, Juan García, A Roma por todo…

Sus mejores poesías figuran en Soledades (1876) y en Poesías festivas (1880). A fines de 1897 leyó en Madrid su famoso Discurso baturro y al año siguiente fundó el semanario Vida Nueva. Después de su muerte fueron publicadas sus Obras com­pletas.

José María Blanco White

(José María Blanco y Crespo). Escritor español. Nació en Sevilla en 1775, m. en Liverpool en 1841. De origen irlandés por línea paterna, de familia devota, se ordenó de sacerdote y ob­tuvo la canongía magistral de Cádiz (1801).

Amigo de Quintana, intervino en la redac­ción del Semanario patriótico. Ante la in­vasión de Andalucía por los franceses, Blanco embarcó para Inglaterra. Allí frecuentó la Universidad de Oxford y abrazó la religión anglicana. También publicó una revista, El Español (1810-1814), que defendió a los pa­triotas que en Caracas y en Buenos Aires se habían alzado contra la metrópoli.

Más tar­de el gobierno de Canning le señaló una pensión de 200 libras anuales. Escribió en inglés sus Cartas de España (1822, v.), fir­madas con el seudónimo de «Don Leocadio Doblado», excelente cuadro de la vida sevi­llana a finales del siglo XVIII. Compuso poe­sías (La voluntariedad y el deseo resigna­do, Una tormenta nocturna en alta mar, El triunfo de la beneficencia, etc.) en las que se muestra mejor poeta que casi todos sus contemporáneos. En inglés escribió un so­neto perfecto: Mysterious night…

Rufino Blanco Fombona

Escritor y político venezolano nació en Caracas en 1874. m. en Buenos Aires en 1944. Nieto de uno de los fundadores de la Academia Venezola­na de la Lengua, liberal y rebelde, ambicio­so y violento, ansioso de afirmar la presencia de Hispanoamérica e inquieto, como Rubén Darío, ante los procedimientos del imperia­lismo yanqui, Blanco Fombona es uno de los represen­tantes de la joven América que busca en Europa la amistad, la comprensión y el reconocimiento de su personalidad.

Gober­nador del Territorio Amazonas en su juven­tud, conoció después la cárcel y el destie­rro; enemigo implacable de la dictadura de Juan Vicente Gómez, lo combatió de ma­nera constante con su pluma, desde Francia y desde España, donde pasó muchos años; fundó la Editorial América y fue goberna­dor de Navarra en la etapa del gobierno Lerroux (1934).

Después de la muerte del dictador Gómez (1935), representó a su país en Uruguay y gobernó el estado de Miran­da. Como poeta, es uno de los paladines americanos del modernismo (v. Poesías). Como novelista, su personalidad literaria está- seriamente afectada por la pasión política (v. El hombre de hierro y El hombre de oro); otros títulos de su prosa narra­tiva, inseparables de su pensamiento político, son: Cuentos Americanos (1904), Judas Capitolino (1912), Dramas mínimos (1920) La mitra en la mano (1931) y El secreto de la felicidad (1935).

En sus cuentos y nove­las se advierte la influencia de Maupassant y de Balzac principalmente. Su obra de en­sayista y crítico está plasmada en trabajos como Letras y letrados de Hispanoamérica (1908), Grandes escritores de América, Fi­nuras y figurones, El conquistador español del siglo XVI, Bolívar y la guerra a muer­te y otros.

En sus trabajos autobiográficos especialmente en Camino de imperfección (1933), se refleja brillantemente la persona­lidad de nuestro autor, hombre no exento de vanidad y fustigador implacable de mu­chos defectos, vicios y pasiones a los que él mismo no era siempre ajeno.

J. Sapiña

Francisco Blanco García

Historiador de la literatura española. Nació en Astorga en 1864, m. en el Perú en 1903. En 1880 entró en la Orden de los agustinos. Estuvo en el convento de El Escorial y más tarde en Sudamérica. Se le debe Fray Luis de León: estudio biográfico crítico y, sobre todo, La literatura española en el siglo XIX (3 to­mos, 1891-93); es una obra esencial para el estudio literario de la época, aunque mu­chos de sus juicios ya no son válidos; in­cluye las literaturas en lengua catalana y gallega.

Clarín la atacó por considerarla parcial. Otras obras de menor importancia son Sor Juana Inés de la Cruz, Santa Te­resa, San Agustín y su época, etc.

Eloy Blanco

Poeta y político venezo­lano nació en Cumaná en 1897 y m. en México, en el destierro, en 1955, a consecuencia de un accidente de automóvil.

Doctor en cien­cias políticas y sociales, no se dedicó acti­vamente al ejercicio de su profesión de abogado: las letras y la política absorbieron toda su inquietud. Su rebeldía frente a la dictadura de Juan Vicente Gómez le valió la cárcel, el confinamiento en una aldea de los Andes y el destierro.

Figuró después como diputado de la oposición, y junto con Betancourt y Gallegos en la revolución de octubre (1945). Presidente de la Asam­blea Constituyente y después ministro de Relaciones Exteriores (1948); derribado poco después el régimen democrático por un pro­nunciamiento militar, Blanco se refugió en Mé­xico. Fue esencialmente poeta y orador.

Entre sus discursos, se recuerda especial­mente el que pronunció en el Panteón Na­cional de Caracas el 14 de febrero de 1946, con motivo del traslado de los restos del poeta Juan Antonio Pérez Bonalde, acerca de la poesía venezolana. Como poeta, arran­ca del modernismo para atravesar las fra­gosidades de diversos ismos posteriores y llegar al lirismo de raíz folklórica (v. Poe­sías).

Fue premiado en el Concurso Hispa­noamericano de Poesía convocado por la Real Academia de la Lengua (Madrid) por su poema Canto a España (1923). Durante su destierro en México, escribió una sentida elegía a la muerte de su madre, titulada A un año de tu luz.

Intentó el teatro (Abi­gail), cultivó la prosa en Vargas, albacea de la angustia y Navegación de altura, y pu­blicó en la prensa periódica gran número de artículos políticos y de crítica literaria. El mundo de color siente una especial vene­ración por el poeta de Píntame angelitos negros.

J. Sapiña