Meliadus, Rusticiano da Pisa

Amplia recopilación de na­rraciones bretonas, en dialecto francovéneto, de la que es autor Rusticiano da Pisa (siglo XIII). La leyenda de Tristán (v.), difun­dida en Francia en el siglo XII por los poemas de Béroul y de Thomas (v. Tristán e Isolda) y refundida en el siglo XIII en las novelas en prosa, y las leyendas refe­rentes a Lanzarote (v.) y a los caballe­ros del Graal (v. Historia del Graal), que pasaron los Alpes y se difundieron también por Italia, ofrecen materia a Rusticiano o Rustichello da Pisa, junto con otras no­velas de tema bretón, para una amplia recopilación conocida bajo el nombre de Meliadus, que constituye una de las ma­yores fuentes para la difusión de las le­yendas bretonas entre los italianos. Las aventuras del rey Artús (v.) y de sus ca­balleros, delicia de las castellanas, consti­tuyeron también el tema predilecto del pueblo que las escuchaba de labios de los juglares, y las veía, representadas en már­mol, en los monumentos del arte románico. Meliadus es el padre de Tristán, valeroso caballero que se distingue en torneos, gue­rras, empresas de todas clases, y de él toma el nombre toda la recopilación, aun­que no ocupan papel menos importante Tristán, Galván (v.), Artús y numerosos personajes conocidos a través de los relatos del ciclo artúrico.

C. Cremonesi

Meditaciones Sudamericanas, Hermann Keyserling

[Sudamerikanische Meditationen]. Ensayos filosóficos e históricos del escritor alemán conde Hermann Keyserling (1880-1946), pu­blicados en Darmstadt en 1932. Keyserling resume aquí sus principales ideas de filo­sofía de la historia, tomando como punto de partida un viaje a América del Sur, re­gión que, según él, parece aproximarle lo más posible a los momentos de la creación divina. A través de una serie de observa­ciones sobre la raza, el destino, la muerte y la tristeza de los países sudamericanos, el autor reemprende el punto de vista ya des­arrollado en el Diario de viaje de un filó­sofo (v.). Estudia en primer lugar la tierra, sus lazos con el hombre y sus manifestacio­nes sensibles, para llegar a la lucha y el triunfo del espíritu.

Del conflicto entre el «espíritu-yo» y la parte sensible y terres­tre del hombre — «no yo» — nace la sen­sibilidad (Empfindung), capaz de remontar las contradicciones entre el pensamiento y la acción, entre el ser y el devenir, para dirigirse al pensamiento puro que puede penetrar el «sentido» de las cosas y do­minarlas. En este proceso, cuyos momentos están constituidos por el amor, se revela al hombre una finalidad ultraterrena, por la que él no tiene necesidad de luchar, ciertamente, pues puede acceder a ella por la sumisión pasiva a la realidad presente. Se trazan así los destinos de los pueblos que aprovechan a la humanidad por ente­ro, es decir, sin que ellos mismos determi­nen su porvenir, pero sufriendo las deter­minaciones de algunos pueblos-guías que asumen la dirección de los otros. Esta obra, una de las últimas de Keyserling, ofrece una exposición más clara y sistemática de ciertas ideas directrices de su filosofía, he­redada de Spengler, acentuando además la importancia concedida al espíritu. Pero, del mismo modo que en las interpretaciones de la historia de Spengler, la filosofía de Key­serling, que quería restaurar el prestigio de la sabiduría y de la contemplación de la realidad para dominar el porvenir, no desemboca sino en una muy discutible con­cepción del destino, sin llegar, sin embar­go, a explicar su génesis. La obra, que tuvo bastante éxito, fue traducida a varias len­guas. Tal favor se explica por la riqueza de las observaciones y por cierta simplici­dad en la exposición filosófica, conducida bajo la forma de notas ordenadas al azar de las circunstancias.

Meditaciones sobre la Naturaleza Primitiva del Hombre

[Rêveries sur la nature primitive de l’homme]. Obra de Étienne Pivert de Sénancour (1770- 1846), publicada en 1799, poco menos que olvidada por los contemporáneos y consi­derada por los posteriores por sus refe­rencias a una novela del mismo autor, Obermann (v.). Dentro de una sensibili­dad impregnada de tristeza, las ideas sobre la naturaleza de Rousseau y de Bernardin de Saint-Pierre se filtran en descripciones e impresiones de distinto género, de lo cual resulta una melancolía inspirada por la vida nómada y pastoril, la contemplación de paisajes montañosos, la búsqueda de la soledad. La sociedad es sentida como ex­traña al verdadero destino del hombre; y aún en el éxtasis de una naturaleza que proporciona paz y alivio, hasta cuando el espíritu desengañado se cierra a toda espe­ranza, surge la utopía de una regeneración del mundo gracias a una nueva ordenación. En esta idea de una filantropía universal, inspirada en una concepción vaga y no po­cas veces paradójica, reside el significado de la obra. El mundo de Atala (v.) y de René (v.) de Chateaubriand eclipsó las con­cepciones que Sénancour expone en este libro y en Obermann; sólo la generación de las batallas románticas debía encontrar en tal idealización de la naturaleza un acento capaz en cierto modo de justificar la inercia tantas veces característica de las nuevas composiciones literarias.

C. Cordié

Medoro, Giovanni Delfino

Tragedia en cinco actos del cardenal veneciano Giovanni Delfino (m. en 1699), representada en Venecia en 1630. Sigue fielmente, en su desarrollo, los dos episodios de Cloridano (v.) y Medoro (v.) y de Angélica (v.) y Medoro (v. Orlando furioso). Cloridano acompaña a su amigo Medoro en la búsqueda del cadáver de su señor Dardinello para darle sepultura. En un bosque Medoro es atacado y Cloridano, para defender a su amigo, cae muerto. Lle­ga Angélica, y atraída por la belleza de Medoro, que yace mortalmente herido, le cura con sus mágicas hierbas; pero aunque dominada por el amor, decide morir «pria che con brame impure, renda vile il mió nome» [«antes de, con impuros anhelos, envilecer mi nombre»]. Cuando Erene re­vela a Medoro que es hijo de Arbace, rey de China, que se llama Tirítades, y que quien ha tratado de matarlo es el traidor Artabán que se ha apoderado del trono, Angélica, que sin ser vista, ha asistido al diálogo, anuncia a Medoro que Artabán ha sido asesinado por el pueblo furioso que espera ahora la vuelta de Tirítades. Me­doro le jura eterna fe, y la tragedia ter­mina con un coro de pastorcillas que ce­lebran el amor, tanto más grande cuanto «viene dopo feroci pene» [«viene después de feroces penas»]. La tragedia es retórica y artificiosa, carece de invención y de mé­ritos; pertenece al grupo de las «tragedias apasionadas» sin disfraces y sin intriga, ba­sadas en una sencilla historia de amor que, a mediados del siglo XVII se oponían a las tragedias llamadas «complejas» o de enredo, donde se producían grandes transformaciones en el estado de los personajes y el interés estaba dado por las inespera­das situaciones escénicas.

A. P. Marchesini

Meditaciones Históricas, Cesare Balbo

[Meditazioni storiche ]. Obra filosófica de Cesare Balbo (1789-1853), publicada en 1842-1845 y, póstuma, con adiciones, en 1854. El au­tor pone en la investigación histórica la razón principal de su actividad de erudito. No es cosa corriente en los italianos, afir­ma Balbo, escribir meditaciones sobre la historia; con todo, parece necesario dete­nerse en observaciones y «filosofías his­tóricas» en nada contrarias al carácter italiano, y Maquiavelo y Vico por sus argu­mentaciones pueden perfectamente compa­rarse con Bossuet, «que fue el primer gran­de entre los meditadores de historia ex­tranjeros». En el siglo XIX, escritores no­tables como Romagnosi, Manzoni, Rosmini, Cantü, Gioberti y Vidua procuraron inves­tigar las razones que presiden la historia.

El propio Balbo, al redactar las investiga­ciones para su Sumario de la Historia de Italia (v.), había comprendido la necesidad de coordinarla bajo auténticas meditaciones. Precisamente partiendo de Italia, eje de la historia antigua y moderna por ser la sede del Catolicismo, Balbo cree poder llevar a cabo su investigación metodológica sobre la historia y escribir con diversas reflexio­nes el deseado libro. Interesan, junto con el prefacio ideológico, sus primeras medi­taciones sobre la contemplación de la Pro­videncia en la historia, sobre la historia de la Creación y sobre el destino de los hom­bres, y las últimas sobre las condiciones presentes y probables de la religión y de la civilización. El autor parte de una idea que se propone elevar a una concepción religiosa. El Cristianismo es entendido por él como una luz que irradia por los siglos, y da una razón a los acontecimientos. En la lucha entre la tiranía y la libertad, la fe muestra su fuerza, por cuanto la historia humana es guiada por una realidad divina que está fuera del mundo y lo ilumina. Otras reflexiones sobre temas históricos parten de la historia antediluviana, y de edad en edad llegan hasta el mundo con­temporáneo. La obra de Balbo debe considerarse como un interesante documento de la producción de la época y del pensa­miento moral del autor, más que como una obra fundamental de la metodología his­tórica en la época moderna.

C. Cordié