[Mémoires de monsieur Joseph Prudhomme]. Novela satírica de Henri-Bonaventure Monnier (1805-1877), publicada en Paris en 1857. La figura de Prudhomme aparece ya en las Escenas populares [Scènes populaires dessinées a la plume, 1830], que representan la primera tentativa de Monnier de hacer pasar su espíritu satírico y caricaturesco del campo del dibujo al de la literatura; le procura los primeros aplausos teatrales en la Familia improvisada [La famille improvisée], cuando se presenta como autor y actor al mismo tiempo, en 1831; y enlaza con su mayor triunfo en Grandeza y decadencia del señor Prudhomme [Grandeur et décadence de M. Joseph Prudhomme], comedia escrita en colaboración con Gustave Vaez, en 1853. La figura se ha convertido ya en legendaria.
M. Prudhomme es el tipo cordial y magnífico del tonto satisfecho de sí mismo, de la nulidad presuntuosa que dispara con autorizada e imperturbable solemnidad su vasto repertorio de tópicos, de sentencias plúmbeas y de discursos vacíos y ridículos. A esta caricatura de su fantasía, la única de su extenso repertorio destinada a sobrevivir, el autor prodiga, en esta voluminosa novela, todo su cuidado, acompañándola a través de las vicisitudes más diversas, desde el nacimiento a la vejez, en una autobiografía completa. Nacido en vísperas de la Revolución francesa de una familia ligada por varios vínculos a los servicios más humildes de la Corte, Prudhomme fue educado para heredar la honrosa profesión paterna de maestro de caligrafía, pero pronto pasó a ejercer el arte de vender sombreros en la tienda de su tío. Presa de la pasión del teatro, dio a la luz una tragedia que le fue devuelta con la benévola exhortación de volver a sus sombreros; más tarde ensayó la vida de pintor y la de empleado. Enriquecido con la muerte de su tío, se casó con una poética muchacha que empezó a traicionarle en el viaje de bodas; para complacerla, se hizo agente de cambio, director de teatro y director de periódico, conociendo a gran cantidad de personajes ilustres; hasta que, arruinado por su yerno, se retiró al campo a escribir sus memorias, que darán su fiel retrato a quienes sólo conocieron su caricatura maliciosa.
Pero no sonrían demasiado los franceses — añade el autor, por boca de su personaje, llevando a cabo la pequeña venganza del artista contra la sociedad burguesa—, no presuman de ser hijos de Voltaire: todos ellos son hijos de Prudhomme, del «burgués» que reina triunfalmente en el siglo en que la aristocracia ha muerto y el pueblo no ha nacido todavía.
E. C. Valla
