[Il mistero del poeta]. Es, cronológicamente, la tercera novela de Antonio Fogazzaro (1842-1911). Apareció en la «Nuova Antología» del 1.° de enero al 16 de abril de 1888, y, el mismo año, en un volumen. Siendo la primera obra de Fogazzaro que se tradujo al francés, cimentó la celebridad mundial de su autor. Se trata de una larguísima, casi epistolar, confidencia del protagonista a una señora amiga suya.
El Poeta, un italiano ardiente, habla, en primera persona, de la pasión que siente por la hija de un pintor inglés, Violet Yves (v.), a la que encontró en Lanzo d’Intelvi, y que lo rehúye precipitadamente apenas se da cuenta de su amor por ella. Estaba prometida a un profesor del instituto de Eichstätt, pequeña ciudad perdida en el Jura de Franconia, y temía faltar a su palabra, a pesar de haberla dado sólo por piedad. El Poeta encontró a la fugitiva en alemania, y en Eichstätt el argumento llega a su vértice dramático con la confesión de un primer amor pecaminoso que la protagonista, enamorada ahora del Poeta, hace a éste, y con una cita nocturna que el prometido pide a su rival con el único fin de recomendarle la conveniencia de evitar toda conmoción violenta a la muchacha amada por ambos, porque dado su delicado natural, y existiendo ciertos precedentes de predisposición familiar, la emoción podría matarla.
Durante un viaje por el Rin, Violet encuentra al hombre de su primer amor, que viene en su busca, en una reviviscencia de pasión celosa, y precisamente este primer amor provoca una de aquellas conmociones que el profesor de Eichstätt trataba de evitar: Violet morirá apenas comenzado el viaje de bodas, después de haber asistido, en el tren, a un coloquio violento entre el marido y su antiguo adorador. El misterio del Poeta es la novela de la pasión italiana y de la nostalgia exótica. «No creo — ha dicho G. A. Cesáreo — que nuestra literatura, después del poema lírico de Petrarca, posea un libro de amor tan desnudo, vibrante, doloroso y humano». Este libro iniciaba, a partir de 1888, la inserción de la novela italiana en el europeísmo, aun siendo un delicioso espejo de vida provinciana. El aura radiante que lo envuelve y en la que lo real parece des- eorporeizarse, ha hecho pensar en la Vida Nueva (v.) de Dante, y en el Enrique de Ofterdingen (v.) de Novalis.
La crítica de su tiempo señalaba el paralelo con el Sueño (v.) de Émile Zola, cuya protagonista muere también el día de su boda. Entre las novelas aparecidas después, puede parangonarse con el Ermanno Reali (v.) de Federico de Roberto, y con Todos los hombres son enemigos, de Richard Aldington, al menos por las páginas dedicadas al vagabundeo, y a las ansiosas pesquisas de Antony Claredon. Es notable, en El misterio del Poeta, la intercalación de poesías líricas atribuidas al protagonista.
P. Nardi
