[Contes et Nouvelles]. Narraciones en verso de Jean de La Fontaine (1612-1695). Cuatro partes fueron publicadas en los años 1665, 1666, 1671 y 1675 respectivamente; otras narraciones, aparecidas después en diversas fechas, constituyen una quinta parte.
Tristemente famosos por su inmoralidad, han sido rehabilitados por la crítica moderna, que encuentra en ellos algunas de las virtudes de las Fábulas (v.). El tema, procedente de Boccaccio, de Ariosto, de Rabelais, de Margarita de Navarra,, etc., es a menudo procaz, y el autor lo revela o encubre con abierta complacencia, con frío juego licencioso, sin la franca y sana libertad de los viejos autores; pero la condena no puede hacerse extensiva a todas las narraciones.
Las dos primeras partes tienen casi siempre un sabor de obra de arte, de vena poética, y La Fontaine, ya antes que en las Fábulas, se revela en ellas como un artista personalísimo, especialmente en «Giocondo» (del canto XXVIII del Orlando Furioso) y en la «Prometida del rey del Garbo» (del Decamerón, II, 7), que tienen una fina malicia y acusan su fuerza de narrador, en su metro variado.
En la tercera, son notables dos narraciones procedentes del Orlando Furioso (v.), por su elemento maravilloso, «La copa mágica», «El perrito», «El halcón» del cuento de Boccaccio sobre Federigo degli Alberighi, aunque inferior al modelo, y la hermosa «Cortesana enamorada» (derivada de Gerolamo Brusoni), que es ya la cortesana redimida por el amor. La cuarta parte, más gravemente licenciosa (una de las fuentes es ahora Aretino), fue prohibida. Entre las últimas narraciones hay «La matrona de Éfeso», derivada del Satiricón (v.), y «Belphegor», del Belfagor (v.) de Maquiavelo.
La opinión moral pesó durante muchísimo tiempo sobre los Contes, y los confundió con la literatura libertina o pornográfica, copiosísima en el siglo XVIII francés, y a menudo los creyó una mala imitación de ésta. Ciertamente que la inmoralidad perjudicó mucho el arte de La Fontaine, que se envilece con aquella obscenidad monótona y cerebral. Pero la calidad del narrador, el tono agudo, fino y ligero en el que se advierte la voz del poeta y del hombre — parecida a la de las Fábulas — salvan muchas de estas narraciones.
La comparación con los grandes modelos italianos muestra la diferencia entre el genio poético de los distintos autores, e incluso de las dos naciones. Porque La Fontaine no es nunca un simple traductor. Y si los contemporáneos apreciaron mucho los Contes, mucho los apreciaba su autor, al que tanto costó tener que ‘repudiarlos por deber de cristiano al final de su vida. V. Lugli
Admirable en su género, aunque descuidado y desigual… En los Cuentos imitados del Ariosto no alcanza la elegancia y la pureza de éste, no es un narrador de su talla… Pero en los que proceden de Boccaccio, La Fontaine lo supera porque tiene mucha más agudeza, más gracia y finura. (Voltaire)
¡Qué versos, qué gracia y qué estilo! No hay en todo Lamartine un solo rasgo humano comparable al de Constanza, que besa los pies de su amante: he aquí corazón y poesía; todas las sutilezas son empleadas por los que no poseen ni una cosa ni otra. (Flaubert)
Un mal libro, que hay que conservar bajo llave en las bibliotecas. (Brunetiére)
Las palabras eran para él formas vivas, manejables, ricas de color, y el verso el desarrollo armonioso de una ondulación rítmica. (Lanson)
Desprecio el «bonhomme»: lo que veo en él es un poeta completo con algo de definitivo e imperceptible, una especie de enviado de la Poesía sobre la tierra, y mucho más divino y mucho más poderoso que cualquier otro. Para mí, lo que nació en Cháteau Thierry el 8 de julio de 1621 fue un nacimiento de poesía. (Fargue)
