[Nathan der Weise]. Es la última y la mejor de las obras poéticas de Gotthold Ephraim Lessing (1729- 1781), que por primera vez usa en este drama en cinco actos el pentámetro yámbico o endecasílabo, metro que, después de Lessing, debía convertirse en el verso definitivo de la tragedia clásica, usado en casi todos sus dramas por Goethe y Schiller.
Envuelto en una seria polémica religiosa entre los sostenedores del deísmo inglés y los defensores de la tradición teológica (v. Anti Goeze), entre la interior y libre experiencia religiosa y el nuevo dogmatismo doctrinal en que se había petrificado el espíritu de la Reforma, Lessing, impedido por la censura de proseguir la polémica comenzada, decidió continuar el debate desde otra tribuna y, como poeta, lo llevó a la escena. El Nathan, concebido el 11 de agosto — con este espíritu — sobre el esquema de un antiguo esbozo, fue comenzado el 12 de noviembre de 1778 y terminado en marzo de 1779. Su tema principal es la predicación de la tolerancia religiosa para con los que profesan otras confesiones y la exaltación del amor al prójimo como la suprema virtud. Alrededor de este tema principal compone Lessing una acción dramática, en la que inserta hábilmente la parábola de los tres anillos, que figura en la tercera novela de la tercera jornada del Decamerón (v.) de Boccaccio.
El viejo Nathan, de religión hebrea, al que el vulgo llama el Sabio, ha educado en su casa como hija adoptiva a Recha, la que un día es salvada por un templario del peligro de morir abrasada. El templario, condenado a muerte junto con otros 19 caballeros de su orden, pero indultado después por el sultán Saladino a causa de cierta semejanza con su desaparecido hermano, se enamora de la gracia y la rara belleza de Recha, a la que cree hebrea, y, aunque él es cristiano, pide a Nathan la mano de la muchacha. El viejo, en cuya alma ha nacido una terrible sospecha, duda; quiere primero tener informaciones seguras sobre el joven y generoso templario.
Su sospecha no es infundada: Recha, la presunta hebrea, y el cristiano templario son hermanos, hijos del musulmán Asad, hermano menor de Saladino. Este hermano, arrastrado por una pasión, se había trasladado muchos años atrás a alemania, donde se casó con una noble joven de la estirpe de los Staufen, de la que tuvo una niña, Blanda von Filneck (nombre usado por Asad después de su matrimonio). Huérfana de madre a las pocas semanas, la pequeña Blanda fue confiada por su propio padre a Nathan, su amigo de infancia, que la crió con el nombre de Recha. Reconociéndose como hermanos, Recha y el templario, lo mismo que Saladino y Nathan, olvidan el profundo abismo que la religión había hasta entonces abierto entre ellos.
La escena más bella y dramática es sin duda la séptima del tercer acto, un coloquio entre el sabio Nathan y el poderoso Saladino. Mientras el hebreo cree que el musulmán le ha hecho llamar para que le preste dinero, porque él es rico, el sultán le sorprende con la brusca pregunta de cuál de las tres religiones monoteístas, la cristiana, la hebrea y la musulmana, es la verdadera, y cuál es el motivo de que Nathan, al que el pueblo llama el Sabio, la tenga por tal. Nathan responde a la insidiosa curiosidad de Saladino con la ya mencionada parábola de los tres anillos: así como el juez de la parábola no puede determinar cuál de los tres anillos presentados por tres distintos hermanos es el auténtico y cuáles son los dos falsificados (tanta es la perfección de éstos), de la misma manera la sabiduría de Nathan no puede sentenciar en la difícil y delicada cuestión.
La acción ocurre en Jerusalén durante la tercera Cruzada, y se desenvuelve en pocas horas. El propio Lessing se mostró más bien escéptico sobre la posibilidad de representación de su drama. Sin embargo, sólo cuatro años después, en 1801, Nathan fue representado, sensiblemente modificado en Berlín; Austria y Sajonia, estados católicos, censuraron el drama, prohibiendo su representación. Traducido al francés y al inglés, más tarde se representó en lengua griega hasta en Constantinopla, donde alcanzó un gran éxito de público.
Pero más que en la historia del teatro, la obra — de tono elevado y sereno — tiene importancia en la historia de la conciencia moderna y de la poesía. Ella ha sido en alemania la expresión más pura de la armónica fusión de racionalidad y sentimiento, fusión que constituyó el ideal de la Ilustración (v.) Poéticamente el drama se sostiene por el cálido sentido de humanidad y de hermandad que en él se respira; el problema está tratado por encima de toda dialéctica, en una serena y limpia espiritualidad, que nada puede ya oscurecer. Goethe juzgó el drama como «una de las cosas más elevadas que la humanidad ha creado»; y se inspiró directamente en el tono elevado, sereno y claro del Nathan cuando compuso en el mismo metro su Ifigenia (v.).
O. Lennovari
