La Nueva Revelación, Arthur Conan Doyle

[The New Revelation]. Autobiografía y confesión de fe del novelista y médico inglés Arthur Conan Doyle (1859-1930), publicada en 1918; es la defensa más moderna de la fe es­piritista por parte de «la mayor persona­lidad que el espiritismo ha poseído», como lo define su antagonista más irreductible y amigo personal, Harry Price.

Durante trein­ta años, Conan Doyle había estudiado los fe­nómenos anormales sobre los que se basaba el espiritismo, con la mentalidad de un médico de hace sesenta años, que sólo veía en el espíritu una función del cerebro.

Turbado por la observación de los fenó­menos de telepatía y otras formas de clari­videncia, llegó paulatinamente a la fe en «la continuidad de la vida más allá de la muerte» y a una nueva forma de religio­sidad, de la que el espiritismo, como ya Myers había preconizado, tenía que ser el preámbulo.

«Todos los médiums concuerdan — dice Conan Doyle — en una concepción liberal del Cristianismo, reconciliado con todas las demás religiones en la fe en una segunda vida, después de la muerte, en un «cuerpo espiritual», que permite continuar el contacto con los seres queridos que se dejan en la tierra; una vida de progreso espiritual sin saltos, pero lentamente as­cendente; una vida que no transforma a un necio en un sabio, ni a un bribón en un santo, dejándolo inidentificable para sus amigos de la tierra; un paso al más allá que causa sorpresa y asombro a quien llega a él encerrado en su concepción ortodoxa, y espera el desarrollo del terrible drama, y le cuesta persuadirse de que todo ocurra tan sencilla y llanamente — sin diablos ni ángeles, y sin la adoración perpetua ante el trono del Altísimo, aunque con períodos de purificación y de «cuarentena» expiato­ria—, pasando de una maravilla a otra al comprobar la nueva facultad de su cuerpo espiritual y al hallarse rodeado de parien­tes y amigos que le han precedido, y al tomar posesión, junto a ellos, de su nueva vida».

El acuerdo sustancial de todos los médiums en semejante escatología, aunque con variantes explicables, y la autoridad conferida a sus comunicaciones por los fenómenos sobrenaturales que les acompañan, es para Doyle la «Nueva Revelación», la más importante desde la venida de Cristo, como dice ingenuamente.

La comunicación con los espíritus también plantea proble­mas y tiene sus limitaciones; pero la fuerte fe de Conan Doyle tiene una contestación para todo; y es difícil no sufrir el contagio de su entusiasmo vigoroso, del torbellino de su elocuencia. Para el estudio de la inter­pretación espiritista dada por Doyle a la fenomenología psíquica, remitiremos a las obras de Osty, Sudre, Schrenk-Notzing y otros.

Pero no deja de resultar extraño que el fino analista y sagaz lógico, creador de la figura de Sherlock Holmes (v.), no ad­vierta que la concordancia sustancial de los varios médiums en sus concepciones re­ligiosas y ultraterrenas podía derivar sen­cillamente del hecho de que tales eran sustancialmente las concepciones religiosas de los experimentadores — deístas, liberales, modernistas, teósofos — que ellos, por diapsiquia, transmitían al médium. G. Pioli

Nueva Geografía Universal, la Tierra y los Hombres, Jean- Jacques-Élisée Reclus

[Nouvelle géographie universelle, la terre et les hommes]. Gran­diosa obra geográfica del francés Jean- Jacques-Élisée Reclus (1830-1905), publica­da en numerosos volúmenes de 1875 a 1894.

La sencilla personalidad del autor, gene­roso soñador político y ciudadano integérrimo incluso en su destierro en Italia, se muestra plenamente en esta enciclopedia geográfica, que expone, también desde el punto de vista histórico y moral, la vida de los pueblos de la Tierra. Las amplias descripciones, la guía de los acontecimien­tos históricos, las referencias a la civili­zación -de los pueblos encuentran en la soberbia publicación la mejor invitación a la lectura: grabados, mapas en colores y gráficos ayudan a seguir el texto, siem­pre exacto y preciso.

La materia, aparen­temente desigual, por su independencia de los esquemas de la didáctica tradicional, está resuelta en torno a elementos decidi­damente científicos, y estudia los pueblos en el suelo y en su formación política, analizando su vida según motivos que los mismos acontecimientos ofrecen a la com­prensión de un juicio histórico. Así, el Me­diterráneo, en el ámbito de las edades clá­sicas, es el primer punto de referencia na­tural, la verdadera guía para la compren­sión de los propios elementos geográficos.

En este mismo aspecto son importantes los dos primeros volúmenes: el 1.° (de 1875), sobre Europa meridional, Grecia, Turquía, Rumania, Servia, Italia, España y Portugal, y el 2.° (de 1877), enteramente dedicado a Francia. De toda la obra se desprende un profundo pensamiento animador de la la­boriosa recopilación: el equilibrio entre el poder del hombre y la fuerza de la Natu­raleza.

En una enciclopedia tan monumen­tal, el autor, aun sirviéndose de sus nu­merosos viajes y estudios, no podía menos de recurrir a la ayuda de colaboradores: entre éstos fueron importantes sus herma­nos Michel-Élie, etnólogo (1827-1904), y Onésime, viajero (1837-1916). La Geografía Universal fue traducida a numerosos idio­mas y en todas partes encontró fieles lec­tores. [Trad. española de Francisco Coello y Martín Ferreiro (Madrid, 1888-1893) y también de Vicente Blasco Ibáñez (Valen­cia, s. a.)].

C. Cordié

Nueva Idea de la Tragedia Antigua o Ilustración al Libro de la Poética de Aristóteles

Obra del humanista español Jusepe Antonio González de Salas (1588- 1654), publicada en 1633. Es un comentario muy independiente de la Poética del estagirita, el cual se distingue por su espíritu de libertad y de amplitud en cuanto a la doctrina, y por la erudición de sus noticias sobre mil aspectos de la cultura clásica (Música, Histrionismo, Danza, Pantomima, etc.)—dicen los señores Hurtado y Gon­zález Palencia en su crítica literaria —; su obra, más que «idea de la tragedia antigua», es ilustración al libro de la Poética de Aris­tóteles, puesto que comenta esta preceptiva, pero no las obras de Esquilo, Sófocles ni Eurípides; su amplitud de criterio se ma­nifiesta respecto a las comedias españolas de su tiempo; véanse sus significativas pa­labras: «No crean haber de estar necesaria­mente ligados a los antiguos preceptos ri­gurosos.

Libre ha de ser su espíritu para poder alterar el arte, fundándose en leyes de naturaleza… El juiciosamente docto, con su madura observación, podrá alterar aque­lla Arte (se refiere a la Poética de Aris­tóteles), y mejorarlas, según la mudanza de las edades y la diferencia de los gustos, nunca los mismos… Comedias tenemos hoy de los griegos y de los latinos… que si se representaran en nuestros teatros… de nin­guna manera nos deleitaran…»

C. Conde

Nueva Jerusalén y su Doctrina Celeste, Emmanuel Swedenborg

[De nova Hierosolyma et ejus doctrina caelesti, ex auditis e coelo]. Este libro del filósofo sueco Emmanuel Swedenborg (1688-1772), apareció en Lon­dres, en 1758, en latín.

Fue traducido y publicado en francés por Le Bois des Gnays a mediados del siglo pasado. Swedenborg completa en La nueva Jerusalén la doctrina ya expuesta en los Arcanos ce­lestes (v.). Recuerda en primer lugar los puntos esenciales de aquella doctrina: la enseñanza de la Iglesia actual, que tiene su fundamento en la interpretación del sentido literal de la Escritura, es viciosa, debe desaparecer inmediatamente.

Con ella desaparecerá la Iglesia, que ha sido ya juz­gada y condenada a muerte. La interpre­tación simbólica de la Biblia reúne las visiones de la mística, y es sobre esta base que él entiende el cielo, al que llama el «Nuevo Cielo» y la «Nueva Tierra». La nueva Jerusalén representa sobre todo el aspecto político y moral de la doctrina de Swedenborg.

Moral y política, por otra parte, parecen confundirse en una misma cosa para él. Las reglas éticas propuestas en La nueva Jerusalén son las siguientes: leer y meditar a menudo la palabra de Dios; someterse a la voluntad de la Divina Providencia; observar en todo la decencia; tener constantemente la conciencia limpia; cumplir perfectamente las obligaciones pú­blicas y los deberes del cargo que se des­empeñe y ser en todo útil a la sociedad.

En cuanto a la aplicación política de estas re­glas, es tan pura y simple como las reglas mismas: el orden establecido por las leyes del universo físico apunta, sobre todo, a asegurar su propia conservación. Conviene lo mismo al mundo moral y al mundo po­lítico, que, por otra parte, constituyen, como se ha dicho, una misma cosa.

Para mantener las leyes en pleno vigor, se pre­cisa de las autoridades. Para mantener a las autoridades en los límites del derecho y de la razón, son necesarias las leyes. Así, la realeza está constituida por el rey, ro­deado de sus funcionarios; la realeza no reside en la persona. Es la ley la que atribuye al rey la realeza.

La ley debe ser hecha, no por el rey, sino por los sabios, hombres instruidos y piadosos; y el mismo rey deberá someterse a ella. La realeza con­sistirá en gobernar el reino de acuerdo con las leyes, que el mismo rey respetará en primer lugar. No puede menos que sor­prender el escuchar estas palabras pronun­ciadas en tiempos de Luis XIV.

Pero debe notarse, tras leer las últimas páginas de La nueva Jerusalén, que Swedenborg se contenta con codificar la práctica sueca que él podía admirar a diario. Esta doctrina moral y política seguirá siendo la doctrina cons­tante de Emmanuel Swedenborg.

Nueva Filosofía de la Naturaleza del Hombre no Conocida ni Alcanzada de los Grandes Filósofos Antiguos, la Cual Mejora la Vida y Salud Humana, Oliva Sabuco de Nantes

Obra de Oliva Sabuco de Nantes. En Madrid, 1587, apareció este libro singular. Hace poco se ha descubierto que no es obra de doña Oliva Sabuco, sino de su padre, el bachi­ller Miguel Sabuco (m. 1588), vecino de Alcaraz, que puso a su hija «por autor sólo para darle la honra».

El libro, im­portante por sí mismo, es un tratado de las pasiones en relación con la Fisiología, estableciendo un nuevo sistema que afirma no ser la sangre la que nutre nuestro cuerpo, opinión de todos los médicos de su época, sino el «suco nérveo» derramado del «cerebro», «causa y oficina de los humores de toda enfermedad». Pormenorizadamente analiza las distintas pasiones, origen de las dolencias y de la muerte, explicando sus causas y dando sus remedios.

Para la tris­teza recomienda la lectura, la música; para el miedo prescribe la alegría, el campo; el amor y deseo, el odio, la vergüenza, la congoja, la pereza — imagen de la muer­te—; el ocio, los celos, la esperanza, la alegría…, columnas son que sustentan la salud y la vida humana. «Feliz y dichoso es aquel que no le causan congoja las glo­rias perecederas del mundo, ni pone su estimación en el fausto mundanal, sino que pasa sus días en quietud, silencio, so­segado, sin obrar mal y con la alegría de una buena conciencia».

Termina con tres coloquios: sobre la compostura del mundo (meteorología), sobre los auxilios y reme­dios de la Medicina (medios higiénicos y curativos), sobre las cosas que mejoran el mundo y sus repúblicas. Entre otros asun­tos, pinta la inmoralidad de los pleitos, «perdición del mundo», y clama contra la Babilonia de las leyes. Todo ello escrito con soltura y amenidad, poblado de citas más o menos eruditas y de anécdotas o fá­bulas que la Antigüedad suministra con abundancia.

Al final del libro, que se lee aún hoy con agrado, pues quien lo com­puso se supo servir no sólo de sus cono­cimientos, sino de sus propias observacio­nes y experiencias, hay unas «sentencias breves» (Dicta Brevia Circa Naturam Hominis medicina fundamentum) «para poder­las llevar en la memoria», redactadas en latín.

La «tabla» de lo que contiene la obra de doña Oliva o de su padre, es la siguiente: un coloquio del conocimiento de sí mismo, en el cual se dan grandes avisos; por los cuales el hombre entenderá su na­turaleza, y sabrá las causas naturales por las que vive y por las que muere o enferma, y podrá evitar la muerte temprana, o vio­lenta, y podrá vivir feliz hasta llegar a la muerte natural de vejez, que se pasa sin dolor. ítem, un breve tratado de la compostura del mundo como está. ítem, las cosas que mejorarán este mundo, y sus repúblicas. ítem, remedios de la vera Medicina, con los cuales el hombre podrá entender, regir y conservar su salud.

Con­tiene más la vera Medicina, y vera Filo­sofía, oculta a los Antiguos, en dos diá­logos. ítem, dichos, y avisos breves, y paradojas notables, y de gran fruto. Anto­nio, Veronio y Rodonio, tres pastores filó­sofos en vida solitaria, son los que hablan y exponen ante el lector todo el sistema en que fundamenta el autor de la obra sus razones en defensa de la vida moral e higiénica, única fuente de verdadera sa­lud. Unos sonetos dedicados a doña Oliva por el licenciado don Juan de Sotomayor, vecino de la ciudad de Alcaraz, que debió creerla autora del interesante libro, preceden al mismo.

C. Conde