Nuevo Mundo, Tomaso Stigliani

[Del mondo nuovo]. Poema de Tomaso Stigliani (1573-1651), publicado en 1617 y en forma completa en 1628.

Es una larga narración novelesca de los viajes de Cristóbal Colón. El tema que había ya dado lugar a varias composi­ciones poéticas (entre ellas el largo y homónimo Mundo Nuevo de Giovanni Giorgini, aparecido en 1596), está resuelto con soltura en octavas fáciles, pero amanera­das : las más extrañas invenciones de la trama deberían haber dado interés a un li­bro de tal género, teniendo a la vista las obras maestras de Ariosto y de Tasso.

La flota española, durante la navegación hacia las Indias por la vía de Poniente, está a punto de naufragar contra unas islas, y la expedición desembarca en la costa. Un án­gel avisa a Colón: toda la tripulación, no sólo la de la nave almirante, se salva. El genovés obtiene de sus tropas el juramento de fidelidad y continúan el viaje entre nuevos peligros.

Intentando impedir los planes de Colón, un demonio guía al mago Licofronte al Infierno, bajo un volcán en erup­ción, donde observa todas las penas de Co­lón y se le aparece en su terrible majestad Lucifer con su corte. Es evidente, además del Plutón de la Jerusalén libertada (v.), la influencia directa del «Infierno» de Dan­te.

En los combates sostenidos en defensa de la civilización con los habitantes de las tierras descubiertas, Colón hace prisionero al mago que, sin embargo, logra huir. Pero el calor favorece las epidemias; falta la comida y los guerreros culpan a Colón de olvidar su seguridad por los ambiciosos sue­ños de grandeza. Estalla entre ellos una rebelión abierta.

Continuando el viaje, llega Colón a las islas de los Canarios; el rey de estas islas, aconsejado por el demonio, trata de perjudicar a los españoles. Nuevas aven­turas les suceden aquí; Colón tiene que luchar con un gigante, pone a salvo a los prisioneros indios y los bautiza. Nuevos pueblos mandan mensajeros en señal de amistad.

Pronto, sin embargo, algunas po­blaciones indias, aliadas entre sí, se le­vantan contra los invasores que vienen a destruirles sus dioses: los ejércitos de Co­lón y de Haití tienen entre sí conflictos, y el jefe de los indígenas se da a la fuga. Colón ha de sostener nuevas luchas con­tra los caribes y contra una población en la que mandan las mujeres.

Más tarde vuelve a España para defenderse de las acusaciones que se le hacen. Después de algunas peripecias, consigue demostrar su inocencia. El poeta, que ha tratado al per­sonaje de modo heroico a la manera de Eneas (v.) y de Godofredo de Bouillon (v.), se detiene después, según la moda del tiem­po, a narrar novelescamente aventuras me­nores, también con pasiones de personajes de segundo orden (los amores de Silvarte y de Polixena); tiene cierto interés el personaje de Rodrigo, que calumnia a Colón, y que después es perdonado por éste. La obra es farragosa y su único valor consiste en ser documento del gusto de una época que tendía a lo grandioso, pero que se complacía a menudo en elegantes variacio­nes y en recortes decorativos, que mutila­ban la verdad histórica.

C. Cordié

El Nuevo Ídolo, François de Curel

[La nouvelle idole]. Drama en tres actos de François de Curel (1854-1928), representado en París en 1893.

El problema que lo inspira es caracterís­tico de la época: puesto que la humanidad sigue un camino sembrado de cadáveres que ha sacrificado a sus ídolos, ¿no le será permitido también a la ciencia, único dios benéfico reconocido hoy en día, sa­crificar algunas vidas para salvar a gene­raciones? Donnât, un médico insigne, en el ardor de sus estudios, se ha atrevido a inocular el cáncer a algunos pobres des­pojos humanos para conseguir los elemen­tos que le permitirán combatir al terrible azote.

Mirado con horror por todos, incluso por su mujer, sólo está atormentado por una desilusión; la ciencia le ha vuelto se­diento de divinidad; le parece que la for­midable necesidad de sobrevivir que ema­na de la misma estructura de los órganos humanos supone la supervivencia, lo mis­mo que el ojo implica la existencia de la luz y el pulmón la del aire.

Courmier, el amigo y discípulo a quien se confía, no comprende, con su escepticismo, la necesi­dad espiritual del científico, y Donnat, vuel­to a sus estudios, pide su justificación a un supremo sacrificio y se inocula el cán­cer. Pero la comprensión que ha pedido en vano a la inteligencia le llega mediante el amor.

Su mujer, que, descuidada e in- comprendida por él, ha estado a punto de convertirse en la amante de Courmier, de­cepcionada por su espíritu materialista y egoísta, descubriendo el heroico sacrificio de su marido, se aferra apasionadamente a él. Otra mujer, una humilde criatura destinada al claustro, enferma y víctima de los experimentos de Donnat, cuando intuye la verdad, acepta con alegría sacrificarse por el prójimo.

Y Donnat se refugia en ella y reconoce que Contra la desesperación incluso los espíritus superiores han de aprender la lección de los corazones hu­mildes y ardientes. Así el drama se suaviza y termina sin haber resuelto el problema planteado con violencia tan angustiosa. Curel no es un filósofo, sino un ardiente es­pectador de las luchas que las ideas des­encadenan en el alma humana; el problema y el drama que se sigue le interesan más que la misma solución. De todos modos, El nuevo> ídolo perdura como una de las obras más vigorosas y representativas del teatro francés de fin de siglo.

E. C. Valla

El Nuevo Luciano de Quito o Despertador de los Ingenios Quiteños, Francisco Xavier Eugenio de Santa Cruz y Espejo

Obra de crítica social del mestizo quiteño Francisco Xavier Eugenio de Santa Cruz y Espejo (1747-1795), que circuló manuscrita hasta 1779. Trátase de nueve diálogos, a través de los cuales se hace un mordaz enjuiciamiento del estado cultural de Quito, examinando los métodos de enseñanza y censurando la limitación del pensamiento. La obra produjo gran revuelo y una anda­nada de ataques fue contra su autor, pero no faltaron los aplausos aun de elementos eclesiásticos. Si bien no fue Espejo un es­tilista de primer orden, fue uno de los grandes americanos de su tiempo, por la inquietud de su espíritu y por su culto a la libertad.

P. Jorge Vera

Nuevo Ensayo Sobre el Origen de las Ideas, Antonio Rosmini

[Nuovo saggio sull’origine delle idee). Es la obra fundamental de Antonio Rosmini (1797-1855), y por la pro­fundidad de desarrollo histórico y teóri­co del problema gnoseológico se coloca entre las obras capitales de la moderna filo­sofía italiana.

El Nuevo Ensayo fue publi­cado el año 1830, anónimamente, en Roma; el nombre del autor aparece en las edi­ciones sucesivas a partir de la segunda (Mi­lán, 1836). La teoría del conocimiento im­plantada por Rosmini como análisis del origen de las ideas o ideología va precedida por una investigación histórica am­plísima de los sistemas gnoseológícos anti­guos y modernos.

Rosmini divide los filó­sofos que estudia en dos clases: la primera comprende a los que se equivocaron «por defecto» negando la existencia de ideas innatas en el hombre (los empíricos, como Locke, que hacen derivar todas las ideas de la experiencia sensible); la segunda com­prende aquellos que erraron «por exceso» (los intelectualistas, como Platón, que admi­tieron todas las ideas como innatas).

La verdad se halla para Rosmini en el justo medio entre las dos tesis opuestas: para ex­plicar el origen de las ideas es suficiente reconocer como innata una sola idea, la de «ser», la única que no puede, en modo alguno, hacerse derivar de la experiencia. Todas las demás ideas tienen su origen en la aplicación de la idea de ser a los da­tos sensibles que la determinan.

En esta determinación se realiza el conocimiento concreto que es el juicio, o, como dice Rosmini, «la percepción intelectiva» que consiste en la unión de un sujeto (la sen­sación) con el predicado (la idea del ser). Al concebir el conocimiento como juicio y el juicio como síntesis de la sensibilidad y categoría, Rosmini parece hallarse de acuer­do con Kant; pero preocupado Rosmini de garantizar la objetividad del conocimiento, rechaza la identificación de su idea del ser con las categorías kantianas: éstas son para él características de la inteligencia humana y por lo tanto subjetivas, por lo que Rosmini combate a Kant como escép­tico, mientras la idea del ser es objetiva teniendo su origen en el Ser real, es decir, en Dios, del cual el hombre recibe por intuición la idea del ser ideal o posible.

Para evitar el subjetivismo, el pensamiento de Rosmini parece inclinarse hacia el ontologismo. Aunque la teoría rosminiana de las ideas diverge de la Escolástica, debe considerarse, sin embargo, más próxima a la filosofía cristiana tradicional que al cri­ticismo kantiano. El Nuevo Ensayo, en su proyecto original, debía constituir la in­troducción’ de una extensa Enciclopedia filosófica que, según el esquema de la cla­sificación de las ciencias que cierra la obra, habría debido comprender sucesivamente la Ideología, la Lógica, la Psicología, la Cos­mología, la Ontología y la Deontología.

E. Alpino

Es un análisis penetrante y seguro que nada perdona y que no pretende hacerse perdonar nada. (Manzoni)

Dos cualidades hacen difícil e ingrata la lectura de esta obra: es seca y aguda al mismo tiempo. (De Sanctis)

Nuevo Cancionero de Borinquen, Manuel Soler y Martorell

Colección de poesías portorriqueñas esco­gidas por Manuel Soler y Martorell, publi­cada en 1872. En esta colección figuran 19 poetas, entre los cuales va incluido el pro­pio autor de la selección, y además Ale­jandrina Benítez de Gautier, José Gautier Benítez, Manuel Corchado, José J. Dávila, José María Monje, Alejandro Tapia, José Antonio Daubon, José Gualberto Padilla, Manuel María Sama, y otros más. Un cuar­to de siglo antes, en 1846, se había publi­cado El Cancionero de Borinquen, que con­tenía composiciones en prosa y verso (1846). Con posterioridad vio la luz otra colec­ción de Poetas portorriqueños (1879), cuya selección estuvo a cargo de Manuel María Sama, José María Monje y Antonio Ruiz Quiñones.

A. González Palacios