Del libro IV de las Geórgicas, que funde el mito de Orfeo y de Aristeo, deriva el Orfeo, representación escénica (en latín «fabula», de donde procede el título original de la obra: Fábula de Orfeo), compuesta por Angiolo Poliziano (1454-1494) en junio de 1480, en Mantua, «en el espacio de dos días en medio de continuos tumultos, en lengua vulgar», con ocasión de unas fiestas de la casa Gonzaga.
Orfeo baja al Infierno y con su canto obtiene de Plutón poder recuperar a su esposa Eurídice, muerta por la mordedura de una serpiente cuando huía del enamorado pastor Aristeo; pero por no haber obedecido la orden de no volverse a mirarla antes de haber dejado el Hades, la pierde de nuevo, y como, por su dolor, desprecia ya a todas las mujeres, las Bacantes lo matan y lo descuartizan.
Breve drama escrito en parte en octavas, que sólo atendiendo a su forma exterior puede llamarse drama, puesto que la inspiración de este misterio profano es melodiosamente idílica, con una trama pastoril y mitológica que casi por primera vez y ciertamente por primera vez en las formas de arte, sustituye a la sagrada de las representaciones tradicionales.
Lo que vive en aquella graciosa obrita idílica es la poesía sin tacha, delicada y musical, del Poliziano, autor de baladas e inventor de romances (rispetti) y cancioncitas que tienen algo de popular y muestran toda la maestría refinada del humanista. Bello entre otros es el canto de las Bacantes, en octosílabos, de ritmo saltante, ebrio, que lleva su tumulto final de danzas y gritos a aquel mundo de mesurada palpitación.
La fábula, que a su autor parecía trabajo ocasional e inferior, obtuvo prolongada fortuna y una refundición más amplia en cinco actos: pastoral, ninfal, heroico, necromántico, bacanal. A De Sanctis le pareció casi un símbolo cultural de aquella edad nueva: «Después de la segunda barbarie, Orfeo renace entre las fiestas de la nueva civilización, inaugurando el reinado de la humanidad o, por decir mejor, del humanismo».
F. Pastonchi
A la voluptuosidad de las cosas se une la voluptuosidad de la elegante literatura y de los finos desarrollos retóricos, que, sin embargo, cambiándose en elementos decorativos, son vivos a su manera. (B. Croce)
