[Zur Geschichte der Religion und Philosophie in Deutschland]. Heinrich Heine (1797-1856) publicó por primera vez las tres partes de esta obra con el título De L’Allemagne, en los fascículos de 1.° de marzo, 15 de noviembre y 15 de diciembre de 1834, de la «Revue des deux Mondes», casi un año después de la publicación de la primera parte de la Escuela romántica (v.). En 1835 se publicó la edición francesa en volumen con el mismo título, dedicada a Prosper Enfantin, sansimonista y amigo de Heine.
La edición alemana publicada por Campe como segunda parte del «Salon» fue mutilada por la censura y por el editor; sólo en 1852, y en su segunda edición, pudo el editor completarla en parte, volviendo a traducir del francés buen número de las partes omitidas.
Sin embargo, quedó como «un fragmento», y como tal debía permanecer, como dice el propio autor en sus prefacios a la primera y a la segunda edición; en realidad, debería haber servido de introducción general a una historia de la literatura alemana desde la muerte de Goethe, y cuya primera parte estaba constituida por la Escuela romántica.
Como en aquella obra, también en ésta el propósito de Heine consiste en contraponer a la alemania quimérica representada por Madame de Staël una alemania más real. Para conocer el pensamiento alemán — dice él —- no basta conocer las obras maestras del arte; es menester conocer la religión y la filosofía; porque sólo por medio de la reforma religiosa se puede comprender la filosofía que se desarrolló después, y sólo por medio de la filosofía se puede valorar el gran movimiento literario que produjo el Romanticismo.
Nos da, pues —casi a la vez que la historia de la escuela romántica—, una historia de la religión y de la filosofía, de Lutero a Hegel. Mientras para Madame de Staël la historia espiritual de alemania era una evolución progresiva hacia el idealismo, para Heine lo es hacia el naturalismo. De Lutero a Kant no hay más que etapas sucesivas hacia la liberación de los antiguos dogmas y de la tiranía del espiritualismo.
Lutero restituyó a la carne sus derechos naturales, Kant destruyó el deísmo: es el Robespierre de la nueva revolución; Fichte presentó el Yo soberano, ideal, creador de lo real: es el Napoleón; pero este Yo se ha derrumbado, y Schelling ha reconstruido lo ideal con lo real; esto representa la restauración. Hay un neto paralelo entre la revolución filosófica alemana y la revolución social francesa: una contra el deísmo, la otra contra la realeza.
Derrotado el deísmo, triunfa el panteísmo de Spinoza, que, en el fondo, «ha sido siempre la religión oculta de los alemanes». Finalmente, Hegel aplica la filosofía a la historia, a la política, a la religión; con él cesa el divorcio entre carne y espíritu y se cierra el círculo de la revolución filosófica, de la que saldrá la gran revolución política y social de alemania.
De este desarrollo, interpretado por Heine con evidente unilateralidad, aunque no carezca de intuiciones profundas, se origina una concepción de la raza alemana opuesta à la de madame de Staël; no es ya el pueblo idílico, soñador, moral, especulativo, sino un pueblo realista, militante y activo, formidable por tradiciones y autoridad, destinado a una misión liberadora del mundo en el transcurso de los siglos.
Llevada a sus extremas consecuencias, esta concepción producirá el pangermanismo, con sus ideales de fuerza y de conquista; Heine la adivinó más tarde y se retractó renegando de la doctrina hegeliana y rechazando como error todo lo que había escrito en este libro respecto a la religión.
Pero en el momento en que escribió la obra estaba bajo la influencia del sansimonismo, cuyos ideales parecían satisfacer al mismo tiempo sus exigencias de romántico y de racionalista. Este libro señala también un momento importante en la evolución política de Heine; aquel en que, después de apartarse del nacionalismo idealista y del liberalismo, se acercó al partido de la «revolución», más tarde por él renegado junto con la filosofía hegeliana, por su conversión a las ideas moderadas.
Pero hasta en medio de su entusiasmo por las ideas revolucionarias, Heine seguía siendo un poeta, como se ve en su breve poema alemania, cuento de invierno (v.), muy importante también para conocer la verdadera naturaleza de su tan discutido patriotismo. Él consideró misión patriótica «trabajar para la inteligencia cordial entre Francia y alemania», dándolas a conocer una a otra; y tal es el objeto de este libro, que aun echando luz viva y verdadera sobre la vida espiritual de Alemania en ciertos momentos de su historia, tiene sobre todo importancia para el conocimiento de la personalidad del autor.
Obra más artística que filosófica, rica en elementos pintorescos y chispeante de brío, tiene los méritos y defectos de un estilo periodístico, aplicado genialmente al ensayo crítico y a la profesión de fe metafísica y política.
C. Baseggio
