Los Parientes Ricos, Jekabs Apsitis

[Bagati Radi]. Narración del escritor letón Jekabs Apsitis, llamado Apsisu Jekabs (pseudónimo de Janis Jaunzemis, 1858-1929), publicada en 1886. La acción se desarrolla en el campo.

El viejo Andris se ha casado con Ilse, una parienta próxima; de este matrimonio na­cen dos hijos, uno casi idiota y el otro epi­léptico. Pero el viejo soporta humildemente la cruz que Dios le ha impuesto y espera que cuando llegue a su vejez y no pueda trabajar, al faltarle el apoyo de los hijos, encontrará hospitalidad junto a sus parientes ricos, cuatro sobrinos propietarios de gran­des haciendas.

Laborioso y honrado, hombre de palabra, Andris no tiene suerte: cuando le fallan las fuerzas para empuñar el arado, no le queda otro recurso que mendigar. Sus ricos parientes no se cuidan de él mien­tras vive; sólo cuando muere le hacen un funeral para honrar a una vieja rama de ricos campesinos.

Andris es uno de los más característicos personajes de la literatura letona- Representa la pureza de corazón y nobleza de alma que’ más tarde dará dos inolvidables tipos de idealistas: el viejo Salksnis, en la narración Los puros de co­razón, de Poruks, y el joven Antins, en el drama El caballo de oro (v.), de Rainis.

M. Rasupe

El Parecido En La Corte, Agustín Moreto y Cavana

En el grupo de las comedias de costumbres de Agustín Moreto y Cavana (1618-1669), na­cido en Madrid de padres italianos, se en­cuentran las llamadas «de enredo», y a ellas pertenece El parecido en la corte.

Su argu­mento, en líneas generales, es el que sigue: un tal don Fernando huye de Sevilla a Ma­drid, y aquí lo toman por cierto don Lope de Luján que estaba en las Indias, a causa del parecido entre ambos, y gracias a la habilidad de su criado que convenció a todos de que su amo había perdido la me­moria después de una enfermedad; llega el verdadero don Lope y nadie lo cree. Ha pasado por ser la mejor comedia de Moreto.

Su idea recuerda algo a la de los Meneemos de Plauto, aunque ni el asunto ni los deta­lles son iguales en ambas comedias. Tomas Sebastián y Latre hizo un pésimo arreglo de ella en su Ensayo sobre el teatro espa­ñol (1772). Moreto es, ante todo, arreglador de obras ajenas, especialmente de Lope, Tirso, Guillén de Castro, Mira de Amescua, Vélez, etc.

C. Conde

Las Paredes Oyen, Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza

Comedia en tres actos y en verso de Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza (1581-1639) una de las ocho de la Primera parte de su teatro, publicada en 1628.

Don Juan de Mendoza, gentilhombre noble pero pobre y feo, ama sin esperanza a la hermosa viuda doña Ana, la cual está enamorada de don Mendo, joven murmu­rador y fatuo que revolotea entre doña Ana y doña Lucrecia, prima de aquélla.

Doña Lucrecia es cortejada por un conde, que en vano procura hacerle ver los verdaderos sentimientos de don Mendo. La noche de San Juan, don Juan y don Mendo, haciendo de guía al duque de Urbino, recién llegado a la capital en busca de distracciones, ,se encuentran bajo las ventanas de doña Ana, que ha vuelto secretamente a Madrid para asistir a la fiesta, exaltando uno los méritos de la hermosa viuda, mientras el otro enu­mera sus defectos por temor de que las alabanzas de don Juan pudiesen crearle un rival en la persona del Duque.

Esta pugna de alabanzas por una parte y de vituperios por otra, provocan en el Duque el deseo de conocer a doña Ana y convertirse en árbitro de la contienda. Don Juan, que espera librarse de don Mendo por medio del Duque, secunda su deseo e imagina una estratagema que va a permitir al Duque ver de cerca a la bella Viudita.

Disfrazados, los dos gentilhombres ocupan el lugar de los cocheros de doña Ana, que quiere vol­ver a Madrid después de haber echado en cara a don Mendo sus mentiras. Don Men­do, para vengarse, piensa raptar a doña Ana durante el viaje, y se pone de acuerdo con los falsos cocheros, los cuales en el momento oportuno corren en ayuda de la mujer.

Don Mendo es herido por don Juan. Descubierto el disfraz, don Juan acaba resig­nándose a sacrificar al Duque, más digno, su amor, pero su fidelidad hace mella en el Corazón de doña Ana, que entre los tres caballeros escoge a don Juan.

También Lu­crecia, desengañada por fin, da su mano al conde, y don Mendo recoge el fruto de sus murmuraciones quedándose sólo. La libre elegancia de la trabazón escénica, el fino juego del humor que rehúye los groseros contrastes cómicos y su equilibrio formal, hacen de la comedia la obra maestra de Alarcón y una de las obras más vivas del teatro español.

Bajo el intento moral apun­tan claras alusiones psicológicas e intencio­nes polémicas eh las que se transparenta una actitud tan acongojada y llena de pu­dor, que autoriza a interpretar el personaje en términos totalmente autobiográficos (el autor era pobre y feo como don Juan de Mendoza). Esta nota íntima y personal se traduce en una expresión que, a una ori­ginal técnica teatral, une una gran maestría lírica y da a la comedia un sentimiento totalmente nuevo.

C. Capasso

Parénesis, Ferenc Kölcsey

[Parainesis]. Ensayo del hún­garo Ferenc Kölcsey (1790-1838), publicado en 1837. Bajo la forma de consejos a su so­brino, él poeta esboza su ideal del cristiano y del ciudadano.

La ética de Cicerón y la de Sócrates sirven de guía al escritor, pero éste supera los modelos por su seriedad moral, y en su elocuencia, sun­tuosamente ordenada, encuentra un fondo de oro en la sinceridad y en la profundidad del alma del poeta.

Kölcsey da gracias a Dios por el sufrimiento, tan fecundo en enseñanzas, y que nos ayuda a distinguir entre la verdadera grandeza y el vano es­plendor. Él no cree en la gloria terrenal, pero desea vivir después de su muerte en la memoria de su sobrino amado.

Tranqui­lidad de conciencia y seguridad en nosotros mismos nos permiten pasar por la vida aumentando su mayor tesoro: la virtud. Pero tranquilidad de conciencia no quiere decir torpeza de espíritu o embotamiento: el mun­do, en el hombre y fuera del hombre, es tan hermoso que hay que mirarlo con emo­ción («fervor», «elevación»).

La adoración de la divinidad, el amor a la madre y al género humano son emociones indispensables para la grandeza, para el progreso. Mas «Leónidas sólo pudo morir por Esparta, Ré­gulo por Roma, Zrinyi por Hungría»; el amor a la patria es para Kölcsey el sentimiento central del alma.

Pero amor activo y dis­puesto a la cooperación y al sacrificio. Hay que continuar aprendiendo, pero la ciencia tendrá que servir a la república. Es nece­sario también ser orador y conocer a fondo el idioma nacional; hay que sacar consejos de la experiencia y de la historia.

El amor propio no busca sólo el provecho del yo, no es siempre egoísmo. El valor no es nada sin la paciencia y la constancia. Las adver­sidades y los adversarios dan sentido y valor a la vida. El amor a la humanidad es invul­nerable a los desengaños de la experiencia.

«Confiar en la virtud humana es una de las virtudes más nobles; pero pon esta con­fianza en la humanidad en general: muy a menudo te sentirás defraudado por los individuos en particular».

Sea ésta la ley principal de la vida: «perfeccionarse en la soledad, para provecho de la república». La elevación de ideales y la perfección de la forma hacen de la Parénesis una obra de alto valor. El sobrino de Ferenc Kölcsey perdió la vida en la guerra de la Independencia, muriendo por los ideales expresados en las altas enseñanzas de su tío.

G. Miegge

Parapsicología: Ciencia de los fenómenos «ocultos», Hans Driesch

[Parapsychologie: Die Wissenschaft von den «okkulten» Erscheinungen]. Tratado del filósofo alemán Hans Driesch (1867-1940), publicado en 1932.

Es, como ya advierte el autor, «una especie de guía para aquellos que quieren trabajar con éxito en este campo, tanto para el estudio eventual de los hechos como para la even­tual elaboración de teorías explicativas».

La obra se abre con una requisitoria contra la ciencia oficial, ausente de este terreno hasta el punto de confundir la parapsicología con el espiritismo, que no es más que una hipó­tesis interpretativa de los fenómenos, y de ignorar todo el trabajo llevado a cabo por investigadores serios, sin darse cuenta de que nos encontramos tal vez en vísperas de una total revolución de nuestras ideas sobre el mundo.

La obra está dividida en dos partes: «Método de la Parapsicología», en que el autor pone en guardia contra los fraudes voluntarios e involuntarios; distin­gue los fenómenos espontáneos de los pro­vocados, los «parafísicos» por los cuales siente aún cierta desconfianza, de los «paraméntales», los menos susceptibles de misti­ficación; y se esfuerza en simplificar su clasificación.

Expone las «Teorías de la Pa­rapsicología» y, después de haber demos­trado la insuficiencia de las teorías mate­rialistas frente a estos fenómenos, y la confirmación que éstos han dado a su vitalismo, examina especialmente el animismo, que quiere explicar todos los fenómenos paranormales con las «facultades» patentes o latentes del hombre vivo, sin afirmar nada en cuanto a su supervivencia o a la forma de esta supervivencia, y el espiritismo (lla­mado por él «monadismo»), que quiere ex­plicar un buen número al menos de aque­llos fenómenos con la actividad de los espí­ritus, concebidos como personalidades indi­viduales supervivientes.

Aun reconociendo que el estado actual de las investigaciones no permitan dar por resuelta la cuestión en favor de ninguna de las dos teorías, tiende a considerar la animista como más artificiosa que la espiritista, por la cual muestra su preferencia.

Concluye empero recono­ciendo que lo que urge de momento es efectuar experiencias claras e indiscutibles, que es lo único que permitirá hacer una selección entre las diferentes teorías propuestas, las cuales mientras tanto no son más que simples «hipótesis de trabajo».

Hay que notar que, después de sus investi­gaciones biológicas, que le llevaron a la admisión de un principio inmaterial inma­nente en el ser orgánico, los estudios de psicología anormal le encaminaron decidi­damente hacia aquella crítica del materia­lismo, que encontrará su más completa ex­presión en la Derrota del materialismo (v.).

G. Pioli