Partonopier y Meliur, Konrad von Würzburg

[Partonopier und Meliur]. Poema narrativo de 21.784 versos, del poeta alemán Konrad von Würzburg (1220 ó 1230-1287), estudiado por Pfeiffer y editado por Bartsch en 1871; reelabora y amplía el argumento de un «román» francés [Partonopeus de Blois] de Denis Pyramus.

Partonopier de Blois se pierde durante una cacería, llega a la orilla del mar y un buque hechizado le transporta a un lugar solitario, donde halla un castillo. En él hay una mesa magníficamente preparada para él y es servido por unas manos invisibles; después de la comida es condu­cido a un lecho regio, en el que durante la noche se le acerca, invisible, la princesa Meliur, que se le entrega a cambio de que él no la vea hasta al cabo de dos años y medio.

Pasa el primer año, después del cual Partonopier se toma un breve asueto, es conducido de nuevo a tierra por el buque hechizado y puede ver a sus familiares. Pero éstos le convencen de que su aven­tura es obra del diablo y que él debe des­cubrir el misterio de su amante. De regreso al castillo hechizado, durante la noche ilumina con una vela el rostro de Meliur, rompiendo el hechizo, y por ello debe se­pararse para siempre de su amada.

Sólo mucho más tarde, después de fatigosas aven­turas, logra reconquistar el amor de su dama. En este relato se aprecia claramente la combinación del tema de Amor y Psiquis (v.) con el de un reino mágico ultra­mundano (el mismo que aparece en la leyenda de Tannhäuser, v.). De todos modos, esta combinación es frecuente en los poemitas caballerescos del tardío Medievo germánico, según nos lo demuestra la típica fábula de Melusina (v. Román de Melusina) y, posteriormente, el Federico von Schwaben, que tiene en común con el Partonopier y Meliur los temas de la cacería y del cas­tillo hechizado, el Peter von Staufenberg y Gauriel von Muntabel.

M. Pensa

Partitas, Gerolamo Frescobaldi

Gerolamo Frescobaldi (1583-1643) da este título a varias series de piezas con ritmo de danza, en forma aproximada de variaciones, publica­das en el primero y segundo libro de Toccate e partite d’intavolatura di címbalo, en Roma, 1614 y 1627.

Una selección con no­tación moderna se encuentra en la anto­logía El’ arte musical en Italia [L’arte musicale in Italia], de Luigi Torchi, iniciada en Milán en 1897. En la «partita» las formas de danza preferidas por Frescobaldi son la «Courante», la «Gallarda» y la «Passacaglia», todas ellas en compás ternario simple o com­puesto (3/4, 3/2 ó 6/4); las dos primeras de ritmo vivo, la última más lenta y se­vera.

A veces se suceden varias danzas del mismo género, desarrolladas sobre temas parecidos o iguales, subdivididas por algún «Balletto» en ritmo binario, a menudo se­guido por alguna otra danza; otras veces alternan danzas diversas.

Tenemos enton­ces el inicio de la forma de «partita» o de «suite», que más tarde será desarrollada por Johann Jakob Froberger (1616-1667), alum­no del mismo Frescobaldi, y llevada a su punto culminante por Johann Sebastian Bach.

Una estructura parecida se encuentra en algunas Partitas del primer libro, que llevan el nombre de Caprichos (v.), y que presentan un carácter de variaciones más preciso que las otras; por ejemplo, el «Ca­pricho sobre la batalla», donde después de episodios en forma de marcha militar en­contramos un «Balletto», una «Chacona», una «Courante» y otra «Chacona».

Es tam­bién característica el aria llamada la «Frescobalda», formada por un tema con cinco variaciones, de las cuales la tercera lleva la indicación de «Gallarda», la quinta de «Courante»; aunque no lleve el nombre de partita, aparece como una particularísima variedad del mismo género, en el cual pue­den notarse influencias de formas análogas inglesas y flamencas, pero asimiladas y su­peradas; especialmente la fusión del prin­cipio de la variación con el carácter de dan­za, es considerada como un hallazgo de Frescobaldi.

Las Partitas y, en general, las formas de danza de la época, se prestaban más a ser ejecutadas en el clavicémbalo que en el órgano, a pesar de que el título no lo indicaba de una manera explícita. En esta obra se manifiesta una faceta caracte­rística de la sensibilidad de Frescobaldi: un colorido suave y a veces juguetón.

No podemos, pues, buscar en ellas la grandio­sidad meditativa de las Tocatas (v.), pero a pesar de ello encontramos una misma riqueza y modernidad armónica, con un sentido tonal quizás aún más límpido y más decididamente orientado hacia los modos «mayor» y «menor».

F. Fano

Partitas, Johann Sebastián Bach

Título de una serie de composiciones en forma de «suite», pero que se diferencian de ella por el número y la cualidad de las varias partes que la componen.

En efecto, la «Allemande», primera danza de las «suites», va siempre precedida aquí de una parte que no per­tenece a la danza. Johann Sebastián Bach (1685-1750) escribió tres partitas para vio­lín (en la en «re menor» está la famosa Chacona, v.), tres para laúd y siete para clavicémbalo.

Estas últimas, que son las más importantes y que se conocen también con el nombre de Suites alemanas, fueron escritas entre 1726 y 1730, y comparadas con las Suites francesas (v.) de 1722, acu­san mayor madurez al separarse de la forma de danza como era tratada por los músicos franceses contemporáneos.

La más notable de las Partitas es quizás la en «si bemol mayor», que se abre con un «Preludio» cuya construcción no es en nada inferior a los preludios más conocidos del Clave bien temperado (v.); es todo una imita­ción de partes y una persecución de ideas entre las dos manos, las cuales dan a este trozo un sentido de granítica construcción.

Sigue la «Allemande», página de verdadero virtuosismo. Menos compleja es la «Courante», la cual, sin embargo, requiere un estudio muy cuidadoso por parte de la mano izquierda. La «Sarabanda», como mu­chos adagios de Bach, está formada por un canto entretejido de muchos ornamentos, y apoyada en las armonías de sostén.

Dos minuetos, muy sencillos, preceden a la «Giga» final, otra página verdaderamente virtuosista. La Partita en do menor comien­za, en cambio, con una «Sinfonía» de ca­rácter casi solemne, seguida excepcional­mente de una fuga a dos voces; sólo como tercera parte viene la «Allemande». Otra anomalía es dada por la última parte, que es un «Capriccio» en vez de la «Giga» tra­dicional.

También ofrece particular interés la Partita en si menor, por su valor mu­sical, por su volumen (es la más larga y la más rica) y por lo excepcional de algunos trozos que la componen; en efecto, se inicia con una «ouverture» al estilo francés es­crita por Bach siguiendo los cánones de la forma en uso en Francia como preludio a los dramas líricos.

No tiene «Allemande» y se pasa acto seguido a la «Courante». Siguen dos «Gavotas» de construcción muy sencilla, que tienen un aire de estilo fran­cés. La «Sarabanda» va precedida de dos «Passepied» y seguida de dos «Bourrées» y de la «Giga», danza que habitualmente cerraba la «suite», pero que va, en cam­bio, seguida aquí por un «Eco», forma usada frecuentemente por los compositores fran­ceses del siglo XVIII.

Se puede decir que toda la Partita en si menor, desde el co­mienzo hasta el final, es un homenaje a la música francesa. Las demás Partitas no se separan mucho dé las aquí mencionadas, y son menos dignas de mención.

R. Malipiero

El Parto de la Virgen, Jacopo Sannazaro

[De Partu Virginis]. Poema latino en hexámetros, del humanista napolitano Jacopo Sannazaro (al­rededor de 1456-1530), editado en 1526; pero ya en 1523 se había dado al público, sin permiso del autor, un canto no corre­gido aun definitivamente.

Esta obra se pro­pone hablar dignamente del misterio de la Redención cantando el Natale (la Nativi­dad, llamado así comúnmente aun hoy día) al modo épico de los clásicos. El poeta invoca a los habitantes del cielo y hasta a las ninfas para que le ayuden en tan grande empresa.

El Padre Eterno, viendo que los tiempos estaban ya maduros para redimir a la humanidad, envía al arcángel Gabriel para anunciar a la Virgen su vo­luntad. La misteriosa concepción conmue­ve al mundo de la naturaleza y de los hombres.

Siguen, como en el relato evan­gélico, la visita de María a Isabel y el nacimiento de Jesús en Belén. Cantos de júbilo de ángeles y pastores honran al Niño en el pesebre.

Hasta el numen del Jordán rodeado de bellas ninfas, al modo del Pro­teo de las Geórgicas (v.), anuncia que sus aguas un día serán más famosas que el Nilo y el Tíber, por el bautismo del divino Maestro de manos de Juan Bautista.

El gran modelo de la Eneida (v.) virgiliana es seguido por el autor con fidelidad y sencillez, pero la obra, en su conjunto, re­sulta artificiosa por la mezcolanza de mito­logía pagana y de narración evangélica.

Sannazaro creyó ennoblecer el desnudo re­lato del Nuevo Testamento amplificándolo en un poema según las reglas de la épica, y al hacerlo así reconocía que la devota comprensión de los misterios de la fe era en él insuficiente para inspirar por sí sola una obra de poesía.

El acuerdo entre el mundo pagano y el cristiano no se efectúa en su poema, porque en la base de su unión hay un equívoco: el de querer ensalzar el mundo cristiano por medio de las for­mas más sentidas y más amadas por el poeta, esto es, las paganas.

C. Cordié

Sannazaro sorprende con la vida serena y majestuosa de su verso, en el cual entrelaza un mundo de cosas cristianas y paga­nas con el valor plástico de las descrip­ciones, con la exquisitez perfecta de su trabajo. (Burckhardt)

El Parto de la Virgen, la más elegante y atractiva composición del poeta. (A. Baldini)

Elegantísima teoría de hemistiquios clá­sicos.  (F. Flora)

El Partido Liberal: su programa y su porvenir

[Le partí libéral: son programme et son avenir]. Obra política de Édouard-René Lefebvre Laboulaye (1811- 1883), publicada en 1863.

Representa aún hoy una síntesis notable del espíritu moral francés de matiz radical, que a través de revoluciones y diversos regímenes perse­guía afanosamente la libertad de los prin­cipios. El autor aclara en esta obra la po­sición del ciudadano que, recordando el 1789, afirmación imperecedera de la histo­ria de la Francia moderna, intenta alcan­zar su ideal político y social.

Sobre las libertades individuales y municipales, so­bre el sufragio universal, sobre la libertad de culto y de asociación, de iniciativa y de prensa, quedan fijados los principios del liberalismo, en la misma atmósfera de la vida política de aquel Napoleón III que querrá luego, como remedio extremo, se­guir el camino indicado por sus adversa­rios en su tentativa de establecer un Im­perio liberal.

C. Cordié