Gerolamo Frescobaldi (1583-1643) da este título a varias series de piezas con ritmo de danza, en forma aproximada de variaciones, publicadas en el primero y segundo libro de Toccate e partite d’intavolatura di címbalo, en Roma, 1614 y 1627.
Una selección con notación moderna se encuentra en la antología El’ arte musical en Italia [L’arte musicale in Italia], de Luigi Torchi, iniciada en Milán en 1897. En la «partita» las formas de danza preferidas por Frescobaldi son la «Courante», la «Gallarda» y la «Passacaglia», todas ellas en compás ternario simple o compuesto (3/4, 3/2 ó 6/4); las dos primeras de ritmo vivo, la última más lenta y severa.
A veces se suceden varias danzas del mismo género, desarrolladas sobre temas parecidos o iguales, subdivididas por algún «Balletto» en ritmo binario, a menudo seguido por alguna otra danza; otras veces alternan danzas diversas.
Tenemos entonces el inicio de la forma de «partita» o de «suite», que más tarde será desarrollada por Johann Jakob Froberger (1616-1667), alumno del mismo Frescobaldi, y llevada a su punto culminante por Johann Sebastian Bach.
Una estructura parecida se encuentra en algunas Partitas del primer libro, que llevan el nombre de Caprichos (v.), y que presentan un carácter de variaciones más preciso que las otras; por ejemplo, el «Capricho sobre la batalla», donde después de episodios en forma de marcha militar encontramos un «Balletto», una «Chacona», una «Courante» y otra «Chacona».
Es también característica el aria llamada la «Frescobalda», formada por un tema con cinco variaciones, de las cuales la tercera lleva la indicación de «Gallarda», la quinta de «Courante»; aunque no lleve el nombre de partita, aparece como una particularísima variedad del mismo género, en el cual pueden notarse influencias de formas análogas inglesas y flamencas, pero asimiladas y superadas; especialmente la fusión del principio de la variación con el carácter de danza, es considerada como un hallazgo de Frescobaldi.
Las Partitas y, en general, las formas de danza de la época, se prestaban más a ser ejecutadas en el clavicémbalo que en el órgano, a pesar de que el título no lo indicaba de una manera explícita. En esta obra se manifiesta una faceta característica de la sensibilidad de Frescobaldi: un colorido suave y a veces juguetón.
No podemos, pues, buscar en ellas la grandiosidad meditativa de las Tocatas (v.), pero a pesar de ello encontramos una misma riqueza y modernidad armónica, con un sentido tonal quizás aún más límpido y más decididamente orientado hacia los modos «mayor» y «menor».
F. Fano

