Pasionario, Garioponto

[Passionarium]. Obra enciclopédica de Garioponto o Garimpoto (m. hacia 1050), escrita en 1040 y publicada en Lyon en 1526.

Es un resumen de escri­tos de autores antiguos, especialmente de Galeno e Hipócrates, además de Teodoro Prisciano, Alejandro, Basilio y Teodosio.

Constituye un catálogo de enfermedades, re­dactado con el propósito de ofrecer un tra­tado general de patología medicoquirúrgica, dividido en cinco libros. El primero trata de los elementos; el segundo, de los humores; el tercero, de las orinas; el cuarto, del pulso, y el quinto, de las inflamaciones.

Al final se añade un pequeño tratado sobre las fiebres, dividido en tres libros. Mientras que el autor se extiende en la descripción de las enfermedades, alude sólo de pasada a las intervenciones quirúrgicas, sobre todo a su técnica y a los procedimientos que hay que seguir, demostrándose muy reacio a la operación, pues a ésta prefiere las medi­cinas internas.

No se le puede reprochar tal aversión, habida cuenta del tiempo en que vivió y el ambiente en que desarrolló su obra, que refleja el rumbo principal­mente terapéutico de la escuela de Salerno. Así vemos que en la calculosis renal y vesical, cuyos síntomas describe con exac­titud, no aconseja la litotomía y la nefrotomía, sino que confía en la cura médica a base de laxantes, compresas y disolventes.

Una particular atención merecen los capí­tulos sobre las afecciones de las vías uri­narias, la gangrena, los tumores e inflama­ciones, siendo notables principalmente los varios diagnósticos diferenciales. En cuanto a las fiebres, las divide, siguiendo la con­cepción galénica, en tres especies, según la alteración sea «de los espíritus, de los humores y de los sólidos», con terapéutica basada sobre el principio de «contraria contrariis».

A pesar de que el Pasionario es obra de compilación, Garioponto aporta observaciones y enseñanzas personales. Fue uno de los primeros que reconoció la bené­fica acción del arsénico en ciertas formas maláricas, incurables con la quinina. Ra­cional en las aplicaciones terapéuticas, pers­picaz en la indagación de los síntomas, esquiva el empirismo propio de los autores contemporáneos que descuidaban la inda­gación etiológica, como si no tuviera nin­gún valor clínico, y recomienda con insis­tencia tal indagación como indispensable para el diagnóstico y la terapéutica.

Desde el punto de vista de la lengua, la obra de Garioponto tiene indiscutible mérito, ya que encontramos en ella muchas palabras grie­gas y latinas vulgarizadas, que pasaron más tarde al lenguaje médico moderno; por ejemplo, cauterizar, cicatrizar, gargarizar, vaporizar, clisterizar, etc. Texto de carácter didáctico, el Pasionario no presenta ningún rastro de influencia árabe, lo que de­muestra la continuidad de la tradición clá­sica en el primer período de la escuela de Salerno.

G. Rignani

Pasionarias, José María Vargas Vila

Versos del colombiano José María Vargas Vila (1860-1940), publi­cados en 1885. Es su primer libro de poe­sía, con el que su fama traspasó los lími­tes de su patria.

Rubén Darío no había aún publicado Azul (v.), y la novedad de Var­gas consistía en la exuberancia sensual y de imágenes, afín a la de su coetáneo D’Annunzio. Su imaginación, ricamente do­tada, está como ofuscada por una abra­sadora pasión.

Rebelde y desenfrenado, encuentra a veces, en los acentos de un pesimismo acre, notas inesperadas de calor humano. Su actitud le ocasionó largos y re­petidos destierros y ostracismos, de los que sacó abundantes motivos de inspiración, especialmente en sus novelas.

El tema do­minante en sus versos, que alternan en endecasílabos, alejandrinos y versos libres, es una orgiástica, barroca, ampulosa y vo­luptuosa exaltación de todos los placeres inalcanzables; una orgía de canto, una «sinfonía de la vida».

En tono menor, y con características propias, es paralelo a las Laudas (v.) de D’Annunzio, de las que le separa básicamente un cierto pesimismo congénito.

U. Gallo

Paseos por Roma, Stendhal

[Promenades dans Rome]. Obra de Stendhal (Henri Beyle, 1783-1842), compuesta en París y publicada en 1829.

Bajo la estructura de un libro de viaje, acomodado al fin de servir de guía a los extranjeros que visitan la ciudad, el escritor recoge sus más vivas impresiones y fantasías acerca de Italia; y a continua­ción de algunos de sus anteriores y agrada­bles cuadernos de notas, como Roma, Nápoles y Florencia (v.) y también Vida de Rossini (v.), funde su nostálgica admiración por el país de la inteligencia y del amor, de la música y de la pasión. Stendhal, que afirma haber visitado seis veces la ciudad, en medio de tantos paseos quiere invitar también a los demás a que gocen de su mismo deleite.

Aunque el autor afirma equivocadamente que había vivido en ella desde el agosto de 1827 a 1829, sus numerosos viajes desde 1811 a 1827 le ofre­cieron una buena ocasión para hablar de ella como entendido y hombre de buen gusto que sabe coger ‘ al paso lo que le agrada; la misma preparación informativa acerca de las obras de los historiadores, de los arqueólogos y de los viajeros, da a su narración el carácter de realismo que es necesario para una buena guía.

Lugar por lugar, de galerías a iglesias, palacios, jardines y villas, Stendhal hace de cicerone avisado y sagaz; pero todo su relato, aunque amablemente desigual y fragmentario, está entretejido de agudezas, disquisiciones sobre temas de arte, de política y de amor. El lector aprecia en esta obra una serie infinita de observaciones precisas y pun­tuales, acerca del estado de Italia y parti­cularmente de Roma, centro ideal del arte y de la alta sociedad, y ve como un país soñado y querido se torna motivo íntimo y sentimental para el escritor.

Stendhal quería dar a conocer la pasión de los habi­tantes, su necesidad de enmascarar el espí­ritu para vivir bajo gobiernos tiránicos, y la gracia encantadora de las mujeres; pero en el momento en que preparaba un libro que sirviese de guía a los espíritus selectos diseñaba idealmente una nueva senda para su ideal de vida: y, diez años antes de su novela La Cartuja de Parma (v.), trazaba algunos caracteres singularmente patéticos y, al mismo tiempo, una visión aguda de la sociedad romántica, carbonaria y divertida del principio del Ochocientos italiano.

C. Cordié

El Pasional, Anónimo

[Dos Passional]. Es la más extensa colección alemana de leyendas sagradas compuesta en forma de poema, con cien mil versos, en alemán medieval, por un eclesiástico del «Deutsch orden» hacia 1300. Contiene toda la vida de María y de Jesús, con numerosas leyendas inter­caladas; la vida de los apóstoles, de los evangelistas, de San Juan Bautista y de la Magdalena, y además la vida de setenta y cinco santos. Sus fuentes son la Leyenda áurea (v.) de Jacobo de Vorágine (hacia 1263-1288). El estilo está animado por un vivo entusiasmo, de modo que la materia se funde en una unidad de poema épico, cuyo centro es la Ciudad de Dios. Del Pasional existe también una redacción en prosa del siglo XV.

M. Pensa

Paseos Literarios, Rémy de Gourmont

[Promenades littéraires]. Título que Rémy de Gourmont (1858-1915) dio a los ensayos y artículos que, como fruto de sus actividades de cri­tico, publicó, en cinco volúmenes, en el último decenio de su vida, de 1904 a 1913.

Gourmont, que en la doble serie del Libro de las máscaras (v.) se presenta como cro­nista y testimonio del movimiento simbo­lista (v. Simbolismo), da aquí la medida de su valer en un campo mucho más vasto.

A la crítica sistemática y generalizadora de Taine y de Brunetiére, oficiosa y solem­ne, opone las libres reacciones de un espí­ritu anticonformista, tentado por todos los problemas y pronto a encararse con ellos desde un punto de vista original, sin pre­ocupaciones de principios ni de sistemas.

Hombre de rara y curiosa erudición, aman­te de las paradojas, enemigo de las frases hechas y de los juicios comunes, va desde la observación lingüística y el análisis esti­lístico más refinado a la investigación psi­cológica sutil y paradójica, con una cons­tante tendencia a desembocar en el ensayo moralizador.

Su obra, que, típicamente, se desarrolla entre los confines del natura­lismo y del simbolismo, refleja fielmente las corrientes espirituales de la época sin vincularse a ninguna. No reniega del rea­lismo, pero prefiere remontarse a Flaubert; no ignora ningún secreto de la poética sim­bolista y se complace en aplicarla a la in­vestigación literaria, cultivando los impre­vistos descubrimientos de la analogía y dedicándose con morbosa pasión a la «diso­ciación de las ideas».

Aunque se ocupe preferentemente de prosistas y poetas de la segunda mitad del siglo XIX (Renan, Flaubert, Mérimée, Baudelaire, D’Aurevi­lly, Mallarmé), se detiene con agrado en todas las épocas, ante cualquier problema: habla de Stendhal y Shakespeare, de Ra­cine y Molière, de La Fontaine, del tea­tro del siglo XVII, de la poesía en la época de la Revolución, de la influencia de la literatura inglesa en Francia, de las rela­ciones entre el latín y el francés.

Discute con Nietzsche sobre el amor; intenta rei­vindicar a un poeta menor del siglo XVII (D’Esternod) ; analiza el Roman de la Rosa (v.); hace un balance de la cuestión homé­rica; pasa de Madame de Staël a Casanova y al Gongorismo (v.); se remonta hasta Abelardo; vuelve a los modernos, a los últimos contemporáneos, y señala el ima­nimismo del joven Romains, admira la lí­rica de Paul Fort, señala los claros signos del futuro talento de Colette…

Todo ello siguiendo los caprichos de la ocasión y de su profesión de crítico. Insistiendo sobre los temas más extraños e inusitados, por horror a los caminos trillados y al conven­cionalismo, prefiriendo los azarosos ara­bescos de la fantasía a las rigurosas líneas de la lógica tradicional, Rémy de Gourmont es un crítico engañador y precioso al mismo tiempo: rico tanto en descubrimien­tos ocasionales y sutiles novedades como en extravagantes paradojas.

Si altera las proporciones y se complace en deformar las figuras de segundo plano, encuentra, a menudo, destellos de luminoso buen sentido ante los temas más grandes. Su mental queda fielmente expresada en un estilo elaborado y refinado, agudo y epigramá­tico, lleno de humor y de caprichosos aban­donos. Es una crítica que, por su rebuscada elegancia, por su mentalidad y sus actitu­des más que sus juicios, refleja toda la cultura de una época, el gusto del «liberty».

M. Bonfantini

Uno de aquellos libros por medio de los cuales el lector adquiere conciencia de su propia época. (A. Gide)