Gustave Aimard

(Olivier Gloux). Nove­lista francés. N. en París en 1818, m. en el asilo de Sainte-Anne, el 20 de junio de 1883.

Sus novelas de aventuras, llenas de vida y de imaginación, son la imagen de su animada existencia. Embarcado como gru­mete, navegó por los mares del Norte y más tarde hizo la travesía del Atlántico, hasta Río Janeiro.

Nuestro autor, que pasó largos años en Norteamérica, especialmente entre los pieles rojas y que participó en la expedición de Sonora (México) con Raousset-Boulbon, sentía la «añoranza de las saba­nas». Decepcionado -de nuestra civilización, en sus novelas, de títulos evocadores, exaltó la vida libre y audaz de los hombres de acción en lucha con la naturaleza.

Entre sus libros de ficción cabe mencionar: Los buscadores de pistas (1858), Los piratas de las praderas (1859), La fiebre del oro (1860), La selva virgen (1870), Los bandidos de Arizona (1882, v.), etc. Son también dig­nos de nota sus relatos de viajes: Por tierra y por mar (1878), Mi último viaje: Brasil desconocido (1886).

Aimeric de Pegulhan

N. a finales del siglo XII en Toulouse, hijo de un comer­ciante de telas oriundo de Pegulhan, en el Alto Garona; m. en 1228.

La muerte del ma­rido de una dama tolosana, su primera musa, lo llevó a Cataluña, junto a Guilhem de Berguedán; de allí marchó a Cas­tilla, donde fue acogido por Alfonso VIII y por el infante don Fernando, quienes le donaron vestidos, arreos y dinero; estuvo después en la corte de Pedro III de Aragón y en la de don Diego López de Haro, gran señor de Vizcaya.

Más tarde — no se sabe cuándo — pasó a Italia, y las primeras noti­cias seguras lo sitúan en la corte de Azzo VI de Este en 1212, a la muerte del marqués y su fiel amigo y aliado, conde Bonifacio de San Bonifacio de Verona, llorados por el trovador en dos desconsolados sirventesios.

En esta corte de Este permaneció largo tiempo, durante el breve señorío de Aldo- brando y durante el de Azzo VII, celebrando por entonces a la bellísima Beatriz, hija de su señor. Frecuentó también la corte de los Malaspina, y lamentó la muerte de Gui­llermo, acaecida en 1220, después que el marqués regresara de Cerdeña.

Cantó la vuelta a Italia del emperador Federico II (v. Poesías), pero no estuvo nunca en su corte. Vivió hasta su muerte en Italia sep­tentrional y estuvo en la corte de Guiller­mo IV de Monferrato, y también en Rávena con los condes de Traversari. Un biógrafo afirma que era voz pública que murió «en herejía».

G. R. Sarolli

Ernst Ahlgrén

Seudónimo de la es­critora sueca Victoria Benedictsson; n. el 6 de marzo de 1850 en Bruzelius, en Esca­ma meridional; m. suicidándose en Copen­hague el 21 de julio de 1888.

Se casó a los veinte años con un anciano, viudo con hijos, del que al cabo de un tiempo se se­paró. Dedicada a la literatura escribió una serie de breves relatos y croquis, más tarde reunidos en volúmenes: Páginas de Escania [Fran Skane, 1884]; Vida de pueblo y rela­tos breves [Folkliv och sma beráttelser, 1887], en los que describe la vida rural de Escania, que le era familiar desde la infan­cia.

Afectada por una enfermedad que la obligó a servirse de muletas, reanudó la escritora su actividad literaria publicando entre otros trabajos las novelas Dinero [Pengar, 1885]; La señora Mariana [Fru Marianne, 1887, v.], en las que las enton­ces discutidas relaciones entre hombre y mujer en el matrimonio son afrontadas en tácita polémica con el movimiento femi­nista y con el drama de Ibsen Casa de mu­ñecas (v.).

La fuerte y sincera sencillez de su estilo, evidente sobre todo en los rela­tos menores, la hizo muy popular en su tiempo, así como su trágico fin, en el que tuvo parte su amor no correspondido por G. Brandes.

M. Gabrieli

Jean Aicard

N. en Tolón el 4 de fe­brero de 1848, m. en París en 1921. Hijo de un literato que colaboró en la Enciclo­pedia de Pierre Leroux, revelóse como es­critor elegante, expresivo, con una espon­taneidad y un énfasis de indudable inspi­ración meridional.

Alcanzó amplia fama con Poèmes de Provence (1874), La chanson de l’enfant (1875), Maternité (1893), Jésus (1896); con las novelas Le roi de Camargue (1890), L’ibis bleu (1893), Diamant noir (1895), Maurin des Maures (1908).

Apasio­nado por el teatro escribió para la escena Pygmalion (1872), Mascarille (1873); una reducción de Otello (1882). Una composi­ción poética, Lamartine, le valió en 1883 un premio de la Academia Francesa, de la cual fue después miembro.

Su nombre ha quedado vinculado a Papá Lebonnard (1889, V-), un patético drama en alejandrinos.

L. Fuá

Juhani Aho

(Brofeldt). N. en Lapinlaliti (Finlandia central) el 11 de septiem­bre de 1861, m. en Helsinki el 8 agosto de 1921; es el más importante prosista fin­landés después de Aleksis Kivi.

Su padre era el pastor protestante del lugar, y el joven A. pasó la infancia y la adolescen­cia en estrecho contacto con la población campesina. Marchó a Helsinki en 1880 para matricularse en la Universidad; pero aban­donó los estudios para dedicarse por com­pleto a la literatura y al periodismo.

La intimidad con la familia Járnefelt, a la que se añadió una violenta pasión por la ma­dre de su coetáneo Arvid Járnefelt, con­tribuyó a hacerle entrar en las corrientes intelectuales entonces en boga. En aque­llos años conoció la nueva literatura no­ruega, Zola, Tolstoi.

En sus primeras narra­ciones se muestra decididamente natura­lista: una de ellas, excesivamente larga, El ferrocarril [Rautatie, 1884], figura entre sus mejores obras. A continuación publicó la novela La hija del sacerdote [Papin tytár, 1885], análisis psicológico tendencioso de la burguesía.

Un año de estancia en París le llevó a sentir la influencia de Maupassant, Daudet y Bourget. Al regreso a su patria empezó a publicar en los perió­dicos con el título de Virutas [Lastuja], cosas vistas, bocetos y recuerdos, reunidos en ocho volúmenes, de 1891 a 1921.

De 1893 es la novela La mujer del sacerdote [Pa­pin Rouva], que recuerda los modelos de la narrativa escandinava, y de 1897 la no­vela histórica Panu, sobre el conflicto, toda­vía vivo en el siglo XVII, entre creencias mágicas y cristianismo en los bosques de Finlandia.

A. volvía a las tradiciones del pueblo finlandés, siguiendo el espíritu ro­mántico-nacional de finales del XIX y co­mienzos del XX, e inspirado por los recuer­dos de sus primeros años vividos en medio de la silenciosa naturaleza nórdica. Así na­ció en 1906 otra novela histórica, que trata de la época comprendida entre 1840 y 1860, La primavera y la recaída en el invierno [Kevát ja takataivi], y en 1911 Juha (v.), admirable por la lograda fusión de elemen­tos realistas y románticos.

En las novelas sucesivas se observa ya el cansancio. A. pasó los últimos años de su vida dedicado a pescar y a modernizar la traducción de la Biblia.

R. Wis