N. a finales del siglo XII en Toulouse, hijo de un comerciante de telas oriundo de Pegulhan, en el Alto Garona; m. en 1228.
La muerte del marido de una dama tolosana, su primera musa, lo llevó a Cataluña, junto a Guilhem de Berguedán; de allí marchó a Castilla, donde fue acogido por Alfonso VIII y por el infante don Fernando, quienes le donaron vestidos, arreos y dinero; estuvo después en la corte de Pedro III de Aragón y en la de don Diego López de Haro, gran señor de Vizcaya.
Más tarde — no se sabe cuándo — pasó a Italia, y las primeras noticias seguras lo sitúan en la corte de Azzo VI de Este en 1212, a la muerte del marqués y su fiel amigo y aliado, conde Bonifacio de San Bonifacio de Verona, llorados por el trovador en dos desconsolados sirventesios.
En esta corte de Este permaneció largo tiempo, durante el breve señorío de Aldo- brando y durante el de Azzo VII, celebrando por entonces a la bellísima Beatriz, hija de su señor. Frecuentó también la corte de los Malaspina, y lamentó la muerte de Guillermo, acaecida en 1220, después que el marqués regresara de Cerdeña.
Cantó la vuelta a Italia del emperador Federico II (v. Poesías), pero no estuvo nunca en su corte. Vivió hasta su muerte en Italia septentrional y estuvo en la corte de Guillermo IV de Monferrato, y también en Rávena con los condes de Traversari. Un biógrafo afirma que era voz pública que murió «en herejía».
G. R. Sarolli

