Gambara, Honoré de Balzac

Narración de Honoré de Balzac (1799-1850), publicada en 1837. En Pa­rís, en 1831, el joven conde italiano Andrea Marcosini, en una modesta taberna frecuen­tada por compatriotas suyos, conoce a una mujer hacia la que le impulsa el más vivo deseo. Es la señora Mariana, esposa de un genial e incomprendido artista italiano, Girolamo Gambara. Para desviar a Mariana del hombre al que ella ama y admira, el joven se insinúa en su vida con propósitos de mecenas. Se da cuenta de que el artis­ta, persiguiendo quiméricas revoluciones ar­tísticas, compone una música que es un revoltijo de notas y disonancias, pero al mismo tiempo construye geniales instru­mentos capaces de una armonía superior y que, además, supera su loco extravío cuan­do se encuentra en estado de embriaguez. El joven mecenas cree poder curar a este auténtico genio y hace de los mejores vinos de Italia la más eficaz medicina. Pero cuan­do el artista se da cuenta de que todo aquello repugna a su compañera de penas y aspiraciones, prefiere retornar al amor de su mujer y de su arte. Mariana se fuga con Andrea Marcosini, convertido en su aman­te, para regresar seis años después, enve­jecida y embrutecida, siendo acogida por el artista, al que una vida siempre adversa ha reducido a músico ambulante.

Extraño relato en el que una vida claramente fan­tástica está trazada con los más exquisitos recursos de una técnica de naturalista, has­ta alcanzar aquella especie de «realismo má­gico» en el que Balzac fue maestro insuperado.

M. Bonfantini

Galigai, François Mauriac

Novela del gran escritor fran­cés, galardonado con el Premio Nobel, François Mauriac (n. 1885), publicada en 1952. La obra quiere reflejar — al decir del pro­pio autor — «el drama sexual del deseo que tropieza con la repulsión» y nos describe «un aspecto de la lucha entre los sexos raramente estudiado, porque ya a priori el pensamiento lo evita, mientras que el amor compartido es un cuadro que, desde que los hombres son hombres y necesitan ser amados, gusta mucho más».

Así, el autor nos presenta la repulsión que por Agathe Camblannes, a quien apodan Galigai, casi en el umbral de los treinta años, siente un hombre más joven de quien ella está profundamente enamorada. La novela nos presenta el drama de esta mujer aban­donada por su esposo, defraudada en su matrimonio — que no ha llegado a consumarse —, y obligada por las necesidades de la vida a rebajarse a hacer de institutriz. La ruina moral se junta a la ruina del amor. El tema central de la novela es la voluntad de esta mujer, su afán de posesión, su obs­tinación en el amor. Nicolás Plassac, para favorecer los amores de su amigo Gilíes Salone con la joven Marie Dubernet, simu­la estar enamorado de la institutriz de ésta, Galigai. Pero en Nicolás el juego adquiere una dimensión de problema de conciencia que le lleva a aceptar el compromiso, tanto por deber hacia Galigai como por fidelidad a su amistad con Gilíes. Aunque es éste un punto falso de la novela, el autor lo utiliza como recurso para plantear el problema psicológico. Cuando Nicolás abandona a Ga­ligai es entonces cuando siente la misterio­sa llamada de la gracia, de ese «alguien» que espera a Nicolás en el lugar en que el camino cruza el Leyrot. Y ese alguien es Dios. «Era necesario para ello — advierte Mauriac —, que antes se derrumbara el ído­lo, Gilíes Salone, era necesario que Nicolás se remontase por encima de las apariencias y de esa falsa imagen de sí mismo». [Trad. esp. (Barcelona, 1953) con el título Galigai].

El Gallo de Sócrates, Clarín

Colección de cuentos de Clarín (Leopoldo Alas, 1852- 1901), publicada el mismo año de su muer­te. La obra comprende quince títulos, en la mayoría de los cuales sigue su técnica peculiar de presentar un personaje para enfrentarlo después a una anécdota, siendo por lo general muy superiores los persona­jes a las anécdotas. Algunas de estas narra­ciones están más cerca del artículo de cos­tumbres que del cuento. Se ha señalado en el pensamiento de Clarín una evolución des­de el positivismo atenuado al espiritualismo; reflejo de esta última posición sería el cuento «El sombrero del señor cura», don­de se pone de relieve la existencia en la moda del pensar de una corriente espiri­tualista, pero al mismo tiempo afirma, cla­ramente, que él siempre ha seguido esa corriente; por lo demás, los cuentos no se­ñalan ningún cambio de estilo o contenido respecto a colecciones anteriores, siendo su conjunto inferior al de Pipó o El Señor y lo demás son cuentos.

Destacan: «El gallo de Sócrates», donde ataca, en la persona de Critón, a las religiones que traicionan a su fundador: «hacéis del muerto una momia para tener un ídolo»; «El rey Baltasar», en el cual nos presenta el mundo triste y mez­quino de un honrado empleado de una ofi­cina pública, al que un momento de poesía le cuesta la pérdida del «pan y la honra»; «El Cristo de la Vega… de Ribadeo», acertado ataque a los ultramontanos por su exa­gerada retórica antiliberal, en el cual se presenta a Facundo Cocañín, personaje ri­dículo, periodista polémico, catedrático, hijo de un fabricante gallego de manteca, pro­veedor de todos los frailes, cabildos, obis­pos, monjas y familias creyentes de su tie­rra, que dedica su vida entera a la lucha contra todo sospechoso de relajamiento en materia de fe, empleando siempre como amenaza la condena eterna, pero al llegar la hora del Juicio Final su sorpresa es grande, pues ingresa en el infierno «que no existía antes, pero que se inventó para Facundo, que tanto lo había deseado… para los demás»; «El pecado original», cuento fu­turista, donde entre otras notas cómicas coloca a la humanidad ante un gran dilema: un solo hombre puede ser convertido en in­mortal, ¿a quién escoger? La envidia impide hallar la solución, «porque el pecado ori­ginal, el que priva al hombre de vivir sin morir, es el egoísmo, el desamor, la envi­dia. Y no el comer fruta verde»; «El entie­rro de la sardina», que destaca por la pin­tura de un ambiente de pequeña ciudad, un pueblo levítico, que al igual que sus habitantes sólo se abre a la luz y a la alegría en los días de Carnaval, y en un último estertor en la noche del Miércoles de Ceniza en que tiene lugar el entierro de la sardina. Los restantes cuentos reco­gidos son: «Tirso de Molina», «Un voto», «La médica», «Dos sabios», «En la drogue­ría», «Aprensiones», «En el tren», «La fan­tasía de un Delegado de Hacienda» y «Re­flejo»; en este último aparece una amarga queja, típica del noventa y ocho: «Yo tam­poco hago libros. Son inútiles. No los leen. No los saben leer».

S. Beser

Galería Histórica de Mujeres Célebres, Emilio Castelar y Ripoll

Obra del escritor y político espa­ñol Emilio Castelar y Ripoll (1832-1899), pu­blicada en Madrid en 1886-1889, en ocho volúmenes. Con su prosa ampulosa y alti­sonante, el autor dedica la totalidad del primer volumen al Prólogo, en el que expone el plan general de la obra y se extiende en prolijas consideraciones sobre el papel de la mujer en la Historia. En el volumen segundo figuran extensas semblan­zas biográficas de Eva, la mujer de Noé, Sara, María (hermana de Moisés) y la hija de Jefté. En el tercero van desfilando Urvasia, Natalikia, Damayantia, Kumarita, Kouanyin, Semíramis y Esther. El cuarto está dedicado al estudio de las figuras de Ceres, Dafne, Helena, Medea, Gorgo y las mujeres dorias, Atossa y Safo. En el quinto figuran Hero, Aspasia, Lysistrata, Olimpias, Dido, Egeria, Lucrecia y Virginia. En el sexto examina la personalidad de Veturia, Vesta, Cornelia y Porcia. En el séptimo figuran las semblanzas de Fulvia, Cleopatra, Julia y Livia. El octavo y último está dedicado, por entero, a la Virgen María.

J. Reglá

La Galería, Gian Battista Marino

[La Gallería]. Colección de poesías líricas de Gian Battista Marino (1569-1625), publicada en 1620. El poeta se propuso ilustrar dibujos, pinturas, escultu­ras, reales e imaginarias, ya compitiendo con las artes plásticas al describir escenas mitológicas o, tratando con el mismo gusto sensual, escenas y personajes de la his­toria sagrada, ya comentando a su modo la figura, los actos o las obras de los innu­merables personajes, antiguos y modernos — filósofos y poetas, guerreros y monjes, herejes y alquimistas, corsarios y nigro­mantes, mujeres «hermosas y virtuosas» y mujeres «bellas, impúdicas y pérfidas» —, cuyo retrato simula tener ante sí. En estos epigramas su gusto por la agudeza puede libre y caprichosamente manifestarse: val­ga el ejemplo de la canción sobre el poeta Nicolo Franco, ahorcado, que es todo un juego de pintorescas agudezas («Fue el universo mi sepultura / y de mi funeral fueron antorchas / absolutamente todas las estrellas»), y el soneto sobre el crítico del siglo XVI Ludovico Castelvetro, el cual dice de sí mismo que Dios no lo quiso tener presente en la creación del mundo, temeroso de sus censuras («Tal vez seguro en­tonces de haber sido corregido / y de que yo no encontrase / en el poema del mundo algún defecto»): diríase una caricatura de la crítica legislativa e inquisitiva del Re­nacimiento.

A causa de estas agudezas (también las hay que son muy desabridas), por el virtuosismo métrico y descriptivo, y por su novedad, la Galería gustó mucho a los contemporáneos del poeta y fue re­editada en el siglo XVII unas trece veces. Hoy se considera como un documento cu­rioso e interesante del gusto y de la cul­tura de un hombre y de una época.

M. Fubini