Siempre en capilla. (Lluisa Forrellad)

Siempre en Capilla. Luisa Forellada.

Ahora que andamos todos a vueltas con las novedades editoriales y con ganar un centímetro más de promoción para cada libro que sale, me ha dado por leer el premio Nadal de 1953, y me da también por comentarlo, convencido de que así no habrá quien diga que le hago el caldo gordo a esta o a otra editorial.

Lluisa Forrellat ganó el premio Nadal de 1953 con esta novela, que trata de las vicisitudes personales y morales de un grupo de médicos jóvenes que se ve enfrentado a una epidemia de difteria en la Inglaterra del siglo XIX. La novela, como muchas de las de su época, se inscribe en un realismo social muy acentuado, pero sin caer en ternurismos ni exageraciones. Es precisamente su sobriedad y la viveza del estilo lo que concede a esta obra una fuerza que la permite seguir siendo una lectura interesante casi sesenta años después.

Los personajes de la historia, sin ser tratados en profundidad, constituyen pinceladas suficientes para trazar un espacio, un espacio moral ante todo, en el que se debate sobre el sentido de lo que las personas anhelan, la necesidad de buscar una vocación o algo que llene la vida, y la enfermedad de la voluntad, convertida a veces en enfermedad física, que corroe las ganas de vivir a través de la apatía.

En algunos pasajes la novela tiene un ligero tinte gótico que la hace aún más atractiva, y hasta algún detalle policiaco, como el crimen que cambia el sentido de la trama de un modo que quizás hoy nos pareciese poco admisble pero que, en la época en que se escribió, era perfectamente ético.

Los enfermos viven o mueren con perfecta aleatoriedad, sin que podamos adivinar por las simpatías del narrador su destino, y eso siempre es de agradecer. Lo que no logra sobrevivir es la inocencia.

Para mí, Lluisa Forrellat está a la altura de Carmen Laforet, otra autora catalana mucho más conocida. De hecho, me cuesta trabajo entender por qué Forrellat es tan poco conocida en un momento en el que por razones extraliterarias se han traducido a tantos autores a las lenguas españolas minoritarias mientras que permanecen en el olvido autoras como esta, merecedora de más atención.

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El lunes empieza el sábado (Arkadi y Boris Strugatski). Un Harry Potter soviético para adultos

Fue Alberto López Aroca, volviendo de la Semana Negra de Gijón, quien me descubrió a estos autores., por lo que a la deuda de su amabilidad añado esta otra a mi cargo, con la firme intención de pagarlas ambas en cervezas cuando se pueda. Hablábamos en aquel momento de las distintas clase de fantasía y ciencia ficción, y alabábamos juntos la brillante inteligencia de los autores del Este, concretamente Stanislaw Lew y Karel Capek, muy superiores, a jucio de ambos, a otros escritores occidentales mucho más conocidos y más publicitados.

Y fue donde Alberto me preguntó si conocía a Efremov y a los hermanos Strugatski. A Efremov sigo sin conocerlo, aunque piense enmendar pronto el defecto, y a los hermanos Strugatski los conocí hace un par de semanas a a través de esta obra, tan demencial como espectacularmente ingeniosa.

Porque, por una vez, la solkapa de un libro decía la verdad: «UN HARRY POTTER SOVIÉTICO PARA ADULTOS». Poneos en mi lugar: lees esto, te enteras de que la novela fue escrita en los años cincuenta, en la época de Stalin, y te preguntas qué clase de locura te vas a encontrar entre las manos o qué clase de chiflado era el que escribió semejante comentario.

Pues resulta que los editores de Nevski Prospekt están perfectamente cuerdos y los que hacían equilibrismos contra la censura, contra las corrientes del momento y contra el sentido común eran los autores. Y el resulta es devastador.

Se trata de un programador mecánico y de automatismos que es captado para trabajar en la Academia Soviética de las Ciencias, departamento de Magia y Adivinación. Sí, habéis leído bien, y sí, se escribió en 1952.

La Academia Soviética de las Ciencias es un lugar muy organizado, con mucho  camarada del partido, mucho férreo funcionario y mucho formulario que cubrir, amén de infinitas reglamentaciones, lo cual se vuelve especialmente problemático cuando se trabaja en el departamento de magia y adivinación, donde a veces el partido toma cartas en el asunto y donde a veces te encuentras, (te lo encuentras tú, pero no la censura) con que lo más difícil de crear una moneda mágica es que no hay nada que comprar con ella en el comercio de la ciudad y es muy difícil probarla.

A eso podemos unir, por ejemplo, a un resucitado mago Merlín que está escribiendo la versión soviética de la leyenda del rey Arturo y describe cono la encallecida mano de un obrero emerge de un lago empuñado una hoz y un martillo, un ordenador que denuncia a los científicos al sindicato por explotación laboral y otras muchas irreverencias desternillantes, como la gran pregunta de si somos o no necesarios para nosotros mismos.

El conjunto es un camarote de los hermanos Marx de locura delirante, inteligente y perfectamente medida, donde todo se entrevé, nada se declara y donde tienes la impresiónd e que por cada hilo que coges se te escapan otros dos, ya sea en la descripción de un objeto, las alusiones a la mitología y la literatura rusas, la estupidez de los altos cargos, la vagancia de los trabajadores manuales, la desconfianza hacia los intelectuales y una larga lista de caracteres que, con ser ficticios, resultan a  veces más reconocibles que una  fotografía.

Una verdadera maravilla. No os lo perdáis.

 

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Defectos más comunes de una novela (VIII) El sendero lateral.

ojo al calcetín

Una de las peores cosas que le puede pasar a un relato es crear expectativas infundadas. A veces el autor no se da cuenta de que algo que ha dicho se ha fijado en la memoria del lector y parece más importante a sus ojos de lo que el autor quisiera. Esto ocurre muy a menudo en la novela negra y policíaca, donde el lector busca pistas en cualquier cosa que se le diga y el autor debe ser especialmente cuidadoso a la hora de no dejar pistas falsas, porque de lo contrario será tachado de tramposo y chapucero y la mayor parte de las veces ni siquiera será capaz de adivinar por qué.

Si estamos escribiendo una novela policíaca y tenemos a dos personajes hablando en una habitación o en un salón, tenemos que ser extremadamente cuidadoso con los 0objetos que describimos. Si se nos ocurre, por ejemplo, decir que había un calcetín debajo de la mesa, aunque sólo sea para acentuar el descuido de la estancia, lo más probable es que el lector piense que ese calcetín es una pista importante: que se lo olvidó el asesino, que corresponde a una víctima que aún no ha sido mencionada o que será un detalle importante en el resto de la trama.

El autor, el pobre, sólo dijo que la habitación estaba completamente desordenada, con tazas sin fregar, un cenicero lleno y un calcetín bajo la mesa, pero sin saberlo se ha metido en un buen lío, porque el lector va a seguir pendiente de ese calcetín durante doscientas páginas y cuando descubra que no vuelve a aparecer se va a sentir estafado.

En la novela hay que saber esconder datos y hay que saber mantener la atención del lector, pero teniendo el máximo cuidado con los senderos laterales que salen al paso de la historia principal, no vaya a ser que el lector decida seguirlos y acabe perdido o despeñándose por el acantilado de la irrelevancia.

Toda precaución es poca.

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Defectos más comunes de una novela (VII) El autor sin palabras.

Cuando el silencio pesa...

Sí, es bueno que de vez en cuando el personaje se quede sin palabras, que no sepa cómo describir lo que siente o que no sepa reaccionar ante la gravedad o la enormidad de lo que se le dice, pero los que nos dedicamos a esto de componer historias sospechamos a menudo que el que se ha quedado sin palabras es el autor, porque resulta mucho más fácil y mucho menos arriesgado escribir el personaje del hombre tranquilo, a lo John Wayne, que ni opina ni explica y simplemente impone a mamporros su opinión, que el personaje que tiene que razonar y explicar las reacciones de su carácter.

Opinar, aunque sea pro boca de un personaje, es comprometerse. Dar razones es asumir riesgos, y a muchos escritores les gusta que se asuma la opinión o el modo de actuar de su personaje sin más, sin que se le pueda refutar, y sin que el modo de describir sus vivencias o sus sentimientos lo califique más allá´de lo desea. A muchos autores, en suma, lo que les joroba es trabajar y asumir riesgos.

El personaje, entiendo yo, debe tener apariencia de ser humano y no bajarse de un árbol, tampoco en lo intelectual o en lo anímico. El personaje no se puede quedar sin palabras aunque calle. Puede no responder nada, puede bajar la cabeza y asumir lo que se le dice, pero el narrador, sustituyéndolo, debe decirnos qué es lo que piensa, cómo razona, y por qué calla. De lo contrario, nos veremos en la obligación de decir que la novela es endeble, el personaje no se aclara y la historia no se sostiene.

Un escrito se puede quedar sin folios, pero no sin palabras, carajo.

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Morfina, de Mijail Bulgakov. La Medicina en los Libros y Literatura.

Morfina, de Mijail Bulgakov

Mijaíl Bulgákov (Breve reseña biográfica)

Nació en Kiev en 1891.  Estudió medicina y durante algún tiempo trabajó como médico rural.  A partir de 1921, cuando se instaló en Moscú, fue colaborador de numerosos periódicos y revistas.  Es autor de La guardia blanca (1924), Corazón de perro (1925) y El maestro y Margarita (1928-1940), además de La novela teatral (1936-1937) y numerosas obras de teatro, entre las que se encuentran La isla purpúrea (1927), El departamento de Zoia (1926) y La huida (19261928). Bulgákov murió en Moscú en 1940.
MORFINA consta de los siguientes relatos:
La toalla con el gallo rojo: Amputacion de la pierna de una bella joven herida por una agramadera del lino. La garganta de acero: Niña con difteria y traqueostomía. Bautismo de fuego: Parto en presentación transversal. La tormenta de nieve: Accidente en una dacha lejana. Fractura de la base del cráneo de una recién casada. No se pudo hacer nada. Tinieblas egipcias: Ignorancia de la gente: Una mujer se toma de golpe un frasco de belladona,… otro hombre casi muere al tomar 10 sobres de quinina juntos. Un ojo desaparecido: Errores y humildad: abceso en el ojo de un niño. La muela que extrajo y la fractura del alvéolo mandíbular. La erupción estrellada: «Ella» es la sífilis secundaria, en gente que desconoce cómo son las lesiones de la sífilis primaria. No tto. con mercurio. Descubre su nueva vocación: luchar contra las enfermedades de transmisión sexual. Morfina: Proceso de adicción inadvertida de un compañero, médico rural.  Reseña de «MORFINA» (de la contraportada del libro):
En vida de Milaíl Bulgákov difícilmente alguien se habría atrevido a considerarlo un «clásico» de la literatura rusa, ya que, después de haber gozado de un brevísimo período de éxito durante la década de los veinte, Bulgákov fue víctima de constantes calumnias políticas por parte de las autoridades soviéticas. Los últimos diez años de su vida vivió condenado al silencio y al olvido; parecía que su nombre se hubiera borrado de la literatura. Hoy, Bulgákov se encuentra en un nivel parecido al de Turguéniev, Tolstói o Chéjov.
Los relatos reunidos en este volumen pertenecen al ciclo «Notas de un médico joven». Todos están basados en experiencias reales del propio Bulgákov, que durante años ejerció como médico rural en la provincia de Smolensk. «Morfina», el relato con el que culmina este ciclo, también nació a partir de un hecho real: la adicción del autor a la morfina, con la que logró romper hacia 1919. A pesar de que los relatos se remontan a los años 1916-1917, en ninguno hay indicios del paso de la revolución por las aldeas y el campo. Mijaíl Bulgákov es aquí un médico joven que duda de sus conocimientos y de su habilidad, pero que demuestra estar lleno de energía para luchar en contra de la inercia y la incultura. Pero el lector no se encuentra frente a un hombre culto que se hunde en las rusas «tinieblas egipcias», sino ante un héroe que encaja perfectamente en el engranaje de la vida social rusa de aquella época. Bulgákov, el médico joven, el narrador y personaje principal de este libro, no relata, sino que describe los hechos con un extraordinario talento de narrador. Estructura narrativa:
Todos los cuentos vienen a tener casi la misma estructura narrativa, lo que podía pasar más inadvertido al haber sido publicados los relatos de forma aislada y no reunidos como en esta edición.
El protagonista es un médico rural en el año 1917, el año de la revolución rusa: es el «camarada Doctor»,… pero también el «padrecito» de los campesinos que acaban de dejar de ser siervos.
El brusco paso desde los pupitres de la facultad, de las clases en el anfiteatro y las matrículas en las asignaturas, pero sin ninguna experiencia práctica (sólo haberlo visto hacer alguna vez), a la soledad de la consulta rural.
Sólo ante todas las dificultades.  Los terrores de que vengan situaciones difíciles y no estar a la altura: un parto, una hernia estrangulada.
Necesita demostrar ante los pacientes que él no es inexperto y joven.  En las situaciones difíciles, siente primero miedo y, luego, una extraña seguridad.
Casi todos los casos se le dan bien (menos una fractura de cráneo en una recién casada).
Adquiere mucha fama tras los primeros casos quirúrgicos resueltos con éxito.
Enorme trabajo, de sol a sol (más de 100 pacientes diarios; más de 15.000 vistos en el primer año.
Soledad en la nieve, las tormentas, los lobos, el trineo.
Hospitales con un enfermero y dos matronas.  Pocos medios (?), aunque el apartamento del médico es cómodo y con servicio doméstico.
Lejos de la civilización.
Enfrentarse a la ignorancia de la gente. No entienden que lo que quiere hacer «es por su bien».
Sorprende, en aquel tiempo, la necesidad de obtener el consentimiento del paciente antes de determinados procedimiento («¡No doy mi consentimiento!»).
«Qué bueno era el médico que se fue» (era un buen cirujano, tenía mucho instrumental y muchos libros).
El sueño, siempre presente… con brusco despertar a media noche, buscar información en los libros mientras preparan al enfermo, la importancia de estudiar y estudiar.
Al final de cada cuento, el sueño reparador.

Ed Anagrama. Colec Panorama de narrativas, nº 238. Barcelona. 1ª ed, 1991.
Traducción del ruso:  Selma Ancira.
Título original:  Morfi (1927).
Autor de la reseña: Asclepio. Médico de Familia.
Esta reseña apareció originalmente en http://www.fisterra.com/human/1libros/no_ficcion/morfina.asp pero la página no está disponible y hemos decidido rescatarla por su interés.

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