Neuromante (WILLIAM GIBSON)

Neuromante

«El cielo sobre el puerto era del color de la televisión, sintonizada en un canal muerto.»  El primer enunciado de la novela de Gibson es-tablece el tono de esta historia ultramoderna de gente que se mueve en un paisaje electrónico.  Siguiendo las huellas de Alfred Bester, William Burroughs y (tal vez) Samuel R. Delany, pero inspirándose en los sueños del Silicon Valley, el autor ha creado un thriller romántico y triste, tan actual como los juegos de vídeo, los trasplantes de órganos y la investigación sobre inteligencia artificial, todo lo cual tiene su papel en la narración.  Es un libro ágil, sólidamente escrito, ingeniosamente inventivo, ocasional-mente divertido y siempre poético, a veces desconcertante y tan bien ajustado como un circuito de microchip.

William Gibson (nacido en 1948) es un nuevo escritor nortea-mericano de cf, autor de unos cuentos breves muy prometedores que aparecieron entre otras revistas en Omni.  Neuromante (Neuromancer) es su primera novela, y tiene algunos de los defectos previsibles en un primer libro: efectos algo forzados y una complejidad excesiva que una y otra vez entorpece la línea narrativa.  Pero son defectos propios de una ambición auténtica y de un talento exuberante.  El héroe, Case, es un vaquero computerizado, con cultura callejera.  Gracias a la utilización de su sofisticado equipo electrónico del mundo del siglo XXI, es capaz de entrar en el «ciberespacio», un área donde la información acumulada de los circuitos de ordenadores del planeta adquiere una realidad aparentemente tridimensional.  Moviéndose en el ciberespacio, puede alterar los programas de computación y penetrar en la memoria de los bancos comerciales para robar valiosos datos.  Así se gana la vida.  La historia se inicia en Japón, en un mezquino submundo de traficantes de drogas y gente que se busca la vida por cualquier medio, donde Case ha sido exiliado como resultado de una grave transgresión.  Allí se encuentra con Molly, una mezcla de guardaespaldas y asesino, equipada con ojos artificiales y navajas implantadas bajo las uñas de los dedos.  Molly trabaja para una misteriosa agencia que desea contratar a Case y utilizar sus talentos contra las defensas de una inteligencia artificial.  Case se ve obligado a seguir adelante con el plan, y la acción se traslada a los Estados Unidos y luego a un inmenso habitat en el espacio exterior, una suerte de Las Vegas espacial.  Molly y Case toman contacto con una colonia anarquista de rastafarians que viven en órbita terrestre; tienen un altercado con un cuerpo de la policía cuya misión consiste en asegurar que la inteligencia artificial se mantenga dentro de ciertos límites, y finalmente penetran en la exótica casa de un multimillonario peligrosamente excéntrico.  Allí encuentran al ente electrónico inteligente que los ha estado utilizando para liberarse de todas las limitaciones humanas… Puede argüirse que, por debajo de su superficie de bravura, Neuromante es una obra bastante convencional de ficción popular.  Tiene un argumento sólido, elementos de misterio y mucha violencia.  Sin embargo, como ya he dicho, tiene también más de un toque de poesía.  Las imágenes de paisajes urbanos decadentes, sembrados de aparatos electrónicos que se han vuelto locos, son extraordinariamente vivaces e ilustrativas.  Muchos de los escritores contemporáneos de cf se dedican a la subcreación de mundos irreales, tierras semejantes al Oz de L. Frank Baum o la Tierra Media de Tolkien, y a los cuales sería un placer poder huir.  William Gibson tiene la valentía de intentar algo completamente distinto: su escenario de ficción es nuestro mundo de mediados de la década de 1980 elevado a la enésima potencia.  Al igual que toda la mejor ciencia ficción, Neuromante se refiere a la realidad, no a la fantasía, y si bien algunos de los recursos para atraer la atención pueden parecer forzados, también sirven, como un conjunto de espejos deformantes, para reflejarnos a nosotros mismos y lo que nos rodea.

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO: CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»Neuromante (WILLIAM GIBSON)»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «Neuromante (WILLIAM GIBSON)»

PDF


FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI

El cine español está prostituido

Hoy, como excepción, hablaremos de cine, o hablará Tinieblas González, el director más emblemático del cine gótico español. Colocamos aquí esta entrevista por su especial interés parea el mundo de la cultura, y proque lo que cuenta sobre el cine es muy aplicable a otros campos, como los libros.
No apta para ingenuos.

 


 

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO: CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»El cine español está prostituido»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «El cine español está prostituido»

PDF


FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI

El fin de semana (Bernhard Schlink). El terrorismo y la derrota

Ya lo sabéis: en esta web tenemos verdadera debilidad por Bernhard Schlink, un autor que se permite decir consas que nadie dice, de un modo absolutamente sutil, y con una fuerza narrativa difícil de de superar. Nos gustó en El Lector, nos gustó en la saga de Selb, y nos gustó aún más en El Regreso, una de las novelas más críticas con lo que realmente es la sociedad actual de las que hemos leído en los últimos años.

El fin de semana nos ha gustado también, aunque el tema nos resulte ya menos interesante, por razones de todo tipo.

La trama, siempre inquietante, aborda en esta ocasión el fin de semana que pasa un grupo de amigos para celebrar que después de veinte años uno de ellos ha salido de la cárcel, condenado por terrorismo. Se trata de aquellas bandas terroristas alemanas de extrema izquierda que operaron en lo años ochenta: la Fracción del Ejército Rojo, o Baader Meinhoff.

En otros tiempos, todos los que se reúnen este fin de semana participaron en el ideal de lucha revolucionaria, pero sólo uno de ellos acabó integrándose en el grupo terrorista y ahora se ve en la disyuntiva de reafirmarse en lo que hizo, aunque el fracaso haya sido absoluto y en todos los frentes, o renunciar a sus ideas de entonces, lo que equivale a reconocer que ha desperdiciado su vida entera, la de los demás, y todas sus oportunidades.

Hay que tener en cuenta para entender este libro que el fracaso de la extrema izquierda alemana bate absolutamente todos los records, porque no sólo no consiguieron nada con sus atentados terroristas, sino que además vieron como la alemania socialista, la RDA, se desmoronaba pro completo y se integraba en la República Federal. No sólo no pudieron hacer la revolución en la alemania Occidental, sino que vieron como la otra se pasaba al capitalismo.

Y esa es parte de la sutileza de esta novela, de esa sutileza venenosa a la que nos ha acostumbrado Schlink, porque los amigos se reúnen en una antigua casa solariega en Brandeburgo, en lo que fue  la RDA, y se reúnen para discutir si valió la pena su lucha revolucionaria cuando todo a su alrededor, desde la propia casa, a los caminos, a los tendidos de la lucha les dicen que el fracaso de su ideal no conoció límite alguno. En un momento dado alguien sugiere que bien podría reunirse con un grupo de ancianos nazis, porque sólo ellos entenderán su intento de justificarse en lo que fue una derrota sin paliativos.

Tratando de buscar una cara amable a la reunión, el grupo habla de lo que fueron aquellos tiempos, pero eso también les avergüenza, porque al fin y al cabo todos los integrantes de la célula revolucionaria eran hijos de buenas familias, salvo una de las chicas, que era hija de un humilde lechero y que, al tener que ganarse la vida y no disponer de tanto tiempo libre como el resto para dedicar a la revolución, se vio apartada del grupo. El apelativo de «la lecherita», con el que todos la conocían, pesa ahora sobre ellos como una losa.

Pero aunque es una novela de gran trasfondo político, no se trata de una novela política. El gran problema es el elemento humano. La vida perdida del terrorista, las vidas perdidas de sus víctimas, los intentos desesperados de algunos por seguir utilizando su imagen para continuar una lucha ya perdida, el rencor del hijo al que casi no conoció, y sobre todo, ante todo, el terror al tiempo perdido y la sinrazón de lo que no sirvió de nada.

 

Una gran novela.

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO: CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»El fin de semana (Bernhard Schlink). El terrorismo y la derrota»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «El fin de semana (Bernhard Schlink). El terrorismo y la derrota»

PDF


FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI

Criminología y mafias internacionales.

El crimen organizado transnacional, de Ricardo Magaz

El crimen organizado transnacional, de Ricardo Magaz.

El criminalista y escritor Ricardo Magaz acaba de firmar “Crimen Organizado Transnacional y Seguridad”, un volumen coral editado por el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado de la UNED, con la participación de la Sociedad Científica Española de Criminología.

La obra, coordinada y escrita por Magaz, junto a los también profesores y tratadistas María Teresa Cuesta, José Luis González, Lucio Toval, José Luis Morán y Jerónimo Martínez, se adentra en el fenómeno de la criminalidad organizada como hecho contemporáneo que trasciende fronteras mediante las tecnologías emergentes y la globalización, y donde los modus operandi se propagan interconectados con dinamismo por todo el planeta, incidiendo directamente en el concepto de seguridad, en sentido genérico del término, y acarreando serios peligros para la paz de las naciones.

Además del terrorismo y el narcotráfico, acaso las manifestaciones más severas del crimen organizado transnacional, los secuestros, la corrupción, la delincuencia de guante blanco, el ciberdelito, el crimen contra el medio ambiente, la piratería en los “ángulos ciegos de seguridad internacional y zonas al margen de la ley”, el lavado de dinero y legitimación de capitales, la extorsión o los tráficos ilícitos de material nuclear y biológico, armas, explosivos, seres humanos, drogas, vehículos, trata de blancas y materiales de doble uso son, entre otros elementos y tipologías, algunas formas de criminalidad globalizadas que por su virulencia constituyen una amenaza tangible para los Estados, y que en las páginas de “Crimen Organizado Transnacional y Seguridad”, Magaz se ha encargado, como profesor de fenomenología criminal de la UNED y varios de sus institutos de investigación, que sean analizadas con esmero multidisciplinar.

Este volumen viene a sumarse a la treintena de títulos de autoría propia y colectiva que Ricardo Magaz tiene en las librerías españolas, como los galardonados “El esclavo mundo de las drogas”, premio de ensayo 1998 o “La embajada”, novela negra que resultó finalista del Premio Nacional de la Crítica. Magaz preside actualmente la Sociedad Científica Española de Criminología.

Ficha técnica de la obra: “Crimen organizado transnacional y seguridad”. Ricardo Magaz (Ed.). Autores: María Teresa Cuesta, José Luis González, José Luis Morán, Jerónimo Martínez, Lucio Toval y Ricardo Magaz. Prólogo de Alicia Gil Gil. Materia: ensayo. D.L.: M-23282-2011. ISBN: 978-84-608-1221-0. Páginas: 300. Dimensiones: 18 x 25. Encuadernación: Rústica. Edita: Instituto Universitario “General Gutiérrez Mellado” de la UNED-Ministerio de Defensa www.iugm.es. Participa: Sociedad Científica Española de Criminología www.scec.es  Distribuye: Marcial Pons, S. A.

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO: CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»Criminología y mafias internacionales.»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «Criminología y mafias internacionales.»

PDF


FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI

Frankenstein y la literatura especulativa

Frankenstein como inicio de una nueva era

Antes de la aparición de Frankenstein  en 1818, la literatura especulativa (representada casi exclusivamente por la fantasía) adoptaba una forma alegórica o monitoria. Es decir, trataba de reinos imaginarios donde el orden social era distinto (y por deducción, más deseable) o moralizaba de acuerdo con las fábulas de Esopo o el teatro religioso medieval. Podía tener un filo violento, como la sátira social posee a veces y como ciertamente tiene la tragedia clásica griega. Pero en Frankenstein vemos algo más bien nuevo; vemos la simbología del horror gótico. Los componentes de Frankenstein que han pasado al folklore popular a través de las películas son los relacionados con el desentierro de los muertos, el acecho a medianoche, las injustas catástrofes que afectan a inocentes y la manipulación de fuerzas contrarias a la intercesión del hombre mortal. Es decir, lo que el pensamiento popular ha hecho con la supuesta ciencia ficción de la creación de Wollstonecraft es ocultar los elementos racionales técnicos y preservar los irracionales y terribles que luego reaparecerían en las obras de Poe y Hawthorne, M. R. James y Henry James en años posteriores del siglo diecinueve. Dichos elementos emergen de nuevo en la obra de H. P. Lovecraft (principalmente en sus relatos para Weird Tales, pero también para Astounding Stories) y en los escritos de sus numerosos protegidos jóvenes, entre ellos Henry Kuttner (que trabajó ampliamente para el efímero mercado de la revista de horror), Robert Bloch (autor de incontables fantasías góticas y suaves, y además de Psicosis) y otros escritores como el joven Theodore Sturgeon y el muy joven Ray Bradbury. Así pues, al mismo tiempo que toda la atención se centraba nominalmente en los elementos científicos y tecnológicos de la ficción especulativa, una tendencia muy fuerte continuaba volviéndose hacia el componente gótico de Frankenstein. Atrapados en el optimismo tecnológico de la ciencia ficción de mediados de siglo, los escritores del género de aquella época sólo escribían fantasía por gusto y muy de vez en cuando, y aceptaban con pesar que «la fantasía no se vende» y sospechaban que era un estilo muerto. Por fortuna, la fantasía se vende, actualmente, y en un análisis retrospectivo aquellos temores eran infundados. Si bien los relatos de Sturgeon, Bradbury y Bloch publicados por Weird Tales se consideraron entonces como inconsecuentes aberraciones de sus «verdaderas» carreras, siempre representaron en realidad raíces que se nutrían bajo tierra de una rica tradición. Cuando se describía a Lovecraft como un personaje secundario aunque idiosincrásicamente potente de la CF del siglo veinte, ese poder estaba obrando; la verdadera «idiosincrasia» estaba en el punto de vista sobre Lovecraft de mediados de siglo. Dicho punto de vista, tan firmemente establecido por Gernsback (que rechazaba cualquier relación entre su ciencificción y la «simple fantasía»), por Campbell (que no quería ninguno de aquellos visos místicos en su fantasía) y por los autores que ambos reclutaron y popularizaron, conservó su fuerza mucho tiempo después que su utilidad menguara. George R. R. Martin les dirá, por ejemplo, que la inspiración temática de En la Casa del Gusano procede de un cultivador del romance científico, H. G. Wells, y que comparte la imagen del sol agónico y rojizo de La Máquina del Tiempo. O eso, al menos, es lo que dijo Martin a muchos de sus colegas cuando escribió el relato, a finales de la década de 1970. Y es cierto, comparte esa imagen. Pero nadie que haya leído el relato y alguna obra de Lovecraft dudará del hecho que hay muchas más similitudes de disposición y de tono entre el relato de Martin y la penetrante visión que HPL extrajo de su amenazador universo repleto de muerte. Que Martin haya sido o no admirador de Lovecraft importa menos que el hecho que él es un artista y que en los años ochenta no hay duda del hecho que un punto de vista oscuro, acechante y mucho menos racional sobre el universo ha recobrado enorme popularidad entre los lectores de ficción especulativa. No es importante que Martin haya estudiado asiduamente a algún autor de fantasía. Lo único importante para él es que ha llegado a ser un autor de anormal sensibilidad y talento. La ficción especulativa contiene en sí misma la conexión horror-fantasía, enraizada en muchas cosas más aparte de la tecnología, dotada de manantiales que nutren no sólo el mito

científico de Frankenstein, sino también el mensaje del miedo (quizá bastante justificado) a la eterna fragilidad del hombre apresado por fuerzas que ningún ser humano puede llegar a comprender o superar. Una y otra vez, la literatura especulativa ha producido nuevos talentos que trastornan previas ideas respecto a qué es la mejor literatura especulativa. De pronto, con la aparición de algunos relatos muy bien acogidos, obra de una mano hasta entonces desconocida, se hace patente que la literatura especulativa ha descubierto nuevas series de posibilidades. O que es el momento de volver a explorar, con un nuevo método, lo que se intentó hace tiempo. De pronto, es como si todo el mundo tuviera de repente la misma idea nueva. Al examinar el campo, los críticos más modernos describen lo que ven, y explican que era inevitable y que se trata de la forma más «correcta», más «pura». Pero no existen formas puras, y si las hay, jamás sabemos cuáles son, porque no aparecen en las partes racionales, mensurables del mundo. Surgen en lugares sombríos, y crecen en el cerebro de los artistas; dan forma al artista tanto como éste a ellas. Esto es tanto más cierto cuanto mejor y más armonizado esté dicho artista con los elementos esenciales. George R. R. Martin, nacido en 1948, publicó su primer relato de ficción especulativa en 1971. En la época de A Song for Lya (Canción para Lya), que obtuvo el premio Hugo en 1974, no había duda alguna del hecho que Martin era un talento de primera categoría, como también era indudable que se había salido de los caminos trillados, teniendo en cuenta cuál era la mejor literatura especulativa según los criterios de 1974. Este detalle no turbó a nadie, ni al autor ni a sus numerosos lectores entusiastas. Y a su debido tiempo, la definición de literatura especulativa cambió para adaptarse a Martin. Autor de novelas de fantasía tan recientes como Fevre Dream, Martin ha demostrado hacia dónde le había estado conduciendo su talento. A Song for Lya es un relato de ciencia ficción, publicado por la sucesora de Astounding, Analog Science Fiction, con algunos penetrantes visos del estilo fantástico de Weird Tales. Fevre Dream es una despiadadamente detallada novela de vampirismo, con algunos toques de tecnología. En menos de una década, Martin ha redefinido su idea particular sobre en qué hace hincapié un escritor de literatura especulativa. O, tal vez más exactamente, se ha aclarado más cuál había sido su idea desde el principio. Cronológicamente, Martin pertenece a la generación que precedió a la aparición de Stephen King y Peter Straub. En realidad, son contemporáneos temáticos, aunque Martin estuvo allí primero y hay que reconocer su cualidad de pionero tanto como su arte. Mediante cierto sutil proceso, la naturaleza de la ficción especulativa parece trastornarse a intervalos. Algo se agita en el nebuloso continuo del que proceden estilos narrativos y talentos para expresarlos. Al principio sólo aquí y allí, pero de pronto en todas partes, la literatura de especulación cobra un nuevo matiz. El libro que están a punto de leer contiene amplias pruebas de dicha transición, obra del primer autor importante de ese estilo que apareció en la literatura especulativa de los setenta y que ha florecido en los ochenta. Este libro representa un hito importante en la carrera del autor, y la mayor parte de los relatos que contiene no sólo son excelente ficción especulativa sino además faros del futuro.

Antes de su aparición en 1818, la literatura especulativa (representada casi exclusivamente por la fantasía) adoptaba una forma alegórica o monitoria. Es decir, trataba de reinos imaginarios donde el orden social era distinto (y por deducción, más deseable) o moralizaba de acuerdo con las fábulas de Esopo o el teatro religioso medieval. Podía tener un filo violento, como la sátira social posee a veces y como ciertamente tiene la tragedia clásica griega. Pero en Frankenstein vemos algo más bien nuevo; vemos la simbología del horror gótico. Los componentes de Frankenstein que han pasado al folklore popular a través de las películas son los relacionados con el desentierro de los muertos, el acecho a medianoche, las injustas catástrofes que afectan a inocentes y la manipulación de fuerzas contrarias a la intercesión del hombre mortal. Es decir, lo que el pensamiento popular ha hecho con la supuesta ciencia ficción de la creación de Wollstonecraft es ocultar los elementos racionales técnicos y preservar los irracionales y terribles que luego reaparecerían en las obras de Poe y Hawthorne, M. R. James y Henry James en años posteriores del siglo diecinueve. Dichos elementos emergen de nuevo en la obra de H. P. Lovecraft (principalmente en sus relatos para Weird Tales, pero también para Astounding Stories) y en los escritos de sus numerosos protegidos jóvenes, entre ellos Henry Kuttner (que trabajó ampliamente para el efímero mercado de la revista de horror), Robert Bloch (autor de incontables fantasías góticas y suaves, y además de Psicosis) y otros escritores como el joven Theodore Sturgeon y el muy joven Ray Bradbury. Así pues, al mismo tiempo que toda la atención se centraba nominalmente en los elementos científicos y tecnológicos de la ficción especulativa, una tendencia muy fuerte continuaba volviéndose hacia el componente gótico de Frankenstein. Atrapados en el optimismo tecnológico de la ciencia ficción de mediados de siglo, los escritores del género de aquella época sólo escribían fantasía por gusto y muy de vez en cuando, y aceptaban con pesar que «la fantasía no se vende» y sospechaban que era un estilo muerto. Por fortuna, la fantasía se vende, actualmente, y en un análisis retrospectivo aquellos temores eran infundados. Si bien los relatos de Sturgeon, Bradbury y Bloch publicados por Weird Tales se consideraron entonces como inconsecuentes aberraciones de sus «verdaderas» carreras, siempre representaron en realidad raíces que se nutrían bajo tierra de una rica tradición. Cuando se describía a Lovecraft como un personaje secundario aunque idiosincrásicamente potente de la CF del siglo veinte, ese poder estaba obrando; la verdadera «idiosincrasia» estaba en el punto de vista sobre Lovecraft de mediados de siglo. Dicho punto de vista, tan firmemente establecido por Gernsback (que rechazaba cualquier relación entre su ciencificción y la «simple fantasía»), por Campbell (que no quería ninguno de aquellos visos místicos en su fantasía) y por los autores que ambos reclutaron y popularizaron, conservó su fuerza mucho tiempo después que su utilidad menguara. George R. R. Martin les dirá, por ejemplo, que la inspiración temática de En la Casa del Gusano procede de un cultivador del romance científico, H. G. Wells, y que comparte la imagen del sol agónico y rojizo de La Máquina del Tiempo. O eso, al menos, es lo que dijo Martin a muchos de sus colegas cuando escribió el relato, a finales de la década de 1970. Y es cierto, comparte esa imagen. Pero nadie que haya leído el relato y alguna obra de Lovecraft dudará del hecho que hay muchas más similitudes de disposición y de tono entre el relato de Martin y la penetrante visión que HPL extrajo de su amenazador universo repleto de muerte. Que Martin haya sido o no admirador de Lovecraft importa menos que el hecho que él es un artista y que en los años ochenta no hay duda del hecho que un punto de vista oscuro, acechante y mucho menos racional sobre el universo ha recobrado enorme popularidad entre los lectores de ficción especulativa. No es importante que Martin haya estudiado asiduamente a algún autor de fantasía. Lo único importante para él es que ha llegado a ser un autor de anormal sensibilidad y talento. La ficción especulativa contiene en sí misma la conexión horror-fantasía, enraizada en muchas cosas más aparte de la tecnología, dotada de manantiales que nutren no sólo el mito
científico de Frankenstein, sino también el mensaje del miedo (quizá bastante justificado) a la eterna fragilidad del hombre apresado por fuerzas que ningún ser humano puede llegar a comprender o superar. Una y otra vez, la literatura especulativa ha producido nuevos talentos que trastornan previas ideas respecto a qué es la mejor literatura especulativa. De pronto, con la aparición de algunos relatos muy bien acogidos, obra de una mano hasta entonces desconocida, se hace patente que la literatura especulativa ha descubierto nuevas series de posibilidades. O que es el momento de volver a explorar, con un nuevo método, lo que se intentó hace tiempo. De pronto, es como si todo el mundo tuviera de repente la misma idea nueva. Al examinar el campo, los críticos más modernos describen lo que ven, y explican que era inevitable y que se trata de la forma más «correcta», más «pura». Pero no existen formas puras, y si las hay, jamás sabemos cuáles son, porque no aparecen en las partes racionales, mensurables del mundo. Surgen en lugares sombríos, y crecen en el cerebro de los artistas; dan forma al artista tanto como éste a ellas. Esto es tanto más cierto cuanto mejor y más armonizado esté dicho artista con los elementos esenciales. George R. R. Martin, nacido en 1948, publicó su primer relato de ficción especulativa en 1971. En la época de A Song for Lya (Canción para Lya), que obtuvo el premio Hugo en 1974, no había duda alguna del hecho que Martin era un talento de primera categoría, como también era indudable que se había salido de los caminos trillados, teniendo en cuenta cuál era la mejor literatura especulativa según los criterios de 1974. Este detalle no turbó a nadie, ni al autor ni a sus numerosos lectores entusiastas. Y a su debido tiempo, la definición de literatura especulativa cambió para adaptarse a Martin. Autor de novelas de fantasía tan recientes como Fevre Dream, Martin ha demostrado hacia dónde le había estado conduciendo su talento. A Song for Lya es un relato de ciencia ficción, publicado por la sucesora de Astounding, Analog Science Fiction, con algunos penetrantes visos del estilo fantástico de Weird Tales. Fevre Dream es una despiadadamente detallada novela de vampirismo, con algunos toques de tecnología. En menos de una década, Martin ha redefinido su idea particular sobre en qué hace hincapié un escritor de literatura especulativa. O, tal vez más exactamente, se ha aclarado más cuál había sido su idea desde el principio. Cronológicamente, Martin pertenece a la generación que precedió a la aparición de Stephen King y Peter Straub. En realidad, son contemporáneos temáticos, aunque Martin estuvo allí primero y hay que reconocer su cualidad de pionero tanto como su arte. Mediante cierto sutil proceso, la naturaleza de la ficción especulativa parece trastornarse a intervalos. Algo se agita en el nebuloso continuo del que proceden estilos narrativos y talentos para expresarlos. Al principio sólo aquí y allí, pero de pronto en todas partes, la literatura de especulación cobra un nuevo matiz.

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO: CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»Frankenstein y la literatura especulativa»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «Frankenstein y la literatura especulativa»

PDF


FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI