El Golem (Gustav Meyrink). Literatura alemana de ambiente checo

El Golem, de Gustav Meyrink

Una de las grandes novelas del género, obra de un autor checo que escribe a medio camino entre el terror, la metafísica, la filosofía y el costumbrismo de lo marginal en la Praga judía del siglo XIX. El resultado parece un poco confuso, pero si se acerca uno a este libro con espíritu abierto se convierte en una obra inolvidable en la que siempore se puede encontrar un nuevo punto de vistano observado antes.

 

Me siento raro después de leer este libro. En parte porqué he estado renegando de él durante buena parte de su lectura., creyendo que estaba perdiendo el tiempo. Ahora que lo he finalizado, creo que no es un gran libro, pero tiene algo extraño, algo turbio, algo de mágico que me hace replantear esta valoración inicial.

 

Parte de esta culpa es debido a la pésima contraportada de la edición que he leído donde te propone una novela de terror que se basa en los mitos judíos sobre la creación de un hombre de barro en la praga de comienzos del siglo XX. Esto es falso: la novela es más sugerente que eso, más metafísica y espiritual que una serie de aventuras con un hombre de barro que recorre las calles de Praga (cosa que no sucede en ningún momento). Nos hallamos ante una novela que te estimula, que te da ideas, que te sugiere pero que deja el resto para tu imaginación.

 

Me gusta el lenguaje que utiliza el autor pero no su capacidad organizativa: la novela es un caos donde se mezclan desde discusiones de alto nivel sobre filosofía hasta tramas amorosas que solo hacen que lastrar la comprensión de esta. La obra es confusa y desestructurada, a menudo no sabes exáctamente qué está pasando, pero pese a ello… sigues leyendo.

 

Meyrink se saca personajes de la manga de sopetón, sin ser presentados, sin que sepas de donde han salido y a menudo son personajes que no aportan nada especial a la novela, trata temas dispersos y no se centra en los aspectos importantes. Pero pese a ello, notas que alguna cosa importante se te escapa…

 

Hay que decir, pero, que la obra está avanzada a su tiempo, con ideas innovadoras pero mal ubicadas, con pasajes magníficos pero que desembocan en confusión. Y también hay que añadir que me he encontrado con la sorpresa de que «El Golem» es una obra abierta, una obra que da pie a comentarios halagosos y a críticas despiadadas, una obra que no te deja indiferente pero que tampoco te llena, precisamente por la confusión y por la caótica propuesta argumental: Un hombre sin memoria pasada se ve afectado por una serie de fenómenos de carácter paranormal en el barrio judío de Praga, mientras otros sucesos muchos más físicos le van complicando la vida por momentos.

 

Se que es una presentación muy pobre, pero descifrar el argumento principal no es tan facil… hay que quedarse solo con la idea. Y la idea es el Golem como metáfora, no como monstruo físico.

 

Seguro que habría que leerla otra vez parta entender todo lo que nos propone el autor, quizás algun dia lo haré… por el momento necesito más tiempo para digerirla porqué puede que la próxima vez que lea esta obra, la acabe metiendo en lo más hondo de una oscura estantería donde quede olvidada… o la coloque en un sitio de honor entre mis libros preferidos.
Por lo pronto, y como lo gótico está más en la ambientación que en la historia en sí, me parece imprescindible para quien guste de frecuentar estos ambientes, tan querido a los románticos oscuros.

 

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Muerte entre poetas, de Ángela Vallvey.

Muerte entre poetas. Vida entre cabrones... (como la Universidad misma)

Comprada por casualidad y leída por gusto, estamos ante una novela que refleja perfrectamente una época, y eso ya es mucho.

Es fama que la novela finalista del Premio Planeta suele ser mejor que la ganadora. En este caso, no podemos estar seguros de tal cosa, pues  no hemos llegado a leer «La hermandad de la Buena suerte», de Fernando Savater, pero la finalista nos ha dejado un regusto agridulce.

Por diversas circunstancias tuve el placer de conocer a la autora y tengo que decir, sin cinismo, que me gusta mucho más ella que la novela. Y no sólo en presencia, que vale lo suyo, sino también en agudeza, inteligencia y conversación. De hecho, tras conocer a Angela Vallvey y leer su novela tiene uno la impresión de que se ha contenido o de que le han recortado de algún modo los ramalazos de vivacidad e inteligencia que, aún así, descollan entre las páginas de este libro un poco obvio en lo que se refiere a la trama policiaca.

La trama negra no es mala, pero resulta algo floja, aunque con gracia. Pero la gracia no es de la trama, sino de la autora. Me explico: los investigadores no interesan a nadie y los investigados no tienen ni media bofetada como criminales, pero el conjunto, con el enfoque que le da la autora, resulta curioso.

La idea es más o menos esta: una vieja millonaria y viuda de un poetastro del franquismo, trata de lavar la imagen de su marido convocando un bien pagado congreso de poetas donde cada uno de ellos deberá presentar una ponencia sobre el poeta difunto. La gracia del tema reside en que todos se odian bastante entre sí (con más o menos cordialidad), y concretamente odian más que a nadie a uno de los asistentes, que es asesinado.

El difunto era un profesor universitario que plagiaba los trabajos de sus becarios (algo común), mamoneaba las subvenciones (algo habitual), y cerraba el paso a todo el que no le rindiese la suficiente pleitesía (algo corriente)

A partir de ahí, tenemos un recorrido demasiado amplio por la vidas y amores de cada cual, con una web investigadora detrás de todo, un hacker que no sabe lo que dice, unos policías que aparecen poco y no investigan un carajo y un esfuerzo mínimo por interesar al lector en todo lo que no sean las peripecias personales de cada cual, muy a lo ilusiones perdidas de Balzac, pero con toda la mierda y la podredumbre de la universidad y el mundillo poético perfectamente retratados.

El culpable puede ser uno cualquiera o ninguno. La novela negra es mala. La novela costumbrista es brillante.

 

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Babel, Isaak Emmanuilovich

Isaak Emmanuilovich Babel

(Odessa, Rusia, 1894-Moscú, 1940) Escritor soviético. De origen judío, pertenecía a la generación de escritores surgidos de la Revolución de Octubre. Sus relatos, de gran maestría literaria, beben de la literatura francesa, en especial del naturalismo, y los primeros fueron publicados bajo la supervisión de Gorki, aunque pronto se dejaron de publicar en su periódico debido a su tono erótico y agresivo. Participó en la guerra civil y en la campaña de Polonia, experiencias en las que se basa la novela Caballería roja (1926), donde da parte de las dos facciones de la Revolución, por lo que recibió algunas críticas. En los Cuentos de Odessa (1931), su obra más reconocida, sigue la línea autobiográfica y retrata la vida de la burguesía provincial judía en la Rusia prerrevolucionaria, ambiente que también recreó en piezas teatrales. Con la subida de Stalin al poder, fue arrestado y fusilado por el régimen estaliniano, contrario al individualismo romántico de los primeros tiempos de la Revolución.

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Defectos más comunes de una novela (IX) El personaje abandonado

Empezamos la novela contando esta foro y no volvemos a hablar de lo que pasó... Un desastre.

A veces, al escribir los personajes secundarios, nos gusta ser tan detallistas que contamos su vida. Y esos personajes colaterales, de los que decimos unas cuantas cosas para dar profundidad a la novela, interesan tanto al lector que nos termina exigiendo que sigamos contando su vida, o cómo y por qué llegaron hasta la situación actual, donde son comparsas del protagonista.

El autor, por supuesto, casi nunca se da cuenta de eso y sigue con su hilo principal, sin ver que sus secundarios han suscitado un interés tan grande que el el lector siente ansiedad por saber más de ellos.

Es entonces cuando no se vuelve a mencionar a la madre enfermera del camarero, o al abuelo minero de la criada, ni las batallas en que sirvieron, ni las revoluciones en las que participaron. Y el lector se cabrea.

O sea que, para evitar estas cosas, más vale no meterse en demasiadas honduras si lo que se está escribiendo no es la Comedia Humana, a lo Balzac. En caso contrario se corre el riesgo de que lo que nos interesa a nosotros no interese el lector, y casi peor, que lo que le interesa al lector lo hayamos dejado arrumbado en una esquina porque lo consideramos anecdótico o superfluo.

O dicho de otro modo: si no vas a dar soluciones, no cuentes problemas. No puedo ser más claro.

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1984 (GEORGE ORWELL)

1984 Esta inquietante narración acerca de las tribulaciones de un empleado de segundo orden en un Estado totalitario futuro nos ha proporcionado gran parte de la jerga política de la época. En efec­to, las expresiones «Thought Police» [«Policía del Pensamiento»], «Newspeak» [«Nueva habla»], «Ministry of Truth» [«Ministerio de la Verdad»], «Doublethink» [«Doble pensamiento»] y «Big Brother is watching you» [«El Gran Hermano te vigila»], fueron inventadas por George Orwell para este libro. Es sencillamente una novela que ha cambiado el mundo. Está escrita en un estilo comprensible, accesi­ble a millones de lectores, y al influir en la mente de esos millones de lectores, Orwell contribuyó decididamente a que sus obscuras pre­dicciones no se hicieran realidad. Naturalmente, muchas veces se ha señalado que al autor no le interesaba la predicción, sino que describió los sucesos de la década del cuarenta tal como acontecían, aunque exageradamente.

El libro no llevó en su cubierta el sello «ciencia ficción». Pero en­tonces, ¿con qué derecho lo calificamos como tal? En primer lugar, porque la acción se desarrolla treinta y seis años después de la fecha de su redacción y, en segundo lugar, porque algunos de los disposi­tivos tecnológicos que se utilizan para controlar a la población de la Zona Aérea Uno, del Estado de Oceania, el más importante de los cuales es la telepantalla (un televisor montado sobre una pared, que lo observa a uno aun cuando uno lo está observando), son del más puro estilo de la cf, y quizá de carácter predictivo (con cables de fi­bra óptica como los que tenemos en la década del ochenta, este artilugio podría convertirse en realidad). Los vínculos de la novela con la cf son más profundos y más fundamentales, sin embargo, que lo que estos detalles podrían sugerir.

Al igual que otros de su generación, Orwell (cuyo nombre real era Eric Blair, 1903–1950) fue influido por Wells. En su ensayo titu­lado «Wells, Hitler, and the World State», Orwell escribió lo si­guiente: «Fue maravilloso descubrir a Wells. Allí se encontraba uno en un mundo de pedantes, clérigos y sinvergüenzas … y ese hombre maravilloso que podía hablarnos sobre los habitantes de los planetas y sobre el fondo del mar, y que sabía que el futuro no se­ría lo que la gente respetable se imaginaba». Aunque luego Orwell criticó algunas ideas políticas de Wells, es evidente que considera­ba las primeras obras del escritor como una gran fuerza liberado­ra. Muchos otros escritores fueron influidos de la misma manera, a tal punto que en Gran Bretaña, y también en otros países, se creó toda una tradición de ficción «poswellsiana». A esta tradición con­tribuyeron con novelas y cuentos autores hoy olvidados, co­mo J. D. Beresford, S. Fowler Wright y John Gloag, y también otros más recordados, como Olaf Stapledon, Aldous Huxley y C. S. Lewis. Ninguno de sus libros se publicó como ciencia ficción, ya que dicha clasificación sólo empezó a utilizarse en forma regu­lar, de este lado del Atlántico, a comienzos de la década de los cin­cuenta. Si se les hubiera colocado una etiqueta que rezara «a la manera de Wells», hoy se conocerían como «romances científicos». La novela corta de E. M. Forster «The Machine Stops» (1909) era un «romance científico» que sirvió para rechazar la idea de que se podía perfeccionar la raza humana a través de la aplicación de tecnología moderna. Un mundo feliz, de Huxley (1932), era otro de esos relatos premonitorios. Ambos son ejemplos de antiutopía o «distopía». 1984, de Orwell, sigue esa línea y es, en verdad, la más lúgubre de todas las «distopías». Fue el ejemplo de Wells, tanto desde el punto de vista formal como temático, pero sobre todo el de­bate que Wells inauguró y que continuó a través de la obra de por lo menos una docena de autores, lo que hizo posible la obra maestra de Orwell. Para mí, 1984 es un libro, que, como Jano, mira en dos direcciones, porque, por un lado, es el último «romance científico» y, por otro, la fuente de gran parte de la ciencia ficción que le siguió. Resume las terribles experiencias de la primera mitad del siglo XX y arroja una larga sombra de temibles presagios sobre la otra mitad, nuestra mitad.

 

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Orwell, George [Eric Blair]
(Motihari, India, 1903-Londres, 1950) Escritor británico. De origen angloindio, en 1921 ingresó como oficial en la policía de Birmania, puesto que abandonó seis años más tarde debido a su repulsa hacia el régimen colonial. Tras una estancia en Francia, donde sobrevivió gracias a pequeños empleos, publicó sus primeros libros: Sin blanca en París y Londres (1933) y Días birmanos (1934). El autor se basa en ellos, como sucedería en todas sus obras, en sus propias observaciones y experiencias, y demostraba ya una clara posición de izquierdas. Las convicciones personales reflejadas en sus libros se materializaron en 1936 con su participación en la guerra civil española al lado del POUM. Fruto de esta experiencia fue Homenaje a Cataluña (1938), obra en la que refiere las tensiones y los enfrentamientos entre las fuerzas de izquierdas durante el conflicto. Este hecho dio lugar a posteriores reflexiones que fueron la base de dos de sus mejores obras: Rebelión en la granja (1946), fábula política sobre la revolución y cómo ésta, una vez instaurada, se vuelve en contra de quienes lucharon por ella, y 1984 (1949), visión dramática de los totalitarismos del futuro. Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió en la Home Guard y publicó nuevos títulos, como El león y el unicornio (1941), cuadro de su país poco antes de la guerra, donde se muestra convencido de la posibilidad de una lucha del proletariado para hacer oír su voz entre la burguesía. Sus escritos y ensayos de esos años los recopiló en Inglaterra, vuestra Inglaterra.

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