Las culturas fracasadas. El talento y la estupidez de las sociedades. (José Antonio Marina)

Las culturas fracasadas

Las culturas fracasadas

Nos encontramos ante un libro curioso del filósofo y divulgador José Antonio Marina, más cercano en este libro al divulgador que al filósofo, más al conferenciante que al estudioso, más al telepredicador que al catedrático.

El libro, que habla sobre el origen y aplicación de conceptos como la inteligencia social, y la necesidad ineludible de la sociedad para conformar la inteligencia individual, se desliza de cuando en vez hacia intentos efectistas de captar la atención del lector o de disolver, diluir quizás, la parte más amarga de su núcleo: el hecho de que las culturas pueden ser fracasadas, las civilizaciones pueden ser fracasadas, y la realidad palpable de que no son todas las culturas iguales ni puede pretenderse tal cosa.

La igualdad, por tanto, es un deseo, o quizás un final escatológico, pero nunca una realidad de base, y menos aún cuando se habla de sociedades, conjuntos e inteligencias colectivas. Los deseos humanos, y los conflictos de ellos derivados, originas una serie de problemas de orden genérico y universal que Marina describe a la perfección:

1) el valor de la vida.

2) la producción y posesión de bienes.

3) la participación en el poder

4) la relación individuo-comunidad

5) la resolución de conflictos

6) la sexualidad y la familia

7) el cuidado de los débiles

8) el trato con los extranjeros

9) la relación con el más allá.

Dependiendo del tipo de respuesta que se dé a estos problemas estaremos en una cultura u otra, cada cual con su mecánica y su propia eficiencia.

Con este punto de partida, el libro se inclina poco a poco hacia la construcción de una ética hasta que, finalmente, no sabemos muy bien lo que cuenta ni lo que el autor pretende.

Como Marina siempre es un tipo al que vale la pena leer, culpe al crítico quien recurre estas líneas y quédese tan ancho.

Las doce sillas (Ilf y Petrov)

Las doce sillas, de Ilf Y petrov

Las doce sillas, de Ilf Y petrov

Lo sabéis todos los que leéis a menudo los comentarios sobre libros en esta web: tengo debilidad por los rusos y me acerco siempre a ellos con la ilusión del que está a punto de abrir un regalo y no tiene aún ni idea de lo que puede contener el paquete.

En esta ocasión, tengo que reconocer que la conclusión es agriduclce: pro una parte, me he divertido mucho con algunos pasajes de este libro absurdo, desenfadado, demencial y surreealista por momentos, lleno de personajes que perfectamente podrían haber salido de la novela picaresca española. Por otro lado, creo que el libro ha sufrido mal el paso del tiempo, y lo que en su día podía ser novedoso, hoy es un poco manido; lo que en su día podía ser grotesco, hoy es bastante simplón, y lo que en su día podía ser un ataque social, con crítica política, soy es un mar de bostezos partidistas.

Tenemos que decirlo claro: el libro es propaganda soviética, se escribió como tal, y se publicó como tal en los años treinta, después del NEP, el periodo del gobierno de Lenin en el que se permitió tímidamente la iniciativa empresarial privada. Publicado en tiempos de Stalin, lo que se pretende dar a entender es que cualquier cosa que sea pretender ganar algo de dinero es una basura que te convierte en un ser ruin, mísero, codicioso y despreciable. De hecho, no hay un sólo personaje que pretenda tener un negocio que no sea a la vez un canalla intentando aprovecharse de su prójimo.

Dicho esto, el héroe del libro es un tipo sin oficio ni beneficio, el típico pícaro, que busca las debilidades de los demás para vivir a su costa y burlarse de ellos. La trama consiste en la búsqueda de doce sillas de un comedor confiscadas durante la revolución, puesto que en una de ellas una mujer de la nobleza escondió sus diamantes. Elrecorrido pro distintas situ7aciones y peripecias es realmente divertido. La conclusión, no está a la altura ni de lejos.

Pero no se puede decir que sea una estafa. En absoluto. Es un libro ligero para gente ligera. Como tal, cumple.

 

La deuda de Dancer, de John Lutz

La deuda de Dancer

La deuda de Dancer

Cayó esta novela policiaca en mis manos por pura casualidad, como suelen caer las buenas novelas, y también las malas, según pude comprobar más tarde…

Cuando empezamos a leer la deuda de Dancer, de John Lutz, no sabemos a quién le va peor, si al detective que recibe el encargo de investigar las deudas de un tipo al que han amenazado, o al propio tipo, que sale malparado de un par de encuentros con matones. Luego, con el tiempo, nos iremos enterando de que en el fondo se trata de una pregunta que carece de importancia, porque ni el uno ni el  otro es capaz de suscitarnos mayor interés.

La novela se basa en una idea bastante interesante, justo la que no debo contar, pero su desarrollo es un paseo dominical por todos los caminos trillados imaginables, mientras el lector va saludando, sombrero en mano, a un montón de arquetipos, situaciones y mecanismo demasiado vistos ya.

La novela encuentra su redención en algunas buenas frases que el autor va dejando caer a un lado y a otro, como si se olvidara de pronto de que está escribiendo una novela de mierda y se le escapasen toques de calidad que lo delataran como un escritor con posibilidades.

La deuda de Dancer es una historia más, otra , de un tipo borrachín y jugador que tiene una novia maravillosa y bellísima que lo adora y que hace lo imposible por ayudarle. Unamos a eso que el tal Dancer  tiene fobias que le quedaron de Vietnam, que el detective es pobre como una rata y amigo de un jefazo de la policía y verán que el autor tiene que ser muy convincente a veces para conseguir, con semejantes mimbres, que me haya acabado la novela.

Como dije, la idea central y la resolución, tienen un pasar. La conclusión es floja. La novela vale lo que cuesta si, como yo, se compra por dos euros. Si no, malamente.

Conquista de lo inútil (Werner Herzog)

Conquista de lo inútil, de Werner Herzog

Conquista de lo inútil, nada menos. El título, promete.

Eso fue lo que pensé al encontrarme con este extraño libro, que se anuncia como un diario de rodaje del cineasta Werner Herzog y en el que a al postre el rodaje tiene un papel muy secundario, absorbido por el agobiante, infernal ambiente de la selva, ese organismo vivo que todo lo corroe y todo lo puede, sepultando en un exceso de vida cada brote de esa misma vida que pretende considerarse único y autónomo.

Conquista de lo inútil es la historias de una obsesión: la del director alemán Werner Herzog, que quiso rodar a su vez la historia de otra obsesión: Fitzcarraldo. El rodaje duró dos años. Dos años de mosquitos, peligros, enfermedades, distintas vicisitudes en las relaciones con los indios, con el gobierno peruano, con el gobierno ecuatoriano, con actores tan apocados como el primer protagonista, Jason Robarss, que no pudo soportar el rodaje y fue sustituido pro el demencial Klaus Kinski, quizás el único capaz de vivir en aquella locura de moscas, humedad, moho y demencia reconcentrada.

Esto es lo que cuenta el libro, que al fin y al cabo es un diario: las experiencias diarias y el diario combate contra las fiebres, la locura, la hostilidad de la selva a los europeos y la voluntad de subir, de veras, un barco a la montaña, porque Herzog no pensaba conformarse con rodar semejante escena sobre una maqueta. Tenía que subir realmente un barco, y tenía que ser en medio de la selva.

El resultado es una obra tremenda, casi dantesca, compuesta con tintes wagnerianos que llegan a lo lírico en muchos párrafos, pero a esa lírica germánica del crepúsculo de los dioses y la cabalgata de las Walkyrias, del Triunfo de la Voluntad y de los concierto de Brandeburgo de Bach sonando en el abandono de un lugar que bien pudiera estar en otro planeta.

Todo es nuevo, todo es distinto. Todo tiene su propio peso y su nuevo sabor, desconocido para las escalas europeas. Lo único que es universal es la obsesión y la voluntad. Aunque no sirva para nada. Aunque sea una conquista de lo inútil.

Grandioso.