A buen fin no hay mal principio, de William Shakespeare

(1601-02) co­media en 5 actos, en verso y en prosa, de W. Shakespea­re

Elena, hija del famoso médico Gerardo de Narbona, cura al rey de Francia, que está gravemente enfermo, con una receta que le fuera dejada por su padre.

El rey, en recompensa por ello, la entrega por esposo a Beltrán, conde de Rosellón, a quien la muchacha ama. Beltrán no la corresponde pero se ve obligado a obedecer. Instigado por el tunante Parolles, sin embargo, parte para la guerra, advirtiendo a Elena que podrá considerarse su mujer únicamente en el caso de que consiga apoderarse de un anillo que él nunca se saca del dedo y de que pue­da asegurar que espera un hijo suyo, si bien rehúsa com­partir el lecho con ella.

Elena, bajo un falso disfraz, lo sigue a Florencia, donde descubre que se ha encapricha­do de una posadera, Diana. Ésta lo rechaza, pero Elena la convence para que acepte la cita. Luego se sustituye por ella y consigue cambiar un anillo que el rey le había regalado por el de Beltrán. Dueña del anillo y encinta, conseguirá conquistar el amor de su esposo.

Lo que el hielo atrapa, Bruno Nievas

Lo que el hielo atrapa, de Bruno Nievas

Lo que el hielo atrapa, de Bruno Nievas

Nos embarcamos en el “Endurance”. Ni los inconvenientes económicos, ni la amenaza, confirmada,  del estallido de la I Guerra Mundial, podrán detener el ímpetu con el que Ernest Shackelton acomete la gesta de alcanzar las inhóspitas tierras del Polo Sur.

Experimentado hombre de mar, aventurero impenitente, atenderá al más ínfimo detalle antes de la partida. Será él mismo quien seleccione a los hombres que le vayan a acompañar; cada decisión importa y,  por eso mismo, cada hombre aportará su experiencia en el mar pero aportará  también su carácter y sus cualidades humanas.

Todos los hombres…, y ella, Zara Foley. Una ratera flacucha de los bajos fondos londinenses, cuya motivación para embarcar no tiene mucho que ver con las ansias de gloria o aventura. Será quien conquiste la admiración de sus compañeros y la de su superior que la tratará como una igual, sin atender a sus diferentes procedencias sociales, ni siquiera cuando ella le confiese su oscuro secreto.

Y este será uno de los pocos  oscuros del libro, porque mientras se va leyendo, todo es blanco, níveo y azulado. Todo hielo e inmensidad, todo en blanco, como las hojas que habrá de  escribirse en los anales de la Historia con la gesta que este grupo llevará a cabo.

Shackelton será el personaje principal en esta trepidante historia. Rodeado de una tripulación a la que iremos conociendo, y apreciando, mediante saltos temporales que permiten un mayor entendimiento de cada uno de ellos.

Confieso haberme perdido un poco en estos saltos, demasiado irregulares en el tiempo, tal vez, para mí. Pero reconozco y aplaudo la importancia de este recurso para atender a las necesidades de la propia historia. Por un lado, la construcción de cada personaje  no se entendería sin esas retrospectivas sobre el pasado de cada uno de ellos. Las reacciones ante las situaciones en las que se verán envueltos, responden a un bagaje único y personal que no tendría sentido sin conocer, aún a grandes rasgos, su pasado y sus episodios vitales más destacados, aquellos que moldean el  carácter. Por otra parte, en mi opinión, esos paréntesis temporales aportan dos bondades más: la primera, relajar la tensión que se va generando con la historia principal, permitir que los ojos dejen de escocer por la blancura del paisaje; la segunda, permite la introducción de otras pequeñas historias que se cuelan en la principal de forma natural, así conocemos las anteriores y no menos increíbles expediciones de Scott y Amundsen, sus personalidades y sus rasgos más humanos.

A lo largo de la narración en tercera persona, los constantes diálogos ágiles y vibrantes hacen  que la primera se haga dinámica y no se estanque en las precisas y concienzudas descripciones técnicas acerca de navegación, ingeniería naval o fotografía. Descripciones que, por otra parte, desvelan, siquiera dejan atisbar, el tremendo trabajo de investigación llevado a cabo por el autor.

Por todo ello, y por más que no puedo desvelar sin dar al traste con el propio misterio de la novela, recomiendo su lectura. Aventurarse y acompañar como espectador silente y emocionado a este autor y a su obra…, engancha.

EL SEÑOR DE OLIVE (George Chapman)

Comedia en cinco actos y en verso del escritor inglés George Chapman (1559?- 1634), publicada en Londres en 1606.

A la vuelta de un largo viaje, el joven Vendóme se entera de que su hermana, tiernamente amada por él, ha muerto. Su marido, el conde St. Anne, está inconsolable. Se en­tera además de que la dama a la cual estaba unido por un amor caballeresco, ofendida por los injustos celos del marido, se ha encerrado en un convento.

Vendóme consigue reconciliar a los esposos y con­solar al viudo conde de St. Anne, aproxi­mándolo, por medio de un engaño, a unamuchacha que lo ama.

La comedia toma el nombre de un personaje cómico, monsieur D’Olive, que sabe enfrentarse con ingenio y sangre fría a las bromas de que es -objeto. Es una de las mejores comedias de Chap­man; en ella, más que en ninguna otra, se aproxima a la comedia de caracteres.

El personaje de monsieur D’Olive, tratado há­bilmente y con viveza, sostiene el brío del diálogo con su humorismo, pero al mismo tiempo disminuye el interés de la intriga principal y atenúa así su eficacia artística.

NIOBE

Poema del poeta polaco Konstanty Ildefons Galczynski (1905-1953), publicado en 1951. Ya avanzado el otoño de 1950, en el museo de Nieborów, el autor descubrió una cabeza mar­mórea de Niobe que, tras ser hallada en Azov, a orillas del Don, en el siglo XVIII, por una expedi­ción de la emperatriz Catalina II y tras pasar por Florencia y Bizancio, debido a un intercambio de regalos, cayó en manos de la familia de magnates polacos Radziwill. G. sacó de su hallazgo la idea para la composición del poema, que concibió a propósito bajo forma de fragmento musical, divi­diéndolo en cuatro partes y en varias rimas y poesías distintas entre sí por su ritmo, métrica y forma. La primera parte, “Eutifrone”, se inicia con una Ouverture en la cual se describe el viaje de Niobe desde la petrificación hasta su último asilo.

La antífona del poeta Taliarco: “Alme Cae- sar vatis tui miserere domine” narra como Niobe, que se halla en el campo del archiestratega Miguel de Bizancio, fue sacudida por el sonido de las cinco campanas, abatida en el momento de la entrada de Mehemed II y puesta a salvo en Flo­rencia por el mismo Taliarco. Esta parte se cierra con una “Pequeña fuga”, un himno a la “cabeza eslavo griega más hermosa”.

La segunda parte, “Chacona”, ofrece en el estilo de una antigua danza española, variaciones sobre el tema funda­mental. Sus distintas etapas son el hallazgo de la cabeza, el esfuerzo realizado por el Yo poético para expresar adecuadamente la belleza, un su­gestivo cuadro rural y, finalmente, el lamento de Niobe por su trágico destino. La tercera parte “Nieborów”, consiste esencialmente en las cua­renta y ocho estrofas del “Gran concierto para violín”, y concluye con un epigrama en dos estro­fas. En forma de ruiseñor, el Yo poético celebra el nuevo hallazgo de la cabeza de Niobe en Niebo­rów, evocando la atmósfera de Venus y Adonis (v.O.) de Shakespeare y de las Elegías romanas (v.O.) de Goethe, o la música de Beethoven y Chopin. Mientras la luz se apaga, Niobe empieza a resplandecer y se convierte en estrella luminosa hacia la cual el poeta se dirige. El final ditiràmbi­co de la cuarta y última parte, “Oh alegría, chispa de los dioses”, consiste en un canto alternado, en el cual se intercalan elementos antifonales, hímni- cos y salmódicos. El tema central del poema no es la historia de la cabeza marmórea, sino el del arte, de su misión y su condición trágica. Centrada en la configuración poética de un sujeto del arte figu­rativo, la composición trasciende los límites de lo literario. La pretendida universalidad de esta poe­sía comporta un peligro al que no son ni siquiera ajenas las obras sucesivas del autor; llevado por su intento de asimilar todas las corrientes y tenden­cias de la poesía de su tiempo, se manifiesta una excesiva labor poética, y su esfuerzo por “organi­zar el caos” se traduce en un “caos organizado” que describe los límites de este grandilocuente poeta. A pesar de ello, Niobe representa «la ex­presión más perfecta y acabada del programa poé­tico “clasicista” de G.» (K. Wyka).

Adiós a las armas, Ernes Hemingway

(1929) novela de E. Hemingway

Año 1917: el americano Frederick Henry, voluntario en la sección sanitaria del ejército italiano como conductor de una ambulancia, se enamora de Catherine Barkley, una enfermera inglesa que lo corresponde.

Frederick es herido: Catherine se reúne con él en Milán para curarlo y pasan juntos en la ciudad el período de convalecencia. Es un verano feliz que se ve apenas rozado por un pre­sagio de muerte. Cuando llega el otoño Catherine le revela a Frederick que está embarazada.

Éste tiene que regresar al frente y se ve envuelto en la retirada de Caporetto. Deserta y, tras reunirse con Catherine en Stre- sa, decide buscar refugio con ella en Suiza para dedicar­se únicamente a su amor. Pero Catherine muere en el par­to junto con el niño.