LA MAESTRÍA DE LA SENCILLEZ

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Friedrich Christian Delius, Retrato de la madre de joven
Traducción de Lidia Álvarez Grifoll,
Sajalín Editores, Barcelona, 2011, 109 págs.

por Anna Rossell
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Como es habitual en este autor alemán –galardonado con el prestigioso premio Georg Büchner 2011-, también en esta novela Friedrich Christian Delius (Roma, 1943) aborda un tema de la historia de su país. Ubicada temporalmente en 1943 y geográficamente en Roma, Delius nos introduce, de la mano de una discreta voz conductora, en los pensamientos de una mujer de veintiún años, eje de la narración.

A partir de una sencilla idea –el paseo a pie de apenas una hora desde su casa hasta la iglesia evangélica de la Via Sicilia, a donde se dirige para asistir a un concierto-, el autor nos permite acompañar a su protagonista. Contada en estilo indirecto libre -lo cual permite a un tiempo empatía y cierta distancia-, Delius consigue un relato magistral en el que retrata a un cierto prototipo de ciudadano alemán –Margarethe-, cuya infancia lleva el sello nacionalsocialista, a la vez que da cuenta del ambiente social y político en alemania y en Roma y del transcurso de la guerra.

Los pensamientos de Margarethe -nacida en una pequeña ciudad luterana, educada por una familia tradicional en esta religión y casada con un pastor evangélico, que ahora sirve en el norte de África- fluyen casi sin interrupción de principio a fin. Sólo los momentos de descanso, a los que la obliga su avanzado estado de gestación, permiten un alto en el camino. Ello se refleja con originalidad en la estructura de la novela, pues Delius construye el flujo narrativo a base de cortos párrafos separados -que pretenden transmitir las pausas físicas y emocionales de su heroína- sin que ello detenga sus reflexiones, que discurren encadenándose, contenidas sólo por la mesurada intervención de la voz narradora, articuladas con comas y un único punto al final de la novela.

Siguiendo los pasos de Wolfgang Koeppen, que también eligió Roma como escenario de alguna de sus novelas, Delius se confirma como un maestro de la asociación: con extraordinario acierto y sin perder de vista la ascendencia de la protagonista, una humilde muchacha de pocos estudios. El hilo narrativo va tejiendo su entramado asociativo a partir de los monumentos romanos del trayecto, que el pensamiento de la heroína relaciona con otros de su contexto histórico-cultural, o incitado por carteles publicitarios o la visión de militares alemanes. Predispuesta por la añoranza de su marido -reclamado a filas a pesar de su lesión en una pierna precisamente cuando ambos iban a iniciar en la capital italiana su vida en común-, la joven esposa se entrega a sus recuerdos y reflexiones. Arropada en el aislamiento que le proporciona la casa de las Diaconisas Alemanas de Kaiserswerth, donde vive, Margarethe se siente insegura y sola en las calles de una ciudad en la que todo le resulta ajeno y hostil. De su discurrir emerge una mentalidad sencilla pero sensible, que en su sincera religiosidad evoluciona desde el adiestramiento de los lemas inculcados por su educación nazi en la Liga de Muchachas Alemanas hasta encontrar su genuino lugar, acorde con su verdadero sentir. A ello contribuyen las contradicciones que la futura madre percibe entre las enseñanzas de la Biblia y las consignas nacionalsocialistas –magnífico el trabajo asociativo del autor al citar salmos y divisas-, en las que se desenmascara la sutil manipulación ideológico-lingüística del Führer, así como el recuerdo de las lúcidas opiniones de su amiga Ilse, que sirve de contrapunto al personaje. La evolución en el sentir y el pensar de Margarethe culmina en las últimas páginas, que Delius –especialmente afecto al arte y a la música- construye como apoteósico catártico final sin faltar a la verosimilitud: en el propicio ambiente de la iglesia evangélica, que la envuelve en el manto familiar de su religiosidad e impulsada por el cuarteto de cuerda en do menor de Haydn y de la Cantata 56 de Bach, la protagonista da rienda suelta a su emoción. En una pormenorizada y extensa descripción el poder de la música conjura el miedo a la guerra y desencadena un pulso entre la muerte y la vida, que culmina en un vehemente clamor de “todos los generales de todos los frentes, cristianos, paganos, judíos, comunistas” por la paz.

El mismo sello editorial publicó el pasado año, del mismo autor, otra pequeña joya: El paseo de Rostock a Siracusa.

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VIAJE DE IDA Y VUELTA A LA LIBERTAD

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Friedrich Christian Delius, El paseo de Rostock a Siracusa
Traducción de Lidia Álvarez Grifoll,
Sajalín Editores, Barcelona, 2010, 166 págs.

por Anna Rossell
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Fiel a su trayectoria novelística, que a menudo pone bajo el punto de mira algún capítulo de la historia de su país, el alemán Friedrich Christian Delius (Roma, 1943) aborda en esta novela corta, como ya hiciera en 1991 con Die Birnen von Ribbeck (Las peras de Ribbeck, Fondo de cultura Económica, 1993), un tema de la República Democrática Alemana. Publicada en alemán en 1995, Delius aprovecha para construir su trama la noticia de un caso real de fuga de un camarero de Rostock (RDA) en 1988, Karl Müller. Como él, que se fugó por cumplir su sueño de seguir los pasos que llevaron hasta Siracusa a su compatriota sajón Johann Gottfried Seume, el protagonista Paul Gompitz abandona su país. Como Seume, que en 1802 escribió la crónica de su viaje sazonada de una buena dosis de crítica política, Delius hace partir a su héroe para dar cuenta de una peripecia que se ajusta como anillo al dedo a sus intenciones: desvelar la absurdidad de un sistema burocratizado y represor y retratar de paso ciertas actitudes pedantes de ciudadanos de la República Federal hacia este sistema. Gompitz, un intelectual de estudios frustrados por negarse a hacer el servicio militar y vigilado desde entonces por la Stasi, anhela llegar a Siracusa, pero –contra toda expectativa- no para abandonar su tierra, sino por gozar de la libertad de ver mundo y realizar así “la primera decisión plenamente libre de cierta importancia”. Inútiles intentos de obtener el obligado permiso no le dejan otra opción que la fuga. Durante siete años planea estratégicamente su viaje, del que no cuenta nada ni a su esposa para protegerla de represalias. El retorcido proceso de su eterna planificación es el reflejo directo del retorcimiento de un sistema político que obliga a sus ciudadanos a “ceder de una vez a la añoranza por lugares lejanos y salir del país para poder permanecer en él”. Porque Gompitz no desea quedarse fuera, “quiere regresar sin falta a Rostock”.
Haciéndose eco del narrador de Döblin en Berlin Alexanderplatz, el de Delius adopta dos registros diferentes: una voz omnisciente, que introduce cada capítulo, avanzando al lector los acontecimientos que se glosarán, y otra, que se identifica con el personaje y logra la empatía que mantiene la tensión lectora hasta el final. Delius sabe sacar buen partido literario al suceso que desde la realidad le venía únicamente bosquejado; desarrolla con pelos y señales y muchos visos de realismo todos los detalles con artesana minuciosidad y consigue lo que cumple alabar como un difícil equilibrio cuando aborda tópicos y comportamientos estereotipados, sin caer nunca en el tópico ni el estereotipo. El autor recrea con atinada verosimilitud y sin maniqueísmo el asfixiante y absurdo universo de la RDA evitando con maestría los lugares comunes que entretanto ya se repiten en la literatura que pasa revista retrospectiva a aquellos años grises. Contrariamente a lo que han opinado críticos como Heinz Czechowski o Reinhard Baumgart, que han reprochado al autor la usurpación de un tema que, como alemán occidental, supuestamente no le corresponde, la de Delius es precisamente por ello una mirada más tranquila, la que desde fuera le proporciona la justa distancia que le permite huir del autocompadecimiento o de una inculpación demasiado fácil. La temática del libro, por otro lado, no se agota en la RDA, es una mirada lúcida hacia las dos alemanias y un poco más allá de sus fronteras. A partir de una trama sencilla, Delius esboza también, con precisas pinceladas, una complicada historia, la de una relación de desamor entre ambas. El lector en lengua española tiene ahora dos oportunidades de leer a un autor nunca antes traducido a nuestro idioma, al tiempo que puede adentrarse en los entresijos de un ambiente social y político poco conocido literariamente en nuestro país, del que estos textos nos ofrecen uno de los mejores retratos.

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LO QUE QUEDA DE LA UTOPÍA

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Brigitte Burmeister, Bajo el nombre de Norma
Trad. de Valentín Ugarte,
451 Editores, Madrid, 2009, 285 págs.

por Anna Rossell
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La historia de alemania sigue siendo en el siglo XXI el gran tema de la narrativa alemana, que en los últimos tiempos tantea con mayor o menor acierto la digestión emocional del proceso de reunificación, para muchos no ausente de dolor y tragedia.
Silenciosa resistencia al olvido, fidelidad a la identidad. Ésta es la actitud que defiende Marianne Arends, la protagonista narradora de Bajo el nombre de Norma, frente a la frenética liquidación de valores que se impone a su alrededor. Igual que las de Irina Liebmann, En Berlín y Marion Titze, Pérdida desconocida, publicada en 1994 y ganadora ésta el mismo año del premio de la crítica, la novela glosa, tres años después de la caída del Muro, la vertiginosa desaparición de un mundo a cuyo legado positivo Marianne se mantiene fiel. Trasunto de su propia heroina y dando muestras de esta fidelidad Brigitte Burmeister (Posen, 1940) toma el testigo literario e ideológico de su compatriota Christa Wolf en El cielo dividido. Ahora bajo cielo reunificado, al igual que la Rita Seidel de Wolf, hace regresar a Marianne a Berlín este, tras una breve estancia en alemania occidental donde ha visitado a su marido, quien ha optado por la actitud contraria: mudarse al oeste, olvidar el pasado, hacer carrera profesional y adaptarse a las nuevas condiciones de competitividad. Sin tomar absoluto partido por la RDA, no ausente de crítica en la novela, Burmeister aplica a su literatura las mismas categorías que defiende para la vida, la observación minuciosa a través de los sentidos, el valor de lo tranquilo, menudo y sencillo, que reivindica y siente amenazadas ante la deslumbrante ostentación y superficialidad de la nueva sociedad que se impone a machamartillo. Así los tiempos transcurren de manera absolutamente opuesta en los mundos aún opuestos del este y del oeste, del mismo modo que se entiende de forma completamente distinta el trato personal. A partir del ambiente que se desarrolla en el patio trasero de la humilde escalera del céntrico y crucial barrio de Berlín-Mitte donde vive Marianne, Burmeister sabe transmitir con nostalgia los temas clave que ocupan a los vecinos desde los primeros momentos de la reunificación en 1989 hasta 1992, así como la relación humana entre ellos. La velocidad con que se desvanecen los recuerdos de la vida cotidiana del pasado reciente y la necesidad de rescatarlos del olvido constituye una de las reclamaciones de Marianne, que, a partir de ruidos y observaciones explaya su memoria, que no sigue un esquema lineal. Burmeister desarrolla su técnica narrativa a partir de dos únicos días de narración, muy significativos para la interpretación de la novela: el 17 de junio [de 1953] –día de la histórica insurrección obrera en la RDA contra el gobierno- y el 14 de julio [de 1789], fecha de la toma de la Bastilla, como utopía pendiente, el mismo día en que la protagonista regresa a Berlín este. Un manojo de cartas rescatadas del piso liquidado de las ancianas hermanas König, muertas recientemente, así como las que intercambian Marianne y su marido Johannes, sirven a Burmeister para dar cuenta contrastada de la historia del este y del oeste, y para dar fe de que el poderoso oeste no puede alardear de superioridad moral. Mucho y fundamental es lo que sigue separando a la gente de uno y otro lado; los clichés que aplica la arrogancia del prepotente oeste a los ciudadanos del este serán la causa de la disolución del matrimonio de Marianne, quien, en una fiesta organizada por su marido Johannes se inventa el bulo de que, bajo el nombre de Norma, ella fue colaboradora de la Stasi, un lugar común que su interlocutora occidental está demasiado dispuesta a creer. Las simpatías de Burmeister recaen sin duda del lado de la RDA que pudo ser y no fue. Sin embargo al rechazo de la reunificación que se impone no acierta a oponer una alternativa, que apunta sólo muy vaga y tangencialmente aludiendo a una cooperativa en el sur de Francia donde la vida transcurriría idílicamente en fraterna solidaridad. El revolucionario Saint-Just, cuya biografía -al igual que la propia Burmeister- traduce Marianne, parece esbozar el punto de referencia al que se remite la autora: su elevada idea de la amistad entre dos hombres -en el libro trasladada a las dos mujeres, Marianne y Norma- es lo que queda de la liquidación de la utopía.

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LITERATURA DE LAS RUINAS

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Wolfgang Borchert, Obras completas
Trad. de Fernando Aramburu. Laetoli. Villatuerta (Navarra), 2007. 359 págs.

por Anna Rossell
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La publicación de las Obras completas de Wolfgang Borchert (Hamburgo 1921 – Basilea 1947) en traducción española es un acontecimiento que hay que celebrar. Dar a conocer como es debido y en traducción de calidad a este extraordinario autor, un clásico de las letras alemanas a pesar de una exigua creación literaria que cabe en 350 páginas, era una cuenta editorial pendiente que esperábamos impacientes quienes seguimos de cerca la literatura alemana del siglo XX. De Borchert se conocía en España su única pieza teatral Draußen vor der Tür -traducida libremente con el título La calle sin puertas-, incluida en una colección de Teatro Contemporáneo (Aguilar, 1965), la antología de cuentos An diesem Dienstag –en versión catalana, Aquest dimarts- (Eumo, 1992) y una selección de poemas a cargo de Jorge del Arco, Un andar solitario (Betania, 2003). La editorial Laetoli pone fin a esta dispersión, que transmitía una idea distorsionada de un autor cuyo nombre ha pasado a la historia de la literatura por sus cuentos y su obra teatral y no por sus poemas, género con el que inició sus balbuceos literarios a los quince años y que siguió cultivando sin alcanzar la brillantez que consiguió en los otros dos, donde se ganó merecidamente la categoría de clásico. De su extensa producción lírica el propio Borchert sólo consideró catorce poemas dignos de ver la luz, los únicos que se editaron como libro en vida del autor, bajo el título de Laterne, Nacht und Sterne –Farol, noche y estrellas-.
La publicación de Laetoli tiene el valor añadido de dar a conocer a uno de los representantes más destacados de la generación joven de la literatura alemana, generación perdida nacida en los años veinte, cuya infancia y adolescencia quedaron atrapadas entre guerras, y que, desconfiando de sus mayores y de toda ideología, tuvo que hacerse a sí misma y despojar la lengua alemana del interiorizado lastre nacionalsocialista. De este período literario alemán de la posguerra inmediata -1945 a 1948, año de la fundación de las dos alemanias-, apenas se conocen en español ni autores ni textos, y ello es lamentable puesto que esta primera fase echó los cimientos de una literatura que cristalizó en el Grupo 47, impulsado por Hans Werner Richter, y marcó la evolución literaria alemana de la República Federal hasta finales de los años sesenta. Alfred Andersch, Wolfdietrich Schnurre, Günter Eich, Robert Wolfgang Schnell, Luise Rinser, Franz Josef Schneider o textos de esta época de autores de renombre como Heinrich Böll, entre otros, no se conocen en español. Ellos forjaron la que se ha dado en llamar “Literatura de las ruinas” o “Literatura de la hora cero”, por su voluntad de romper radicalmente con la tradición que les había llevado al nacionalsocialismo y a la guerra y de volver a empezar de nuevo, de establecer un antes y un después, manteniendo vivo el recuerdo del horror para no recaer en él.
Los textos de Borchert están impregnados de la devastación y los sufrimientos de la guerra y de sus consecuencias. Él, cuyo sueño fue ser actor y gustaba de ironizar y parodiar, fue detenido en 1940 por la Gestapo. En 1941 fue llamado a filas y enviado al frente del este donde le encarcelaron varias veces acusado de autolesionarse con el propósito de ser repatriado y de ofensas al Estado alemán. Su salud se vio profundamente afectada por ello. La difteria y la hepatitis que contrajo ya no le permitirían recuperarse jamás. Cuando, en 1943, por fin consiguió un permiso para viajar a su querida ciudad natal, los bombardeos de los aliados, de los que había sido objeto, la habían dejado reducida a escombros. Su nuevo encarcelamiento en 1944 por parodiar al ministro de propaganda Goebbels agravarían aún más su estado. Enviado otra vez al frente, ya al final de la guerra, su compañía, hecha prisionera por el ejército francés, es llevada al cautiverio del que él consigue escapar. Los seiscientos kilómetros que tendrá que recorrer, enfermo, para llegar a Hamburgo hacen el resto. Sus esfuerzos por reanudar su carrera teatral después de la guerra serán vanos: las frecuentes hospitalizaciones y la fiebre lo relegan a la vida del desahuciado que sabe que le queda poco tiempo, tiempo que aprovecha hasta el último minuto en un pulso contra la muerte. Escribe toda su obra en prosa y su pieza teatral Draußen vor der Tür, (Fuera, delante de la puerta), en 1946 y pocos meses de 1947, hasta su muerte en un hospital de Basilea en noviembre del mismo año.
No es de extrañar que el tema recurrente de su literatura sea el sufrimiento, el hambre, el miedo, la nostalgia, el frío en el frente de Rusia, la locura en la reclusión de la cárcel, el insomnio y las pesadillas del soldado, la soledad y la incomprensión del que regresa a alemania y comprueba que no tiene hogar ni familia, que ha perdido el norte y sigue sin saber a dónde va cuando más lo necesita y la gente a su alrededor ha reconstruido su vida de la noche a la mañana y olvidado el horror vivido como si de un simple paréntesis se tratara: “nadie sabe adónde vamos. Pero todos viajan. […]. Y ninguno sabe adónde vamos. Y todos viajan. Y ninguno sabe… y ninguno sabe… y ninguno sabe…” (A lo largo de la calle larga, larga). Su mundo literario es un mundo en ruinas, de muerte y de mutilados de cuerpo y alma, en el que Dios ha dejado de existir y cuya dolorosa ausencia es sin embargo omnipresente. El desamparo del individuo es absoluto, su pregunta vital queda sin respuesta: “¿Dónde está el hombre viejo que se hacía llamar Dios? ¿Por qué no habla? / ¡Responded! / ¿Por qué calláis ¿Por qué? ¿Nadie, pues, responde? / ¿Nadie, pues, responde? ¿Nadie?” (Fuera delante de la puerta).
Ya hace mucho que los estudiosos de la literatura alemana de la posguerra inmediata saben que aquella intención programática de la generación joven -cortar radicalmente con los modelos literarios anteriores a la última catástrofe bélica mundial- quedó en una declaración de principios bienintencionada. El nihilismo existencialista de Borchert enlaza con Sartre y Heidegger, el grito desgarrador de su lenguaje expresionista encuentra su correlato pictórico en el de Munch. Con todo, sus textos, a pesar de la desolación existencial que habita en ellos, dejan a veces un pequeño resquicio de esperanza. En sus cuentos y en su obra teatral encontramos con frecuencia un yo escindido, un yo y un otro, que encarnan respectivamente la desesperación y el consuelo, la voz que anima a la supervivencia. El hecho de que escribiera en una carrera desenfrenada contra el tiempo que le quedaba de vida es signo de que Borchert no perdió del todo la esperanza. No es casual que el último texto que escribiera fuera su manifiesto pacifista ¡Entonces sólo hay una salida!, donde, con el estilo repetitivo que le caracteriza, exhorta a todos y cada uno a decir no a la guerra y describe con palabras devastadoras, que arrancan de lo más profundo del dolor de quien lo ha vivido en carne propia, el desolador paisaje humano y material que nos espera, si esto no sucede. En Luftkrieg und Literatur (Sobre la historia natural de la destrucción) W. G. Sebald arremete contra los escritores e historiadores alemanes acusándoles de no haber dejado constancia de la destrucción a que se vieron sometidas las ciudades alemanas por los bombardeos aliados. Entre las poquísimas excepciones que menciona está el cuento de Borchert Nachts schlafen die Ratten doch (Pues claro que las ratas duermen de noche). Sin embargo no es éste ni mucho menos el único texto de Borchert que da testimonio de las ruinas, como tampoco es él la excepción que las documentó. Sebald olvida esta época de la literatura alemana de la posguerra, 1945-1948, en la que muchos autores cultivaron el cuento y sobre todo el reportaje -un género que floreció en estos años- llevados precisamente por esta necesidad.

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UN ESTUDIO SOBRE LA VIOLENCIA

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EL HONOR PERDIDO DE KATHARINA BLUM
O CÓMO SURGE LA VIOLENCIA Y ADÓNDE PUEDE CONDUCIR
Heinrich Böll
Trad. de Helene Katendahl. Trad. del epílogo de Bárbara Serrano. Seix Barral, Barcelona, 2007, 154 págs.

por Anna Rossell
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Heinrich Böll (Colonia, 1917-Colonia, 1985) fue el último de los escritores alemanes occidentales que desde los primeros años de la posguerra hasta su muerte representó la voz de la otra alemania, aquella que pasó revista con ojo crítico a todos y cada uno de los momentos de la reconstrucción social y política del país después del nacionalsocialismo y de la guerra. Su literatura retrata con distante ironía, de modo pormenorizado, ambientes de un tiempo y una geografía íntimamente ligados a su entorno más directo, y sin embargo es a la vez universal. El honor perdido de Katharina Blum vuelve a dar fe de esta trayectoria. Este relato, publicado por primera vez en 1974 en el semanario Spiegel, fue el producto de la tensión que desencadenaron los métodos de persecución policial de los miembros de la RAF, la guerrilla urbana de extrema izquierda que en los años setenta del siglo pasado sembró el terror en alemania occidental en nombre del antiimperialismo. Los asesinatos y atentados perpetrados por el grupo así como la actuación de la policía para acabar con ellos propiciaron un clima de tensión antes desconocido en alemania y desencadenaron una fuerte polémica acerca de la violencia. La historia de Katharina Blum surgió como reacción del autor al acoso a que se vio sometido por parte del diario amarillo Bild-Zeitung, que en 1971 y 1972 había publicado artículos que le acusaban de simpatizar con la RAF. Cuando los manipuladores de la opinión pública tildan directamente de terrorista a quien critica a los órganos de seguridad del Estado por sus prácticas abusivas para combatir el terrorismo un gran peligro se cierne sobre la democracia, cuya buena salud tanto depende del buen periodismo. Böll, difamado como simpatizante del terrorismo y comparado con Goebbels en las páginas del Bild-Zeitung, vivió en carne propia las consecuencias del periodismo amarillo hasta el punto de que el día de la detención de Baader, uno de los fundadores de la RAF, la policía llegó a cercar su vivienda. El autor, que atento siempre a la contradicción humana y a los comportamientos deshonestos, abominaba de la hipocresía individual y social, por lo que se ganó merecidamente la fama de moralista, no podía dejar pasar la oportunidad de mostrar cómo surge la violencia y adónde puede conducir, como reza el subtítulo del relato. Con la historia del personaje ficticio de Katharina Blum, Böll pone al descubierto cómo el poder manipulador de un periodismo sensacionalista y sin escrúpulos consigue hundir el honor de la más inocente de las criaturas hasta el punto de llevarla a cometer homicidio movida precisamente por la condición sencilla y transparente de su naturaleza. A Katharina, una mujer joven de clase media, trabajadora e íntegra, se le transforma la vida a partir del día en que, en una fiesta de carnaval, conoce al hombre de su vida, un prófugo, Ludwig, que huye de la justicia por deserción y robo de dinero al ejército. Su amor es correspondido y empieza así un idilio que será el comienzo de su desgracia. Por amor Blum incurre en el delito de ayudar a escapar a Ludwig, al que además facilitará la segunda vivienda de un acosador suyo que, contra su voluntad, le ha dejado la llave. Lo demás vendrá rodado: el Bild-Zeitung transforma una vida honrada y sin complicaciones en una existencia de moral dudosa y de ascendencia más que sospechosa. Katharina acabará encarcelada por asesinato, perderá a su madre y a sus amigos, que sucumben al envenenamiento de la noticia fácil. Adelantándose a sus detractores, de derechas y de izquierdas, en el epílogo que escribió diez años después de la primera publicación para una reedición del libro, Böll llamó irónicamente „panfleto“ a su relato, un relato cuya vigencia sigue tristemente en boga. Lejos de ser un panfleto, la historia de Katharina es una narración lúcida que, a modo de artículo periodístico a la contra del que combate, desenmascara los mecanismos que generan la violencia cuando ésta se ejerce con la supuesta intención de combatirla.

Anna Rossell

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UN ESTUDIO SOBRE LA VIOLENCIA

EL HONOR PERDIDO DE KATHARINA BLUM
O CÓMO SURGE LA VIOLENCIA Y ADÓNDE PUEDE CONDUCIR
Heinrich Böll
Trad. de Helene Katendahl. Trad. del epílogo de Bárbara Serrano. Seix Barral, Barcelona, 2007, 154 págs.

Heinrich Böll (Colonia, 1917-Colonia, 1985) fue el último de los escritores alemanes occidentales que desde los primeros años de la posguerra hasta su muerte representó la voz de la otra alemania, aquella que pasó revista con ojo crítico a todos y cada uno de los momentos de la reconstrucción social y política del país después del nacionalsocialismo y de la guerra. Su literatura retrata con distante ironía, de modo pormenorizado, ambientes de un tiempo y una geografía íntimamente ligados a su entorno más directo, y sin embargo es a la vez universal. El honor perdido de Katharina Blum vuelve a dar fe de esta trayectoria. Este relato, publicado por primera vez en 1974 en el semanario Spiegel, fue el producto de la tensión que desencadenaron los métodos de persecución policial de los miembros de la RAF, la guerrilla urbana de extrema izquierda que en los años setenta del siglo pasado sembró el terror en alemania occidental en nombre del antiimperialismo. Los asesinatos y atentados perpetrados por el grupo así como la actuación de la policía para acabar con ellos propiciaron un clima de tensión antes desconocido en alemania y desencadenaron una fuerte polémica acerca de la violencia. La historia de Katharina Blum surgió como reacción del autor al acoso a que se vio sometido por parte del diario amarillo Bild-Zeitung, que en 1971 y 1972 había publicado artículos que le acusaban de simpatizar con la RAF. Cuando los manipuladores de la opinión pública tildan directamente de terrorista a quien critica a los órganos de seguridad del Estado por sus prácticas abusivas para combatir el terrorismo un gran peligro se cierne sobre la democracia, cuya buena salud tanto depende del buen periodismo. Böll, difamado como simpatizante del terrorismo y comparado con Goebbels en las páginas del Bild-Zeitung, vivió en carne propia las consecuencias del periodismo amarillo hasta el punto de que el día de la detención de Baader, uno de los fundadores de la RAF, la policía llegó a cercar su vivienda. El autor, que atento siempre a la contradicción humana y a los comportamientos deshonestos, abominaba de la hipocresía individual y social, por lo que se ganó merecidamente la fama de moralista, no podía dejar pasar la oportunidad de mostrar cómo surge la violencia y adónde puede conducir, como reza el subtítulo del relato. Con la historia del personaje ficticio de Katharina Blum, Böll pone al descubierto cómo el poder manipulador de un periodismo sensacionalista y sin escrúpulos consigue hundir el honor de la más inocente de las criaturas hasta el punto de llevarla a cometer homicidio movida precisamente por la condición sencilla y transparente de su naturaleza. A Katharina, una mujer joven de clase media, trabajadora e íntegra, se le transforma la vida a partir del día en que, en una fiesta de carnaval, conoce al hombre de su vida, un prófugo, Ludwig, que huye de la justicia por deserción y robo de dinero al ejército. Su amor es correspondido y empieza así un idilio que será el comienzo de su desgracia. Por amor Blum incurre en el delito de ayudar a escapar a Ludwig, al que además facilitará la segunda vivienda de un acosador suyo que, contra su voluntad, le ha dejado la llave. Lo demás vendrá rodado: el Bild-Zeitung transforma una vida honrada y sin complicaciones en una existencia de moral dudosa y de ascendencia más que sospechosa. Katharina acabará encarcelada por asesinato, perderá a su madre y a sus amigos, que sucumben al envenenamiento de la noticia fácil. Adelantándose a sus detractores, de derechas y de izquierdas, en el epílogo que escribió diez años después de la primera publicación para una reedición del libro, Böll llamó irónicamente „panfleto“ a su relato, un relato cuya vigencia sigue tristemente en boga. Lejos de ser un panfleto, la historia de Katharina es una narración lúcida que, a modo de artículo periodístico a la contra del que combate, desenmascara los mecanismos que generan la violencia cuando ésta se ejerce con la supuesta intención de combatirla.

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