[Lo spirito]. Comedia en cinco actos publicada en 1585. En vista del éxito obtenido por Los hechizos (v.), cuyo argumento se basaba en un hechizo, el autor decidió escribir otra comedia donde tuvieran un gran papel magias y brujerías.
Napoleón, un joven florentino, se ha casado secretamente con una muchacha, Emilia, esclava liberta de Neri, tío del joven. Después de la boda, Napoleón debe salir para un largo viaje a Constantinopla donde enferma tan gravemente de peste que llega a Florencia la noticia de su muerte. Mientras, Neri había pensado en casar a Emilia con Aldobrando, un esclavo de don Anselmo. Sin embargo Emilia se lo cuenta todo a su nuevo marido y, como éste está enamorado de otra muchacha, ella puede seguir fiel a Napoleón que, mientras, regresa a Florencia. Napoleón llega a un acuerdo con Aldobrando y consigue vivir maritalmente con su mujer, aunque no se atreve todavía a revelar la verdad a su tío.
Pero el tío Anselmo empieza a sospechar algo y encierra a Emilia en su casa. Napoleón entonces, con la ayuda del griego Aristón, el pseudo brujo, encuentra una estratagema:^ Emilia simulará estar poseída de los espíritus malignos; Anselmo consultará a Aristón, que enviará en una caja, a la habitación de la muchacha, lo necesario para echar al diablo. Por supuesto en la caja estará Napoleón que de este modo vuelve a reunirse con su amada. La idea gusta y se sirven de ella también Aldobrando para penetrar en casa de su amada y el mismo Anselmo para lograr la hermana de Neri. Pero la caja en que está Aldobrando va a parar a la aduana, y la de Anselmo a la casa del maestro Antonio, padre de la amada de Aldobrando. Todo el mundo, furioso, quiere arrojarse encima del pobre Aristón, culpable de haber suscitado semejante escándalo; pero él consigue convencerlos a todos de que aquélla era la única manera para aclarar las cosas y arreglar el enredado asunto.
En efecto, gracias también a los inevitables reconocimientos finales, las tres parejas de amantes reciben el consentimiento a su matrimonio. Entre las comedias de Cecchi, ésta tiene comicidad y gracia en abundancia y, com9 siempre, la vivacidad del diálogo y la frescura del léxico popular florentino, compensan su escasa fuerza dramática. También hay aquel sentido de lo tragicómico, propio de Cecchi, que encontrará en El búho (v.) su más neta expresión: motivo éste que no nace tanto del argumento y de los personajes como de algunas particulares situaciones en que lo verosímil y lo absurdo se funden en una misma sugestión fantástica.
E. Allodoli
A propósito [he callado] las muchas comedias y representaciones sagradas de Cecchi, con el que en Florencia — como más tarde, en Nápoles, con Giambattista della Porta—, la comedia del Renacimiento se mecaniza, pierde la vena inventiva, a pesar de que guarde ciertos méritos secundarios y a veces se muestre mejor estructurada que las obras de la primera época. (B. Croce)

