Es un opúsculo de capital importancia en el que el autor, uno de los últimos alumnos de la escuela de Atenas y de los más ilustres maestros de la escuela neoplatónica, recoge y compendia los motivos esenciales del neoplatonismo. El jefe de la escuela neoplatónica Plotino, había enunciado en términos generales la emanación de lo Múltiple a partir de lo Uno, y el retorno de lo Múltiple a lo Uno. Proclo distingue, con vigor, los momentos de este proceso y aplica sistemáticamente su esquema a todas las partes de la doctrina.
Ley de la unidad es la de producir de sí una multiplicidad sin dividirse ni multiplicarse; la genera de sí misma porque la contiene en sí en modo eminente. El producto, como distinto del productor, nace de él pero, como semejante, permanece en él en parte y vuelve a él como a su bien. Por eso todo ser genera de sí seres inferiores a él, que tienen en sí algo de él y aspiran a volver a él. Así lo producido sale fuera del productor, permanece en él, vuelve a él. Es esta la ley de la producción cósmica por la cual de lo Uno sale lo Mucho. Cuanto más se desciende en la serie de la producción, más dividido está el ser, más complejo es, más imperfecto; cuanto más se asciende, es más simple, uno y perfecto. Esta ley Proclo la aplica a todas las esferas del mundo inteligible y sensible, con una minuciosidad que es casi pedantería.
A estas entidades metafísicas hace corresponder un orden de divinidades o seres sobrenaturales del politeísmo, que tiende a disolver en una pura alegoría metafísica. Es notable en él la irrupción de un elemento irracional: el alma no se une a lo Uno con el pensamiento, sino con una facultad especial, superior a ella, que es la fe o entusiasmo, o manía. Por su brevedad y diafanidad el opúsculo de Proclo tuvo un éxito extraordinario sobre todo en la Edad Media bajo la forma abreviada que le dio un árabe, y que circuló con el título Líber de causis en la traducción latina debida, según parece, a Gerardo de Cremona. El Líber de causis fue comentado por Alberto Magno, Santo Tomás y Egidio Colonna.
A. Tilgher

