[Divorcons]. Comedia en tres actos representada en París en 1880. Para interrumpir la monotonía de la vida conyugal, Cipriana acepta la corte de su primo Ademar, y, al poco tiempo, se hace la ilusión de estar enamorada. Retenida sin embargo, casi sin darse cuenta, por el afecto hacia su marido, vivo aún en ella, no quiere entregarse a Ademar hasta que no esté legalmente disuelto su primer matrimonio y celebrado el segundo. Ademar entonces, finge que ha sabido por vía oficiosa que el proyecto de ley sobre el divorcio ha sido aprobado ya, y la propone divorciarse en seguida. El marido, De Prunelles, que ha tratado de alejar por todos los medios al importuno adorador, se da cuenta sin duda del estado de ánimo de Cipriana y del probable efecto benéfico del expediente, por lo que finge aceptar.
El truco, en efecto, da buen resultado: bien pronto, Cipriana, sorprendida y desilusionada, comprueba que Ademar, en su papel de futuro marido, es mucho más fastidioso que De Prunelles. Hasta que una cómica escena de celos que Ademar le hace a Cipriana en un restaurante de lujo, donde ha ido a cenar con el marido y no con él, como le había prometido, resuelve felizmente la situación. También en esta comedia, como en las demás de Sardou, la habilidad para tramar y para luego deshacer una intriga, la de dirigir el juego con imperceptible y habilísima sagacidad, revelan en él más a un experto y auténtico maestro del arte teatral, que a un artista bien dotado; ambas cualidades, sin embargo, aparecen en los momentos más afortunados, como en los dos primeros actos de Divorciémonos, en los que queda patente la facultad de retener y dar vida a sus personajes.
T. Momigliano

