[Orationes]. Un significativo documento del humanismo tardío son los Discursos del humanista francés Marc-Antoine Muret, en latín Muretus (1526-1585), recopilados primero en 1571 y después varias veces reimpresos con las demás obras del autor como obra maestra del elegantísimo estilista. Con ocasión de los acontecimientos relativos a la política de los Estados italianos, este erudito, que residió la mayor parte de su vida en Italia al servicio de príncipes y de la curia papal, ahora ilustraba con riqueza de elocución una situación moral, ya defendiendo una opinión, ya tratando un tema diplomático.
Pero además hay en los Discursos problemas de orden cultural y político, que superan las cuestiones contingentes en un sentido puramente humanista. Ofrecen la forma de verdaderas disquisiciones algunos discursos pronunciados como lecciones acerca de diversos temas culturales; son famosos, en número de catorce, los que tratan de la «Dignidad y excelencia del estudio teológico» [«De dignitate ac praestantia studii theo- logici»], los «Elogios de las letras» [«De laudibus litterarum»], la «Unidad de la filosofía y de la elocuencia» [«De philosophiae et eloquentiae coniunctione»], respectivamente pronunciados en París, en 1552, y en Venecia, en 1554 y 1557.
También en los demás discursos, dedicados a problemas de tipo cultural, el estudio de las letras antiguas no es una ostentación de elegancia intelectual, sino un símbolo de claridad interior; la latinidad, con su visión armónica de la vida, da su mano al estudio de los temas más arduos de la moral, y de la política y el buen cultivador de la belleza y de justicia no puede faltar a su profesión de legislador y de ciudadano. Por lo demás el Cristianismo encontró en la sistematización de los teólogos, y en la organización de la Iglesia una base de ordenaciones civiles que son también fruto del antiguo saber romano. Más relacionados con la política del siglo XVI y las disensiones europeas están los numerosos discursos sobre cuestiones de la época; las más célebres son para Francisco II y Carlos IX de Francia, para Alfonso II de Ferrara, y para Marcantonio Colonna, vencedor de los turcos.
Otros discursos están dedicados a tratar problemas filológicos y retóricos, al estudio de las bellezas de Roma, a sus recuerdos históricos y religiosos y hasta a temas referentes a los apóstoles y al carácter religioso de sus vidas. Esta obra es un importante documento de la vida cultural de su época, porque denota la cultura de un buen retor y su actitud como docto ante acontecimientos históricos de importancia decisiva. Pero el valor a veces literariamente abstracto de su manera de ser, impidió a Muret tener mayor libertad espiritual ante graves problemas de la época; de aquí su justificación, por cuenta de Carlos IX, de la matanza de los hugonotes, y su aceptación, fuera de una experiencia religiosa, de las varias normas de la Iglesia, como hombre y como humanista.
C. Cordié

