El joven seminarista Luis Vargas vuelve a su pueblo natal para pasar unas vacaciones antes de ordenarse definitivamente sacerdote. Allí conoce a Pepita Jiménez, joven, bella y piadosa viuda, prometida al padre de Luis, Don Pedro. Con la frecuencia de su compañía nace en Luis, una pasión hacia Pepita que él considera pecaminosa.
Es por eso que se dispondría partir cuanto antes del pueblo. Pepita, que también lo ama, se fingirá enferma y hará que él le declare su amor. Finalmente Luis confesará sus intenciones a su padre. Para su sorpresa, Don Pedro confiesa, a su vez, que conocía hacía tiempo esos sentimientos entre Luis y Pepita, y que nunca se opondrá a ellos, pues los considera naturales. La novela está dividida en dos partes; la primera de ellas la forman las cartas de Luis a un tío suyo, León.

