Nació en Florencia durante el último decenio del siglo XIII, y murió después de 1353. En 1315 participó en la batalla de Montecatini, y cayó en poder de los písanos. En 1328 fue castellano de Montopoli, cargo que le confirió el vicario general florentino del duque de Calabria; ello le llevó a lamentarse, por cuanto el aislamiento le impedía contemplar a bellas mujeres, de las que fue siempre gran amante. Los achaques de la vejez le indujeron a los primeros remordimientos, determinados, en gran parte, por el temor al castigo de Dios.
Y así, empezó a componer rimas morales sobre la falacia de los bienes mundanos y el destino de los hombres, llevados inesperadamente al «doloroso lecho» de la expiación eterna. Con frecuencia invocaba a Santa Lucía para que le restituyera el don de la vista — había quedado casi ciego — o pedía a la Virgen el perdón de Dios, en versos angustiados, pero ajenos a un verdadero sentimiento religioso (v. Cancionero). Amó siempre sinceramente a Florencia, ciudad a la cual suspiraba regresar y así poner fin a su vagabundeo.
G. Vugliano

