Nació en Woolsthorpe (condado de Lincoln) el 25 de diciembre de 1642, murió en Kensington el 20 de marzo de 1727. Hijo de un modesto terrateniente, quedó huérfano muy joven. De endeble constitución física, su triste niñez no fue alegrada ni siquiera por los estudios, por los cuales, pese a su gran inteligencia, no manifestó al principio ninguna aptitud sobresaliente; su única pasión era el dibujo y la construcción de juguetes mecánicos. Retirado en su casa a causa de las dificultades económicas de la familia, Newton se ocupó con escasísimo entusiasmo de la pequeña hacienda agrícola familiar, perdiendo muchas horas en sus fantasías y en sus construcciones mecánicas, hasta el punto de que pareció mejor solución enviarle a la escuela: fue un tío suyo quien convenció a la madre para que le enviara de nuevo a Grantham a completar sus estudios, y después a la Universidad de Cambridge. De este modo, estudiante más bien maduro en relación con los de su clase, fue matriculado en 1661 en el Trinity College, en donde le atrajo sobre todo el estudio de las Matemáticas y la enseñanza de la óptica por Barrow; y éste, habiendo apreciado inmediatamente su talento, le estimuló en sus estudios.
En 1665 obtuvo el título de Bachelor of Arts; pero la peste que afligía entonces a la región de Londres le indujo a retirarse al campo; fue esta ocasión, según una conocida leyenda, cuando, sentado bajo un manzano meditaba en torno al fenómeno de la aceleración del movimiento de la Luna cuando ésta se aproxima a la Tierra, una manzana caída junto a él le había sugerido la primera intuición de la ley de la gravedad. Pero, por el momento, no logró deducir ninguna teoría comprobable, quizá porque partía de una medida errónea del diámetro de la Tierra. Vuelto a Cambridge, consiguió en 1668 el máximo grado de Mas- ter of Arts. Fue después de estos exámenes cuando, a invitación de Barrow, compuso su primer trabajo en el que exponía los principios del «cálculo de las fluxiones» (infinitesimales), conseguido mediante una genial generalización de los resultados y de los métodos a los que habían llegado los mayores algebristas ingleses de su tiempo, especialmente Wallis y el mismo Barrow: De analysi per aequationes… infinitas, obra que desgraciadamente circuló solamente manuscrita y en un círculo muy restringido, por lo que Newton, demasiado reacio a publicar sus obras, verá muchos años después que Leibniz (v.) le disputará la prioridad de su descubrimiento.
En 1669, habiendo pasado Barrow a enseñar Teología, heredó Newton su cátedra «lucasiana» de Matemáticas y óptica. Profesor escrupuloso, aunque poco entusiasta, se dedicó a estudios de óptica que le llevaron, a través de una serie de experimentos, al famoso descubrimiento de la descomposición de la luz blanca, que fue explicada por él mediante una teoría corpuscular de la luz destinada a dar jaque a la teoría ondulatoria de C. Huygens (v.) y a dominar durante todo el siglo XVIII. Experimentos, descubrimientos e hipótesis sobre la luz fueron hechos públicos en una memoria a la Royal Society y publicados en las Philosophical Transactions (núm. 80, 1671-72). Pero las tempestuosas disputas suscitadas por esta memoria le disgustaron hasta el punto de que se abstuvo de publicar sus Lecciones de óptica (desarrolladas en la cátedra lucasiana entre 1668 y 1671), las cuales sólo vieron la luz en 1729. No obstante, en 1675 presentó a la Royal Society una importante memoria, que constituirá después la base de su óptica (v.), en la que, partiendo de los experimentos sobre la coloración de laminillas metálicas, expone los principios de su teoría sobre la luz.
Mientras tanto, en 1670 había tenido Newton noticias sobre una nueva y más exacta medida del diámetro de la Tierra lograda por el francés Picard; este hecho le indujo a tomar en cuenta de nuevo sus antiguas intuiciones sobre la ley de la gravitación universal; al ver que se mostraba de acuerdo con los hechos empíricos, en la soledad de su despacho de Cambridge la fue desarrollando metódicamente en un complejo sistema de mecánica celeste. Esto fue conocido, casi por casualidad, por su fiel amigo E. Halley (el célebre astrónomo), el cual le indujo a completar el trabajo, por lo que, en la sesión del 28 de abril de 1685, en medio del entusiasmo de los socios, fueron presentados a la Royal Society los dos primeros libros de una de las más sobresalientes obras maestras de la ciencia de todos los tiempos, los Principios matemáticos de la filosofía natural (v.). En ella se presentaba, fundado sobre la hipótesis copernicana y en total acuerdo con los hechos de la observación, un sistema completo como consecuencia de la extensión a toda la naturaleza de las leyes de un sistema de mecánica racional (del que Newton formuló por primera vez de un modo claro y operante los tres principios fundamentales) más la ley de gravitación universal.
La obra no fue completada y publicada, después de muchas dificultades, hasta 1687; y tuvo desde entonces, aún en vida del autor, muchas reediciones y traducciones, y muchísimas más en el curso de los siglos siguientes. Pero su trabajo, tan brillantemente iniciado, si no quedó detenido para siempre, sufrió una notabilísima moderación en su marcha a causa de una grave enfermedad mental que afectó a Newton en 1692, a consecuencia, al parecer, de la destrucción del laboratorio y de todos sus apuntes por efecto de un incendio que se originó en el mismo laboratorio. Se volvió entonces de un humor extraño e irritable, aunque con intervalos de absoluta normalidad: sus amigos le atendieron amorosamente, y a finales de 1694 parecía perfectamente curado. Sin embargo, no reanudó nunca más los experimentos de química que estaba realizando en la época del incendio, ni publicó más obras nuevas notables, limitándose a reediciones de las obras anteriores o a ediciones de obras inéditas escritas mucho tiempo antes. Pero quizá también fue debido esto al hecho de que en 1695 ocurrió un profundo cambio en las costumbres y en las actividades de Newton: el reservado y taciturno profesor de Cambridge se convirtió en un alto funcionario estatal y en un hombre de mundo londinense.
Anteriormente, desde 1689, había sido un silencioso y poco activo diputado por Cambrigde en el Parlamento inglés. Aunque no tenía una posición política precisa, debía ser un hombre de centro-derecha, una especie de «tory» moderado (protestante), que gozaba por ello del favor de los «whigs». Tenía, además, una bellísima sobrina, Catalina Barton, casada con Mr. Conduitt, íntima amiga de lord Halifax, ex compañero de escuela de Newton y lord tesorero del Reino. Éste hizo nombrar a Newton inspector de la Ceca de Londres, cargo al que dedicó con gran celo, hasta el punto de que lo conservó después de la caída de su protector, y aun fue promovido al de director de la Ceca (1699). De este modo, habiendo renunciado Newton a la cátedra de Cambridge, se trasladó a Londres a una lujosa casa que se convirtió, por obra de su sobrina (Newton se mantuvo soltero toda su vida), en una de las más importantes de la City. Su fama y su posición mundana aumentaban: en 1703 fue elegido presidente de la Royal Society; en 1705 fue hecho por la reina Ana caballero y tuvo por ello derecho a llevar el título de sir, que estimó muchísimo.
En este período, que alcanza hasta su muerte, publicó la segunda y la tercera ediciones de los Principios (1708 y 1726); en 1704 publica la óptica, que es principalmente una recopilación de ensayos anteriores; y como a espaldas suyas se había publicado en 1707 la Aritmética universal (v.), en 1722 dio a la luz una reedición muy corregida de esta obra. La única producción original de este período es una desgraciada tentativa de cronología matemática, publicada en Francia en edición abusiva con el título de Abrégé de chronologie (1724) y parcialmente por él mismo en las Philosophical Transactions de 1725. Recordemos también Commercium Epistolicum (1713), documento de aquella malhadada y vergonzosa polémica entre Newton y Leibniz sobre la prioridad en el descubrimiento del cálculo infinitesimal, que se enconó durante muchos años y que no honró a ninguno de los contendientes; contiene, sin embargo, una interesante historia del modo cómo llegó Newton a su descubrimiento, así como algunos textos que hasta entonces habían quedado inéditos. Tras aquellos años de bienestar físico, en 1725, enfermo y achacoso, se retiró Newton al campo, a Kensington, donde murió en 1727.
G. Preti

