Nació en 1475 (?) en Oberehnheim, junto a Estrasburgo y murió en 1536 en Heidelberg (o en 1537 en Oberehnheim ?) siendo el más importante escritor satírico alemán de la época de la Reforma. Después de los años de estudio transcurridos en Friburgo, Krakan y París, entró en 1491 en la orden franciscana en Estrasburgo, donde recibió las órdenes sagradas en 1494. Pronto emprendió, sin embargo, una caprichosa vida bajo el doble aspecto de fraile limosnero y de clérigo vagabundo y predicador y algunas veces pendenciero. Esta vida lo llevó a Roma y a Londres, de donde volvía, sin embargo, con frecuencia a Alemania, su patria espiritual, a las ciudades de Estrasburgo, Friburgo, Basilea, Berna y Lucerna. Precisamente a las experiencias recogidas en sus viajes debe Murner su familiaridad, ya con las costumbres e inmoralidades privadas, ya con las condiciones y situaciones públicas de su tiempo, lo que suscitó en él el deseo de satirizar y de criticar convirtiendo sus escritos en un interesante repertorio histórico-documental.
Como satírico tiene un precedente en su compatriota Sebastián Brant (v.), que años antes se había burlado alegremente de los vicios y de las debilidades humanas en la figura de un loco, pero supera a su modelo tanto en la crudeza de las tintas como en la severidad combativa. Su obra Cura espiritual [Gestliche Badefahrt, 1524] entra de lleno en el tipo de la literatura alegórico- religiosa de la Edad Media; pero ya antes, en 1512, en las obras La corporación de los bribones (v.) y Exorcismo de los locos (v.) había descubierto su vocación satírica. Y mientras en estas obras ataca los vicios de todas las clases sociales — sin excusar los propios — en Die Mühle von Schwindelsheim (1515) y en Campo de los locos (v.) arremete contra la creciente inmoralidad circundante. Muy pronto la impetuosa Reforma luterana le suministró un nuevo motivo; en una docena de escritos atacó a Lutero con dureza cada vez mayor y desahogó al fin todo su odio en una orgía de burla, ironía y vituperio: Del gran loco luterano (1522, v.).
Entonces, todos sus adversarios arremetieron contra él con igual encarnizamiento y le obligaron a la huida y al silencio. El belicoso y desenfrenado defensor de la Iglesia romana, el eficaz y elocuente intérprete del sentimiento popular, murió abandonado y olvidado.
R. Alewyn

