Nació en Dressau el 6 de septiembre de 1729, en el seno de una pobre familia hebrea; murió en Berlín el 4 de enero de 1786. Inició muy pronto, bajo la dirección de D. Frankel, rabino de la localidad, el estudio de la Biblia y de los principales textos judaicos, así como de sus comentarios, especialmente de Maimónides, con brillantísimos resultados. Dotado de gran precocidad, Mendelssohn componía ya a los diez años poesías en lengua hebrea; pero la excesiva tensión espiritual acabó produciéndole una enfermedad nerviosa de la que se resintió toda la vida, adquiriendo una especie de hipersensibilidad, propensa a transformarse a menudo en grave depresión. En 1742 se unió a Fránkel en Berlín, y con su ayuda material pudo ampliar su cultura estudiando francés, alemán, inglés, latín y matemáticas; a esta época se remonta la lectura de la obra de Locke, que no dejó de ejercer influencia sobre su pensamiento. En 1750 entró como preceptor en casa de I. Bernhard, rico propietario de una sedería, donde Mendelssohn se empleó en 1754 y de la que llegó a ser más tarde director.
Libre así de preocupaciones económicas pudo intensificar los estudios, profundizando sobre todo en la filosofía de Wolf, Leibniz, Spinoza y Shaftesbury. En 1754 trabó amistad con Lessing y con Nicolai, y empezó a colaborar en las más importantes revistas de la época, especialmente en Allgemeine Deutsche Bibliothek. Entre sus primeras obras figuran los cuatro Diálogos [Gespräche, 1775] relativos a la filosofía de Leibniz y a sus relaciones con Spinoza, y las Cartas sobre las sensaciones [Briefe über die Empfindungen, 1775], de tema estético y psicológico. En 1762 se casó con la hija de un rico comerciante de Hamburgo y tuvo de ella ocho hijos: a la educación de los seis que sobrevivieron, tres varones y tres hembras (entre las cuales Dorotea, la futura compañera de Fr. Schlegel) se dedicó Mendelssohn totalmente con la más tierna solicitud. El éxito alcanzado en 1783, en ocasión del concurso abierto por la Academia de Berlín sobre el tema «La evidencia en Metafísica» [Uber die Evidenz in metaphysischen Wissenschaften, 1764], aumentó’ su fama, que se difundió también por el extranjero a través de las numerosas traducciones de sus obras, especialmente de Fedón (1767, v.), diálogo que versa, como su homónimo platónico, sobre el problema de la inmortalidad. Entre 1769 y 1770, Lavater lo implicó en una delicada polémica sobre el valor del cristianismo, en la que pronto tomaron parte otros filósofos y teólogos de la época.
Tras una estancia en Brunswick (1770) y un nuevo período de agotamiento, marchó Mendelssohn a Dresde (1776) y a Königsberg (1777), donde visitó a Kant y Hamann, a Hannover y a Wolbenbüttel (1777), siendo acogido en todas partes calurosamente por viejos y nuevos amigos. En 1778 publicó una traducción del Pentateuco, que fue de gran importancia para la germanización de sus correligionarios a cuya elevación política y cultural contribuyó de varias formas, promoviendo continuos estudios sobre problemas de la raza judía. Su obra Jerusalem (1783), sobre las relaciones entre la Iglesia y el Estado, y sobre la tolerancia religiosa, mereció muchos elogios en los ambientes ilustrados, aunque no dejó de promover críticas muy violentas como la de Hamann en Golgotha y Sceblimini (1784, v.). En 1785 aparecieron las Horas matutinas, o lecciones sobre la existencia de Dios [Morgenstunden, oder Vorlesungen über das Dasein Gottes], que es una serie de diecisiete lecciones que compendia su pensamiento metafísico, religioso y teológico.
Los últimos años de su vida fueron amargados por las polémicas sobre el spinozismo de Lessing, suscitadas por Jacobi: Mendelssohn hubo de suspender la obra que estaba preparando en honor del amigo desaparecido y quedó profundamente desorientado por lo que su joven y atrevido adversario iba revelando sobre el pensamiento de Lessing: intentó rebatirlo con el escrito A los amigos de Lessing [An die Freunde Lessings], del que no pudo ver, sin embargo, la impresión, porque enfermó de gravedad precisamente al llevarlo al editor, y expiró pocos días después.
V. Verra

