Poeta latino que vivió, según permite deducir su obra, en tiempos de Augusto y Tiberio. Nada conocemos acerca de su vida; aun su mismo nombre es incierto, por cuanto ninguno de los escritores antiguos lo cita, siquiera alguno de ellos utilizara ampliamente su poema. Se explican así las suposiciones de quienes le juzgan nacido en la Galia, en Asia o en África. Sin embargo, ciertos indicios personales permiten considerarle natural de Italia. La presencia de idiotismos y el estilo general de su obra no resultan elementos suficientes para suponerle «bárbaro», puesto que algunas de sus singularidades estilísticas pueden aplicarse teniendo en cuenta la materia tratada. Sea como fuere, los cinco libros de Los astronómicos (v.) ofrecen un perfil espirtual bastante seguro de su autor.
Aun cuando Manilio tuviera por modelo poético a Lucrecio, su obra llega raras veces a ser verdadera poesía; en realidad, el tema tratado sólo en manos de un gran poeta hubiese dejado de caer en la fría monotonía de una ciencia versificada. Anteriormente Cicerón había traducido en verso los Fenómenos (v.) de Arato. El intento de Manilio resultó, no obstante, más original: el autor quiso «hacer descender del cielo los astros que, confidentes del destino, presiden la suerte diversa de los hombres», con lo cual, siquiera creyese llevar a cabo una labor científica, trocó la astronomía en astrología. Manilio fue estoico, y, aun cuando el mundo sobrenatural de los númenes hubiese perdido para él todo valor, no por ello renunció a un sincero sentimiento religioso.

