Nació el 11 de septiembre de 1885 en Eastwood (Nottingham) y murió el 2 de marzo de 1930 en Vence (Provenza). Su padre era un minero todo instinto, y la madre una burguesa de tipo intelectual. Transcurridos los primeros meses del matrimonio, la diversidad de caracteres se había transformado en una fuente de tensión: el temperamento sexual del marido fue degenerando, y llevóle a buscar un derivativo en la bebida; la esposa, desilusionada como tal, trató de consolarse en cuanto madre, y, concentrada su adoración en David Herbert, el último de sus hijos varones, presentó batalla a la amiga predilecta de éste, Jessie Chambers, la muchacha que aparece con el nombre de Emily en la primera novela del autor, El pavo real blanco (1911, v.), y luego con el de Miriam en la tercera, Hijos y amantes (1912, v.). Jessie, empero, había de quedar suplantada no tanto — cual podría inferirse de la situación reflejada en Hijos y amantes — por la madre (o por el recuerdo que ésta dejara en el hijo al morir) como por una mujer capaz de responder a la exigencia sensual — o sexual — del joven.
Tal mujer fue Frieda, hija del barón alemán Von Richthofen, casada con el profesor inglés Ernst Weekley. Las exigencias heredadas por Lawrence con la sangre paterna, mitigadas por cuanto recibiera de la intimidad de la madre y, finalmente, exasperadas por las resistencias de Jessie, hallaban en Frieda el reactivo con que revelarse, en tanto las teorías freudianas mediante las cuales ésta legitimaba su sexualidad alentaban el otro anhelo de Lawrence, el intelectual, de origen materno. De esta suerte aparecía determinado el aspecto más evidente de David Herbert, el de poeta y profeta del sexo. Contraída, luego de dos pulmonías, la disposición a la tuberculosis que había de llevarle a la tumba, y convencido, consciente de una falta de vitalidad, de que mucho de cuanto más integralmente participa de la vida, empezando ya por el mismo acto sexual, es o puede ser menoscabado o violado por un mundo cada vez más pobre en linfas vitales debido a su deshumanización provocada por el progreso mecánico y el desarrollo industrial, cedía, precisamente en la época del encuentro con Frieda (marzo de 1912), al espejismo de algo, menos adulterado por la civilización y más conforme a la naturaleza, que devolviera al hombre la primitiva libertad bárbara e incluso le sumergiera de nuevo en la vida cósmica.
Y así, presentada su dimisión como maestro elemental, Lawrence partió con Frieda hacia Italia a través del territorio alemán, estuvo en Gargnano del Garda (otoño 1912- primavera 1913), y, luego de un breve intermedio pasado en Alemania e Inglaterra, permaneció algún tiempo (septiembre 1913- junio 1914) en Fiascherino, en el golfo de Spezia, seguro de hallar una compensación al conformismo germano-británico en el libre individualismo italiano, sinónimo de espontaneidad y llaneza primitivas y de realidad física frente al cosmos. Casado, en 13 de julio de 1914, con Frieda, la cual, mientras tanto, había conseguido el divorcio, hubo de permanecer con ella en Inglaterra durante el desarrollo del conflicto bélico mundial. En 1919 regresaron ambos a Italia, donde residieron, de 1920 a 1922, preferentemente en Taormina (Sicilia); desde allí realizaron algunos viajes a Florencia, Cerdeña y Capri, y, fuera del territorio italiano, a Malta, Alemania y Austria. Finalmente, a instancias de la escritora norteamericana Mabel Dodge, los dos embarcaron en Nápoles con dirección a Nuevo México (Estados Unidos), a donde llegaron a través de la India, Australia, Nueva Zelanda, las islas Cook, Tahití y San Francisco.
Al descubrir en el territorio australiano un continente tan primitivo como pudiera serlo casi en los días de la Creación, Lawrence se detuvo allí para componer una novela, Canguro [Kangaroo, 1923], cuyas mejores páginas reflejan ese aspecto. El literato se dirigía a Nuevo México movido por la esperanza de un contacto fecundo con la superviviente realidad autóctona de los indios de Taos. Sin embargo, una vez allí, donde Mabel, de quien era huésped junto con Frieda, se le revelaba ejemplar femenino capaz de resucitar en él, bajo las formas del americanismo, el riesgo que trató de evitar abandonando a Jessie en favor de su otra amiga, buscó una nueva residencia en México. Al cabo de cuatro meses Lawrence y Frieda se hallaban en Nueva York; ésta embarcó allí hacia Inglaterra, a donde la atraían los hijos de su primera unión, en tanto el escritor, por una repentina decisión, regresó, a través de los Estados Unidos, a Los Ángeles y México, obediente al reclamo de los fantasmas en formación de La serpiente emplumada (v.), la novela del propugnado retorno a las manifestaciones originarias de la vida indígena como contraposición al americanismo, bastardo fruto del injerto europeo. Reunidos otra vez en Inglaterra y efectuado un viaje a París y Baden-Baden, Lawrence y Frieda atravesaron de nuevo el Atlántico, ahora en compañía de una pintora inglesa, Dorothy Brett, enamorada del escritor y pronto vencida también, como anteriormente Jessie y luego Mabel, por aquélla.
Permaneció entonces un tiempo en territorio mexicano, con un intervalo transcurrido en Nuevo México. A esta época pertenecen, entre otras obras, dos de las narraciones más significativas de Lawrence: La amazona fugitiva [The Wornan who rodé away, 1925], inspirada en el tema de la mujer complicada y moderna — en definitiva, el tipo representado por Mabel —, negativa, en suma, y La princesa [The Princess, 1925], fruto del afán de presentar bajo una forma fantástica una lección de naturismo a Dorothy Brett y en la cual aparece humillado y debelado lo que Lawrence denominaba el «truco virginal», o sea la apariencia de un falsificado modernismo. Declarado tuberculoso por un médico de México, el escritor volvió a Europa con Frieda en octubre de 1925. A partir de entonces, las estancias fijas de cierta duración escasearon: en realidad quedaron reducidas a los períodos pasados en la villa Mirenda, cerca de Florencia, donde Lawrence componía la novela El amante de Lady Chatterley (1828, v.) y, apasionándose en el ejercicio del arte pictórico, iniciaba, con «una sagrada familia», su «verdadera pintura».
Ambas actividades habrían de provocar el escándalo. Incontables eran ya los cambios de residencia, interminable sucesión de llegadas, partidas y permanencias fugaces: Londres, Baden-Baden, Spotorno, Capri, Ravello, Villach, Irschenhausen, Suiza, Port-Cros, la Costa Azul, España. La mayoría de sus cartas acaban con una expresión que había llegado a serle ya habitual: «this place is no good» (este lugar no me gusta). Falleció en la villa Robermond, en Vence, a donde se hizo trasladar desde el sanatorio en el cual tratara de restablecerse. Fue enterrado en el pequeño cementerio de esta población. Sin embargo, quien lo visite en vano ha de buscar su tumba, señalada por el fénix, símbolo grato al escritor, representado con guijarros recogidos en la orilla del mar: «This place is no good». Cual si el fénix, renaciendo de sus propias cenizas, hubiese dicho que tampoco aquel lugar era de su gusto, el cuerpo de Lawrence, exhumado por Frieda, fue sepultado nuevamente en Nuevo México, exactamente detrás de un rancho presente de Mabel al escritor, a cambio del manuscrito de Hijos y amantes. Además de las cinco hasta aquí mencionadas, Lawrence compuso otras seis novelas: El transgresor (1912, v.), El arco iris (1915, v.), La mujer perdida (1920, v.), Mujeres enamoradas [Wornen in Love, 1921], La vara de Aarón [Aaron’s Rod, 1922] y El muchacho del bosque [The Boy in the Bush, 1924].
A su obra narrativa deben añadirse todavía unas setenta novelas cortas y narraciones. Cabe mencionar también los libros y páginas de viaje, singularmente Atardecer en Italix (1916, v.), Mar y Cerdeña (1921, v.) y Mañanas en México (1927, v.). En cuanto a los numerosos textos de intenciones filosóficas, corresponde el primer puesto a Fantasía del inconsciente [Fantasía of the Unconscious, 1922]; de los críticos, a Estudios sobre la literatura clásica americana [Studes in Cíassic American Literature, 1924]. Compuso, además, cuatro obras teatrales, otras tantas colecciones de poesías y el interesante epistolario, publicado por Aldous Huxley, The Letters of D. H. Lawrence.
P. Nardi

