Nació en Jerusalén en el siglo II, vivió largo tiempo en Emaús durante el imperio de Septimio Severo y mantuvo relaciones con el rey Abgar de Orhoi (Edesa). Llegado a Roma en el ambiente de la época de los Severos, totalmente impregnado de influencias culturales asiáticas, este escritor en lengua griega tan poco griego, y tan poco romano en Roma, dirigió la biblioteca del Panteón. Nos quedan de él los Bordados (v.), enciclopedia científica o seudocientífica, y algunas cartas a Orígenes y a Arístides sobre temas exegéticos.
Su obra principal, Cronografías (v.) es formalmente una síntesis histórica. Pero el autor, que había oído en Alejandría las lecciones de Orígenes y de Heracla sobre la exégesis alegórica profesada en el Didascaleión, expone más bien en ella sus tesis nacional-religiosas acerca de la primacía del pueblo hebreo. Y ello revela no sólo la tentativa apologético-cultural del cristiano que escribe en un mundo romano y pagano al mismo tiempo, sino el orgullo de haber nacido en la tierra de la Biblia.

