Nació hacia el año 607 en Toledo, donde murió en febrero de 667. Sobrino de San Eugenio, arzobispo de la sede toledana y poeta, recibió de su tío la primera formación, que completó San Isidoro de Sevilla. Fue monje y abad del monasterio de los Santos Cosme y Damián de Agali, cerca de Toledo, y se consagró a la meditación y el estudio. A la muerte de su tío, en 657, aceptó su sucesión por orden del monarca Recesvinto; contaba entonces cincuenta años, y ocupó la cátedra hasta el fin de sus días. Todos sus textos son exquisitamente religiosos; compuso muchos, pero hasta nosotros han llegado sólo cuatro, además de dos cartas.
El más conocido valióle el apelativo de «capellán de la Virgen» en la comedia que le dedicó Lope de Vega, y es una defensa de la perpetua virginidad de María (De perpetua virginitate Sanctae Mariae) frente a las negaciones e injurias de los seguidores de Helvidio, ya combatidas por San Jerónimo. El celo pastoral y la profunda doctrina del arzobispo quedan atestiguados por otras dos obras: De cognitione baptismi (sobre la organización del catecumenado y la liturgia bautismal) y De itinere deserti quo pergitur post baptismum (acerca del arduo camino, comparado al desierto por el cual erró el pueblo hebreo, que desde el bautismo lleva hasta el premio de Dios). Con los Escritos de hombres ilustres (v. De los hombres ilustres) quiso luego continuar la obra de San Isidoro (v.), a través del cual enlazó con Genadio de Marsella y San Jerónimo.
M. de Benedetti

