Es doble: uno, por decirlo así, espiritual, es decir, la carta escrita por el filósofo griego (341-270 a. de C.), en el momento de morir, a su discípulo Idomeneo; otro, legal, donde cumple sus deberes de amistad y de costumbres de vida y de estudio; ambos nos han sido transmitidos por Diógenes Laercio en el libro X de las Vidas de los filósofos (v.).
La carta a Idomeneo está concebida así: «Llega para mí el día supremo, y no obstante feliz, de mi vida, cuando esto te escribo. Grandes eran mis dolores de víscera y de vejiga, pero a todos ellos dominaba siempre la alegría del alma por el recuerdo de nuestros pasados razonamientos filosóficos. Ahora tú, como conviene a tu buena disposición, desde muchacho, hacia mí y hacia la filosofía, cuida de los hijos de Metrodoro». (Idomeneo se había casado con Batidis, hija de Metro- doro, el más insigne y fiel discípulo de Epicuro, muerto antes que el maestro). En el testamento legal advertimos el legado dejado «a Ermarco y a quienes se ocupen de filosofía con él, y a aquellos que Ermarco deje como sucesores en la dirección de la escuela, para que nos den obras de filosofar», del «Jardín» y de sus dependencias; y de la morada en el Jardín «a los que. sigan mi escuela», para que la mantengan; y a quienes «sucedan a esos como herederos… para que conserven el Jardín puro».
Sus ejecutores testamentarios también habían de entregar, como habitación a Ermarco y a sus discípulos, la casa de Melita. Fue vivamente criticada, en especial por Cicerón, la disposición testamentaria de que, con las rentas de sus bienes, cada mes se celebrasen, el día veinte, en la reunión usual de sus discípulos, las inferies (sacrificios ofrecidos a los Manes) en su memoria y en la de Metrodoro, y lo mismo cada año, en el aniversario de su nacimiento, además de las prescritas en honor de sus padres y hermanos. Altamente elogiables son las disposiciones en favor del hijo de Metrodoro y del de Polieno, «con tal de que vivan con Ermarco y con él se apliquen a los estudios filosóficos» y a favor de la hija de Métrodoro, A Ermarco, «que conmigo envejeció en los estudios filosóficos y a quien dejo como jefe de mis discípulos», reconoce más tarde un «derecho sobre las rentas». También hay disposiciones a favor de Nicanor, «con el fin de que cuantos filosofaron conmigo y subviniendo a mis necesidades con sus bienes y dándonos todas las pruebas de afecto quisieron sumirse con nosotros en los estudios filosóficos, no tengan que sufrir necesidades, mientras nosotros podamos impedirlo».
Todos los libros que están en su poder se dejan a Ermarco. Después de algunas disposiciones concluye liberando a su esclavo-filósofo Mis, así como a Nicias y a Licón y a la esclava Fedrio. Entre las afirmaciones filosóficas contenidas en el Testamento señalemos un concepto de la amistad que aquí trasciende su definición: «La amistad tiene como causa la utilidad»; de la muerte, de la que había escrito: «no es nada para vosotros», muestra sentir que le sobrevive una solidaridad de intereses ideales y espirituales, ni fallidos ni disminuidos.
G. Pioli

