Una de las poesías más celebradas del pensador, político y poeta colombiano Rafael Núñez (1825-1894), y aquella que ha suscitado mayor número de interpretaciones por parte de la crítica.
Por lo que pudiéramos llamar su contenido filosófico fue ocasión para que algunos críticos, Juan Valera, por ejemplo, dijesen que no podía ejercer las funciones del Gobierno, en un pueblo esencialmente católico, quien sostenía la tesis del escepticismo universal. Esos versos se adujeron siempre como argumento contra las ideas religiosas de Núñez. Hoy ha sido superado este tópico, muy propio de la crítica del siglo pasado. El poema de Núñez, en efecto, propone una serie de antinomias entre las cuales permanece indeciso el espíritu del poeta. Es una larga serie de proposiciones contradictorias por medio de las cuales pretende Núñez remover los fundamentos de la verdad y hacer del mundo físico y del mundo moral un verdadero caos, en medio del cual vacilan los sentidos y el entendimiento.
Este poema corresponde a la época en que Núñez no había abrazado todavía las creencias católicas. Las cuestiones que suscita Núñez en su poema se refieren, principalmente, a hipótesis científicas, no confirmadas entonces. Núñez tuvo siempre una particular preocupación por los problemas del ser y de la materia, pero todo ello enfocado con criterio un poco elemental, aunque sincero.
R. Maya

