Carta de carácter historicoliterario que el poeta castellano Iñigo López de Mendoza, marqués de Santillana (1398-1458), escribió como proemio a la copia que de sus poesías envió al príncipe don Pedro, condestable de Portugal. Basándose en un pasaje de las Genealogías de los dioses de los gentiles (v.) (XIV, 7) de Boccaccio, define la poesía como fervor in-terno y divino impulso creador: la «materia» que anhela la perfección o la «forma» que la realiza.
Identificada con el acto creador, la poesía es la representación de una verdad que el poeta vive y conoce en cuanto que la expresa: una verdad moral («cosas útiles») que él coloca fuera de sí, concretada, distinguida y regulada según cierto orden, peso y medida, dentro de un velo o manto de belleza sensible («un fingimiento de cosas útiles, cubiertas o veladas con muy fermosa cobertura, compuestas, distinguidas e escandidas por cierto cuento, peso e medida»). Santi- llana pasa a considerar el origen de la poesía’ como forma de expresión que se desenvuelve en armonía con su propio ritmo secreto, cuya historia traza rápidamente, ateniéndose a los testimonios de San Isidoro y de Dante, de Casiodoro y de Petrarca y Boccaccio.
Distingue el estilo poético sublime, propio de la poesía en griego y latín; mediocre, propio de la lírica en vulgar; ínfimo, propio de las composiciones narrativas («romances e cantares») en los que no se revela perfecto el arte de la consonancia, del orden y de la armonía («sin ningún orden, regla ni cuento»). El centro de irradiación de este arte en lengua romance está para Santillana en Provenza, de donde salió para el septentrión, en la Galia, y para el mediodía, en España. De acuerdo con su gusto particular, antepone los italianos a los franceses por el arte de concretar sus imágenes poéticas; en tanto que antepone los franceses a los italianos por su virtuosismo formal, o sea por su variedad de formas métricas y estróficas.
Por último examina la producción de los poetas de la corona de Aragón, deteniéndose particularmente en la poesía gallegoportuguesa como primera flor de la lírica en territorio castellano, y concluye refiriéndose a la última poesía castellana. El breve tratado, que expresa el pensamiento estético de Santi- llana y que da razón de su propia producción poética, constituye el más antiguo documento de crítica historicoliteraria escrito en lengua castellana.
M. Casella

