[Politiques et moralistes du dix-neuvième siècle]. Obra crítica del francés Émile Faguet (1847-1916), en tres volúmenes (1891-1900).
El autor considera a los pensadores franceses del siglo XIX en su aspecto de moralistas y políticos, por la importancia que la política adquirió en el espíritu de los filósofos franceses después de la Revolución, y por el contacto con los sucesivos acontecimientos históricos. Después de la Revolución, era evidente la necesidad de fundar una política constituyente y, después del Imperio, la de facilitar una nueva base de concordia a la nación. Luego, los conflictos de distinto género que conducen de la Restauración a la Monarquía de Julio, a la República y al Segundo Imperio y, por fin, a la nueva afirmación de los principios de libertad, llevan los espíritus a la formación y consolidación de ideales comunes.
Con la Ilustración y las polémicas del siglo XVIII, desaparece una religión, y con ella, una moral; el nuevo siglo, con su fe en el individualismo, en el progreso, en la ciencia, trata de resolver sus problemas apostando sobre dos factores: la libertad y la democracia. Pero esta última acaba prevaleciendo con la violencia que le es connatural; la lucha social rebasa la sistematización propiamente dicha de los deberes y derechos, el mismo liberalismo entra en conflicto con el socialismo y con las corrientes más revolucionarias. El trabajo de Faguet consiste en escribir pequeñas monografías sobre los principales representantes de las diversas tendencias; estudia a los diversos autores determinados y revive su ambiente, sus propósitos y sus realizaciones.
Considera, en el primer volumen, a los pensadores que, conociendo de cerca la Revolución, tratan de desarrollarla en provecho propio, o bien de perpetuar sus conquistas más viables; así, entre los reaccionarios, son estudiados Joseph de Maistre y De Bonald; entre los liberales, Mme. de Staël y Constant, y entre los doctrinarios, Royer-Collard y Guizot. El segundo volumen trata el problema de los que intentan constituir un «poder espiritual» capaz de determinar el nuevo estado de las conciencias; ante la obra de Saint-Simon y de Fourtier, de Lamennais, de Ballanche, de Quinet, de Cousin y de Compte, el crítico advierte el profundo trabajo moral de su posición. El tercer volumen abarca lo que Faguet considera fracaso general de los pensadores del grupo precedente, por un conflicto de puntos de vista que es muestra de cansancio y escepticismo.
Stendhal y Tocqueville, Proudhon, Sainte-Beuve, Taine y Renan son representativos en grado sumo, como síntomas de una inquietud que, desde el arte del pensamiento, domina el ánimo de los mejores, debido a una divergencia demasiado grande entre el estado de la ciencia y la educación objetiva del pueblo, entre el espejismo de un gobierno prudente y las voluntades desenfrenadas e indistintas de la multitud. El análisis de Faguet es bastante importante, porque señala las relaciones entre las diversas corrientes espirituales del siglo, y aunque descuide figuras como la de Prévost-Paradol y de Laboulaye, para citar sólo las más próximas a nosotros, ve perfectamente el desarrollo de la vida francesa hasta el día siguiente de la derrota de Sédan y la organización de una nueva patria. Ejemplar por su claridad de exposición, se interesa por hombres y corrientes generalmente descuidados por los historiadores, en lo que tienen de perenne para la formación de idealismos comunes a todos los pueblos civilizados.
C. Cordié

