Obra del escritor español Baltasar Gracián (1601- 1658), publicada por vez primera en 1640, que constituye una apología de Fernando el Católico, propuesto como modelo de gobernantes.
El libro está dedicado a un gran aristócrata italiano, Francisco Carafa Castriota y Gonzaga, duque de Nochera, que fue virrey de Aragón y de Navarra, y ha sido objeto de un interesante estudio por parte de Ángel Ferrari, Femando el Católico en Baltasar Gracián (Madrid, 1945). Gracián escribió esta obra movido por el deseo de defender y glorificar la política española, duramente atacada a la sazón por la crítica francesa. Así, contra las afirmaciones del francés Rohan, escribe Gracián: «Fundó Fernando la mayor monarquía hasta hoy en religión, gobierno, valor, estados y riquezas; luego fue el mayor rey hasta hoy».
Esta obra consta de cinco partes, correspondientes a otras tantas fundamentales que distinguió el autor en el ideal corporeizado del político perfecto: cabeza o señalamiento, conformación o brazos con manos y dedos, tronco o disposición y dotes, vientre o fecundidad y sublimación o piernas con pies y dedos. En el cuerpo del libro tales partes distintas aparecen también diferenciadas, aplicando a las mismas ‘el esquema caracterológico quíntuple elaborado por los antropologistas pos renacentistas. La primera parte se refiere a las determinantes de caracterización, figurando en primer lugar la inconfundibilidad, la grandeza, la celebridad, la trascendencia y la gracia. Así desarrolla la tesis de señalar a Fernando el Católico cual único y perfecto fundador de la gran monarquía española.
En la segunda parte Gracián fija las determinantes de nobleza o ascendencia, enseñanza, instrucción, consejo y dicha, recibidas y llegadas a Fernando el Católico de idéntica manera que toda conformación humana recibe y capta la ayuda que le presta la mano izquierda., Las determinantes de energía, movimiento o voluntad física, experiencia, arrojo, mando y humanidad, que el autor estudia a continuación en la personalidad política del monarca aragonés, representan las excelencias logradas y adquiridas por éste gracias a sus propios esfuerzos, como para el hombre en general los frutos y las obras de su mano derecha. En la tercera parte examina Gracián las determinantes de dotes o excelencias políticas de Fernando el Católico, como disposiciones exclusivas y específicas del mismo, para ser por ello el sujeto histórico más completo que pudo lograr la fundación de la monarquía española.
Todo ello lo asemeja al tronco en el cuerpo humano, elevando a esencias de caracterización las más estéticas y plásticas cualificaciones que al cuello, al pecho y a la espalda, anatómicamente perfectos, pudieran atribuirse. En la cuarta parte, resalta Gracián el empeño, el logro, la satisfacción, la fidelidad y el recato de su héroe, para presentar a Fernando el Católico y a su obra, la monarquía española, como creación perfecta, completa y satisfactoria. En la quinta y última, sublima a don Femando, al compararlo con los restantes fundadores de monarquías. Como ha escrito Ángel Ferrari, «la imputación a Fernando el Católico de la estructura primera, técnica y secular del Estado Moderno español, por un proceso vario de síntesis interpretativa, arranca de Gracián, llevado éste, por multitud de caminos, al acervo intelectual europeo.
Por otra parte, la estimación esquemática, ejemplar y exaltativa del monarca español en el biografismo barroco, que constituye el sector político más realista de nuestra literatura sobre la razón de Estado, deriva del mismo autor, con el cual dicha estimación se relaciona, a través de la conservación y sobrevivencia, mejor o peor comprendidas, del esquema tan felizmente utilizado por Gracián».
J. Regla

