Dejando aparte composiciones epicodramáticas de mayor alcance, Doña Frosini (v.), Atanasio Diacos (v.) y Fotino (v.), la poesía del romántico neogriego Aristóteles Valaoritis (1824-1870) está representada sobre todo por la colección juvenil de las Conmemoraciones, (1857) enriquecida por otras poesías líricas y epicolíricas que Valaoritis fue escribiendo posteriormente, junto con las obras mayores.
Es patente en Valaoritis, especialmente en sus primeras tentativas, el influjo de la lírica popular («miroloya» y cantos cléfticos). La presumible influencia de Solomos se manifiesta casi exclusivamente en el himno «El laurel y el ruiseñor», improvisado con ocasión de la muerte del poeta (16 febrero de 1857). Entre las Conmemoraciones recordemos «Oda funeraria», sentida lamentación, bajo la conocida alegoría de la rosa, de la juventud marchitada antes de tiempo; el «Sábado de las ánimas» llora a una hijita, en forma de balada romántica inspirada en la creencia popular de que en la noche del sábado anterior a Pentecostés se les concede a los difuntos salir de sus tumbas. En el breve poema «A la muerte de la pequeña Natalia», la dulzura del otoño moribundo, rico en flores y perfumes, se contrapone a la desolación de ultratumba, donde ha huido la pequeñuela.
«La vid silvestre» a la planta que, desposada con el gigante plátano, pierde su gracia humilde y su perfume, tiene el tono fresco y ligero de la fábula y del madrigal. «La esclava» (una joven griega prisionera en un harén turco) confía a la paloma un mensaje apasionado para sus hermanos y para su novio que está en la guerra. Los cantos cléfticos resuenan, en el tono y en el metro, en otras composiciones. En «Eutimio Vlácava» y en «Samuel», la imitación se amplía y se hace múltiple en el metro, hasta llegar a constituir verdaderos y propios poemitas dramáticos, preludio de las composiciones mayores. Otras composiciones se apartan mucho de la inspiración popular y con sus metros rápidos y breves tienen el tono de la balada romántica.
En la «Fuga» se retrata, con la fuerza de una pesadilla, la afanosa huida, en un desierto árabe, de Alí Pachá, que a cada paso cree tener el enemigo a sus espaldas. El «Atanasio Vaja», traducido al italiano por Tommaseo, es un poemita dramático de caprichoso horror romántico, en que el espectro de un traidor, arrojado de su tumba y perseguido por sus víctimas, huye y turba con su aparición el sueño de la infeliz viuda. Pero donde la poesía de Valaoritis alcanza su mayor fuerza expresiva es en «Astrapoyanni» (o sea, Juan el Rayo), el viejo clefta que, herido de muerte, se hace cortar la cabeza por su hijo adoptivo, para no caer en manos de sus enemigos. El joven Lambeti obedece y lleva consigo dentro de una mochila la amada reliquia, mientras huye, perseguido por cincuenta albaneses durante varios días con sus noches. Sepultada por fin en lugar seguro la cabeza del maestro, corre de nuevo a la batalla, donde, herido a su vez, se arrastra para morir junto a la cabeza sepultada de Astrapoyanes. La poesía logra crear el clima, a la vez inhumano y sobrehumano, en el que viven sus personajes.
B. Lavagnini

