Colección de poesías del poeta dialectal napolitano Ferdinando Russo (1866-1927), publicada póstuma en 1928. Nacida en plena época del Naturalismo (v.), esta obra de Russo semeja una serie de aguafuertes en los que queda retratada la metrópoli borbónica que la piqueta ha demolido para siempre; la ciudad real y miserable en cuyos fondos hormigueantes venían a las manos sanguinarios camorristas y chulos de gestos elocuentes y solemnes. Desde la primera colección: Gano ’e Maganza (1885), esta materia pintoresca está plasmada en virulentos empastes; los sonetos de Sunettiata (1887), y sobre todo «Passione», «Rasulata», «Mariuole ’e notte» son representaciones de la vida, en las que la realidad está recogida en secas vibraciones.
Este realismo exuberante y sobrio al mismo tiempo, se desenvuelve con naturales transiciones en las demás colecciones: Gente ’e malavita (1897), en la que bajo la pátina siniestra y salvaje de la vida de los ladrones, de los camorristas, de los rufianes y de los encubridores, aparecen a veces imprevistas dimensiones de grandeza y de heroísmo; y Piccola borghesia (1902- 1907), en la que se retrata una clase social oprimida por todas las mediocridades, que se aleja de la plebe con cómicas pretensiones de nobleza y opone a la miseria un orgullo ridículo y grandilocuente. Russo llega en esta obra a representaciones que, dentro de la impasibilidad de lo realista, nos muestran a menudo al poeta con su ironía, su piedad y su melancolía.
La cual, aislada en sus motivos, predominará en la otra colección Rusario Sentimentale (1902), en la que, sin embargo, su fuerza de exteriorización, diluida en la confidencia apasionada y en la elegía amorosa, permanece sin objeto y raramente alcanza una verdadera elevación lírica. Las dos inspiraciones, la realista y la sentimental, se soldarán en el poemita ’Nparaviso (1891), en el que la vida celeste está vista con la ligera comicidad de una fantasía popular, que reduce la divinidad y la muerte a dimensiones familiares. Ninguna ansia religiosa y ninguna intención satírica guían al poeta en su viaje ultraterreno. El paraíso está descrito con la misma alegría festiva de ver y de representar, con la misma plasticidad que todo lo redondea y lo vivifica; encuentros con mujeres amadas, escalofríos de nostalgia, perspectivas de modistas y de pueblerinos; San Pedro aparece representado como un portero gruñón y malicioso, San Crispin remienda zapatos y San Antonio Abad va por todas partes con su cerdito.
Es la «pequeña burguesía» trasladada al cielo. En ’O cantastorie (1895) todos los elementos de la poesía de Russo alcanzan forma definitiva. Su predilección por los contrastes violentos, la nostalgia por la vida heroica y salvaje, su ironía hacia los fáciles entusiasmos se concretan en una imagen en la que todo se funde, tanto el lenguaje como la representación. El Cantastorie narra la epopeya caballeresca de Carlomagno (v.), de Reinaldo (v.) y de Orlando (v.); los auditores se conmueven y exaltan por las proezas de los héroes y de las mujeres bellas y guerreras; se hacen partidarios de uno o de otro caballero, y con sus peleas constituyen la contrapartida de las empresas de sus héroes y de los prodigios de sus lanzas.
Hay una completa correspondencia entre el mundo de los caballeros y el de los cargadores y estibadores que escuchan, y el heroísmo se reduce a las formas ordinarias y grotescas propias del sentir del pueblo; comer buñuelos calientes, beber botellas de vino, hender montañas como si fueran manteca, etc. Por su fuerza dé representación y la exuberancia expresiva, que se exalta en claroscuros dignos de Caravaggio, O cantastorie queda como la obra maestra de Russo y una de las más curiosas creaciones del naturalismo italiano.
C. Capasso
En el fondo de su ardiente realismo hay una vena secreta de nostálgica aspiración romántica. (Tilgher)

