La obra poética de José Joaquín de Olmedo (1780-1847) es, en realidad, escasa: apenas ochenta y tres poesías, y en ellas, la parte lírica, realizada bajo la influencia de Meléndez Valdés, tiene poca importancia.
No así la parte épica, que colocó al poeta ecuatoriano, junto con Andrés Bello y Heredia, a la cabeza de los poetas hispanoamericanos de su siglo. Esa parte épica está constituida por dos odas famosas. La primera, titulada La victoria de Junín (Canto a Bolívar), publicada en París en 1826, es de una extensión desusada (pasa de los novecientos versos) y está considerada como su obra maestra.
Sus primeros versos son una feliz metáfora onomatopéyica del trueno, descendiente del «coelo tonantem» horaciano, y desde ellos, en feliz descenso armónico, se llega al elogio de Bolívar. Pedro Henríquez Ureña señala como las principales cualidades de La victoria de Junín «el sentido de la estructura y el desarrollo, con frecuencia llamado pindárico, el don de la metáfora y de la descripción y la redonda plenitud del verso». La segunda oda épica, Al general Flores, vencedor en Miñarica, fue escrita mucho después por Olmedo, para celebrar un triunfo militar en una de las muchas guerras civiles que padeció el Ecuador a comienzos de su vida independiente.
A. Carrión

