Breve poema romántico en tres cantos y en octavas, de Bartolomeo Sestini (1792-1822), publicado en 1822. La narración consiste en una libre interpretación, sobre las pocas noticias de los antiguos comentadores, de la historia del conocido personaje dantesco Pia (v.).
Después de una sombría descripción de la Maremma toscana, que sirve de introducción (y que fue muy celebrada por su vivo colorido), se cuenta brevemente que Pia, casi inmediatamente después de su matrimonio, pierde de repente el cariño de su marido Nello, que la lleva a uno de sus castillos en Maremma, abandonándola allí sin una sola palabra, como si fuese culpable de algún misterioso crimen. La desgraciada mujer llora su triste destino y lentamente va extinguiéndose en aquellos insalubres lugares. Llegada al umbral de la muerte, confía su dolor, con un último saludo a su marido, a un ermitaño, quien más tarde encuentra casualmente a Nello, que va vagando desesperado por los bosques.
El fraile trata de calmarle, y el mismo Nello le cuenta que uno de sus más fieles amigos, Ghino, le había denunciado la infidelidad de su esposa, dándole una clara prueba, pues le hizo presenciar cómo ésta acogía por la noche furtivamente a su amante. De repente estalla un furioso temporal y se oye el aullido de un lobo. Nello, al salir de la choza encuentra- a Ghino, moribundo de una herida de la fiera, que ahora confiesa que siempre amó a Pia y que la calumnió por celos, mientras que el hombre que ella había recibido en su habitación no era sino uno de sus hermanos, que volvía secretamente del destierro. El marido corre en compañía del fraile hacia el castillo, pero demasiado tarde: llega cuando llevan a Pia a la sepultura.
Pia es el típico ejemplo de aquel relato en verso, romántico, dramático y llorón, del que Tommaso Gróssi en aquellos tiempos dio un célebre ensayo con la Ildegonda (v.). Gustó mucho a sus contemporáneos, quienes observaron la analogía del caso de Pía con el de la Desdé- mona (v.) del Otelo shakespeariano. A pesar del simplismo psicológico y cierta manera exasperada y sombría, el poema se lee aún hoy con gusto, por la facilidad descriptiva de sus versos y lo agradable del estilo, quebrado de vez en cuando por alguna que otra poco feliz reminiscencia clásica.
M. Zini

