En el cancionero del poeta sueco Cari Michael Bellman (1740-1795), Epístolas de Fredman (v.), es el personaje de mayor relieve entre todos los a él parecidos que en aquella obra representan la ligera gracia rococó y el sensualismo dieciochesco de la Estocolmo plebeya.
Relojero desocupado, Fredman es el héroe de las tabernas de la capital, un Dionisos judío y andrajoso del siglo XVIII que une a su sentido orgiástico de la vida y a su inagotable optimismo un deseo sensual de aniquilación y un tenebroso presagio de muerte. Vacilante entre Baco y Venus pero amargamente consciente de perderse y naufragar en los remolinos de la voluptuosidad, Fredman se entrega por entero al afán de goce, que canta con vehemente y alegre alborozo: «¡Soy un pagano! El corazón, la boca y todo mi ser / Adoran al dios del vino. / Pobre y borracho / En esta garganta / Se oculta mi riqueza».
A través de las decoraciones de ambiente clásico se vislumbra a veces en este «alter ego» de Bellman un bárbaro primitivismo y un empuje completamente nórdicos.
M. Gabrieli

