Escritor y sacerdote peruano nació en Calcauso (Aymaraes) en 1629 y murió en 1682. Estudió en el Colegio de San Antonio (Cusco), se ordenó de sacerdote y llegó a arcediano de la catedral de dicha ciudad.
Es uno de los más singulares representantes del culteranismo y del conceptismo en Hispanoamérica. Cultivó desde muy niño la música, la poesía y el teatro; su auto El rapto de Proserpina no se representó hasta 1677. Su dominio de la lengua quechua (Auto sacramental del Hijo Pródigo) ha sido la causa de que algunos le hayan atribuido, sin fundamento, el drama quechua Ollantay (v.).
Sus sermones despertaban la atención de los inteligentes, que acudían a escucharlos, y están reunidos en el libro titulado La novena maravilla (1695), publicado póstumo; en ellos campea un elegante conceptismo. Descuella entre ellos el Panegírico de Santo Tomás, pronunciado en 1648, exposición apasionada de su tomismo incondicional.
Pero lo más interesante de su obra literaria es su Apologético en favor de don Luis de Góngora, frente a las censuras del ilustre escritor portugués Manuel Faria e Souza (1662), obra que mereció de Menéndez Pelayo la consideración de «perla caída en el muladar de la poesía culterana»; este juicio de un hombre tan ilustre y tan apasionado en su hostilidad al culteranismo basta para resaltar el mérito de Espinosa, llamado por sus coetáneos «El Lunarejo» a causa de los grandes lunares que en la cara tenía.
J. Sapiña

