Jorge Luis Borges

Escritor argentino n. en Buenos Aires en 1899. La admirativa sorpresa que despierta la brillantez y la fantasía del gran novelista español Ramón María del Valle Inclán, puede parangonarse con la que se experimenta ante la obra de este narrador y poeta argentino, quien pone, además, una honda inquietud filosófica en sus ensayos y una obsesión de renovación y aventura en su poesía.

Estudió primero en su país, después en Suiza, y completó su formación en España. Vuelto a su país en 1921, se convirtió en un empleado munici­pal dé Buenos Aires, sin que por ‘ ello su mente y su pluma dejaran de brillar, hasta que el peronismo le colmó de humillacio­nes y le obligó a abandonar su puesto; años difíciles’ que obligaron al artista a prodigar su actividad en clases, conferencias, traduc­ciones y trabajos editoriales diversos.

Caído el peronismo, Borges dirigió la Biblioteca Nacio­nal y la revista Biblioteca, y explicó Lite­ratura inglesa en la Universidad de Bue­nos Aires. Fue uno de los caudillos del ul­traísmo, primero en Madrid y luego en Bue­nos Aires: las revistas Gracia, Prismas, Proa, Nosotros y Martín Fierro contienen buena parte de su producción poética; pero su talento, su vigor lírico y su inquietud filo­sófica desbordaron pronto los estrechos cau­ces de una «parcialidad literaria» y lo lle­varon a una poesía más singular, más hon­da y más universal.

Las composiciones de Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de en­frente (1925) y Cuaderno San Martín (1929) están revisadas y recogidas con otras en el volumen Poemas de sus Obras Completas. Sin embargo, nuestro poeta no se encuentra a gusto en el campo de la poesía y salta al ensayo y al cuento.

Su prosa es ágil, bri­llante, creadora, acorde con lo deslumbran­te de su fantasía. Algunos consideran la Historia de la eternidad (1936) como su obra maestra en el ensayo; sin embargo, no son de menos interés El tamaño de mi es­peranza (1926) y Nueva refutación del tiem­po (1947); otros ensayos suyos son; Inqui­siciones (1925), El idioma de los argentinos (1928), Evaristo Carriego (1930), Discusión (1932), Las Kenningar (1933), Otras Inqui­siciones (1952) y Nuevas Inquisiciones (1960).

No se extraña en él la repetición o el des­arrollo ulterior de los mismos temas en di­versos libros. La grave afección que sufrió en la vista de su edad madura le obligó a dictar; sin decaimientos, ha seguido su pro­ducción adelante.

Y quizás lo más suges­tivo de su personalidad lo encontremos en sus narraciones, fantasías y realidades de una originalidad indiscutible que se agru­pan con los títulos: Historia universal de la infancia (1935), El jardín de los sende­ros que se bifurcan (1941), Ficciones (1944), El Aleph (1949), La muerte y la brújula (1951) y Cuentos breves y extraordinarios (1956).

Se le ha otorgado el Prix international des éditeurs en 1961 por su obra narrativa, y especialmente por Ficciones. También se le deben obras de erudición y crítica: índice de la nueva poesía ameri­cana (1926), con prólogo suyo, de Alberto Hidalgo y Vicente Huidobro; Antología clá­sica de la literatura argentina (1937), en colaboración con Pedro Henríquez Ureña; El compadrito: su destino, sus barrios, su música (1945), antología en colaboración con Silvina Bullrich Palenque; Aspectos de la literatura gauchesca (1950); Antiguas lite­raturas germánicas (1951), en colaboración con Delia Ingenieros; El «Martín Fierro» (1953), en colaboración con Margarita Gue­rrero, y Leopoldo Lugones (1955).

Borges poeta, ensayista y autor de cuentos, es una de las figuras más logradas y brillantes de las le­tras hispanoamericanas.

J. Sapiña