Manoel Bernardes

Nació el 20 de agos­to de 1644 en Lisboa, donde m. el 17 del mismo mes de 1710, en el convento de la Esperanza. A los nueve años ingresó en el colegio jesuita de Santo Antáo.

Graduóse en filosofía y derecho canónico en la Uni­versidad de Coimbra, y luego abrazó el sacerdocio, en cuyo ejercicio alcanzó tanta fama que el obispo de Viseu, don Juan de Meló, escogióle por confesor propio.

Perte­necía ya a la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri cuando fue ordenado, el 14 de julio de 1674, en el convento del Espí­ritu Santo de Lisboa, donde vivió durante treinta y seis años entregado a la oración y a la redacción de sus obras.

Dos años antes de morir manifestó síntomas de des­equilibrio mental; ello hizo necesario reti­rarle el permiso para la celebración de la misa, decisión que provocó en Bernardes un gran dolor. Dejó varios textos morales de estilo extremadamente elegante y rico, pero ca­rente, en cambio, de la vivacidad que dis­tingue, por ejemplo, las obras del padre Vieira, fruto de una experiencia del mun­do y de los hombres que Bernardes desconoció en absoluto.

A pesar de ello, es un buen pro­sista y uno de los representantes más ilus­tres de la mística oratoriana. Entre sus prin­cipales obras cabe citar Exercícios espirituaes e meditagoes da via purgativa, sobre a malicia do pecador (1686), Luz e calor, obra espiritual (1696), Nova floresta (1706- 28, en cinco vols.), el texto más notable y variado de los suyos, y, finalmente, Os últi­mos fins do homem, que apareció con carác­ter póstumo en 1728.

L. Stegagno Picchio