Poeta catalán. N. en Barcelona en 1798, m. en la misma ciudad en 1862. Inclinado a las cuestiones económicas y financieras, fue secretario de la Diputación de Lérida, y luego ocupó igual cargo en la Junta de Comercio del Principado.
Pasó luego al servicio del banquero catalán, establecido en Madrid, Gaspar Remisa, junto al cual trabajó hasta 1841. En la capital de España desempeñó los cargos de consejero de Agricultura y de secretario de la Intendencia General de la Real Casa y Patrimonio.
Hombre de letras y editor, en 1857 emprendió con Manuel Rivadeneyra la publicación de la «Biblioteca de Autores Españoles desde la formación del lenguaje hasta nuestros días», para la que compuso estudios sobre Cervantes, Moratín y la novela castellana de los siglos XVI y XVII.
Fue también periodista y en su juventud fundó en Barcelona la revista El Europeo, junto con López Soler, Cook, Monteggia y Galli, por lo que puede considerarse como uno de los iniciadores del movimiento romántico en Cataluña. Colaboró también en El Constitucional, El Español y La España; en 1861 fundó la revista La Verdad económica, desde la que sostuvo vivas polémicas con los partidarios de la escuela librecambista.
Hombre de sólida formación filosófica y humanística, fue miembro de la barcelonesa «Sociedad filosófica»; poeta y prosista en castellano, defensor del progreso, mereció el elogio de Quintana. Sus artículos, publicados en las revistas románticas de su tiempo, fueron luego reunidos con el título de Ensayos literarios.
Sus maestros son Walter Scott, Byron, Chateaubriand, Manzoni, Schiller, y de este último toma el concepto de «estética», término que Aribau introduce en España. Pero por encima de sus varias actividades, el nombre de Aribau es recordado y celebrado como la primera voz que determinó el despertar de la lengua y las letras catalanas, nunca olvidadas del todo, pero sí minimizadas y arrinconadas por el dilatado predominio político y cultural de Castilla en la vida catalana.
En 1833 el banquero Gaspar Remisa celebra en su casa de Madrid su fiesta onomástica. Entre las. felicitaciones y panegíricos que recibe de sus amigos y subalternos figura una oda A Gaspar Remisa, escrita en catalán y firmada por Aribau La composición era un canto de añoranza de la tierra natal y un apasionado elogio de la lengua materna, tan menospreciada. Apenas los dos últimos versos delatan su carácter circunstancial.
Los editores de El Vapor descubrieron la trascendencia de la poesía y la dieron a conocer a los catalanes con orgullo y esperanza. Esta composición, cuya importancia ignoró el propio autor, y que pronto fue conocida por Oda a la Patria (v.), está escrita en un catalán correctísimo, de una calidad desconocida desde hacía siglos, y su idea aparece desarrollada en una forma de noble mesura y armonía.
No hay tan sólo añoranza en la oda; hay además un vivo deseo de reivindicación y renacimiento. La Oda a la Patria tuvo extraordinaria resonancia en los medios culturales catalanes de la época; seis años más tarde, Joaquim Rubio i Ors, el «Gaiter del Llobregat», iniciaría en el Diario de Barcelona la publicación de una serie de poesías catalanas que pretenden restaurar la lira de los antiguos trovadores, y veinte años después (1859) serían solemnemente restaurados los Juegos Florales. La «Renaixenga» estaba en marcha.

